viernes, 25 de marzo de 2016

Ecosistemas Digitales Criminales. La nueva frontera de los investigadores forenses informáticos

Introducción
Al ver las tendencias tecnológicas que aceleran los cambios y establecen nuevos referentes de comportamiento de las personas, se puede advertir que estamos entrando una dinámica de transformaciones sociales que aumentan los flujos de información, abren nuevas oportunidades para concretar negocios antes inexistentes y sobre manera plantean plataformas digitales donde se posibilitan conexiones entre grupos de interés que definen una nueva “ecología digital” esto es, la gestión de lo digital de forma creativa y disruptiva, para crear nuevas relaciones y experiencias en un ecosistema digital.

Un ecosistema de acuerdo con Capra (2003, p.294) es una red flexible en fluctuación permanente, cuya flexibilidad es una consecuencia de múltiples bucles de retroalimentación que mantienen al sistema en un estado de equilibrio dinámico y donde ninguna variable es maximizada, sino que fluctúan alrededor de sus valores óptimos; esta definición en el escenario digital, implica la creación de una cultura que se crea y se sostiene a través de un tejido de comunicaciones y relaciones que modifican la percepción de la realidad, cuya estabilidad y resistencia está basada la diversidad de iniciativas e ideas que generan sus participantes.

En este sentido, explicar la rápida expansión e innovación de la delincuencia informática, demanda conectar las prácticas de los “chicos malos” alrededor de los fundamentos de los ecosistemas digitales, de tal forma que los patrones de análisis basados en causa-efecto, comienzan a ceder terreno frente a los modelos dinámicos y circulares, que demandan entender la capacidad de adaptación y anticipación que han desarrollado, para así motivar nuevos referentes de entendimiento de sus propuestas y los nuevos vectores de actividades delictivas que se observen o propongan en el mediano y largo plazo.

Los delincuentes informáticos son parte de una evolución natural del crimen tradicional, de una transformación de la vista digital del mundo, donde las relaciones y posibilidades son parte de una mente colectiva que se construye sobre formas diferentes e inexistentes a la fecha, en palabras de Castells (mencionado por Capra, 2003, p.196), se fundamentan en una organización flexible en red, bien enraizada en la tradición y la identidad dentro de un marco institucional favorable, con una actuación local bien definida y un pensamiento global basado en alianzas estratégicas, generalmente con plataformas digitales de uso masivo y en lo posible gratuitas.

Así las cosas, este documento busca comprender los retos de los ecosistemas digitales criminales, como la nueva frontera de la investigación criminal, con el fin desconectar los conceptos hasta ahora vigentes para entender la delincuencia informática, incorporar la dinámica de las relaciones que se advierten en la conformación de comunidades ilegales y abiertamente contrarias a las leyes, que encuentran en un mundo digitalmente modificado nuevas oportunidades para alcanzar sus objetivos, comprometer la propiedad privada, dejar el menor número de rastros y pistas, y así reconectar la realidad del delincuente en un mundo digital desde la inevitabilidad de la falla como fundamento de sus actuaciones.

Ecosistema digital criminal. Repensando el modus operandi en un mundo digitalmente modificado
Para repensar la forma como la criminalidad ha evolucionado en un contexto digital como el actual, debemos superar la vista análoga del mundo, esto es la vista de los productos y servicios conocidos, basados en infraestructuras física y capitales económicos tradicionales, por una donde las conexiones se basan en infraestructuras lógicas, plataformas digitales (libres o gratuitas) y consumidores modernos, aquellos que han adoptado la tecnología como una oportunidad para transformar su contexto y hacer cosas distintas o mejorando las existentes de forma novedosa (McQuivey, 2013).

Lo anterior supone estresar los modelos lineales que explican la forma como se concreta un delito, donde existe un delincuente, una persona u objeto valioso, unas acciones concretas que afectan la persona u objeto y una consecuencia de la acción contraria a la ley, por una mentalidad circular y digitalmente modificada, donde existen comunidades socialmente conectadas, que motivadas por temas políticos, económicos o sociales, actúan sobre objetivos individuales o nacionales, para concretar acciones transversales contrarias a los ordenamientos jurídicos que afectan personas o naciones, aprovechando los vacíos normativos existentes.

Este contexto reta no solamente las prácticas de investigación criminal vigentes, sino el entrenamiento de las instituciones de policía judicial, pues ahora es necesario comprender la dinámica que supone un Ecosistema Digital Criminal - EcoDC, como ese conjunto de relaciones entre participantes locales y globales, que crean una red flexible de capacidades criminales para concretar nuevas posibilidades de acción ágiles, livianas, sencillas y efectivas, que alteren y confundan la realidad de los afectados y así, se alcancen los objetivos planeados con el máximo de anonimato y el mínimo de evidencia disponible.

Una vista concreta de este EcoDC, se puede leer desde los cinco dominios de la transformación digital de Rogers (2016): los clientes, la competencia, los datos, la innovación y el valor. Esto es, aprovechar las redes de clientes asistidas por las redes sociales digitales, construir plataformas digitales para potenciar las capacidades entre los competidores, convertir los datos en activos, que revelen patrones y oportunidades para crear realidades emergentes, crear prototipos experimentales de bajo costo que validen ideas y apalanquen el aprendizaje sobre aspectos inciertos de la realidad y finalmente reimaginar el presente, anticipando nuevas oportunidades y riesgos leídos en términos de los rápidos cambios de los clientes, sus necesidades y gustos.

La delincuencia informática leída en esta dinámica digital se concreta en redes sociales de comunidades criminales que han desarrollado habilidades colaboración y estatus basada en sus acciones delictivas, las cuales cuentan con plataformas digitales basadas en herramientas, generalmente abiertas o gratuitas, que se aprovechan de debilidades de los sistemas informáticos, que confunden a sus víctimas y demoran a las autoridades, las cuales recaban información de sus objetivos comprometidos para crear perfiles y patrones que puedan anticipar y analizar, con los cuales pueden experimentar para crear nuevos vectores de ataque, con ligeros cambios en las prácticas actuales que aumenten la efectividad de sus acciones, aseguren bajos niveles de detección, así como inhabilitación, desactivación o destrucción de cualquier rastro disponible.

Lo anterior plantea un reto estratégico para las autoridades de justicia, pues la promesa de valor criminal, cuenta con una variedad y complejidad superior a la que un investigador tradicional puede manejar, lo que necesariamente obliga a concretar una vista que procure una destrucción creativa de los paradigmas actuales. Un proceso de deconstrucción de prácticas de investigación criminal estáticas, hacia una aproximación dinámica donde los miembros de la comunidad tienen acceso abierto a toda la información, en lugar de restringir su flujo basado en la “necesidad de conocer” (Nolan y Croson, 1995, p.91) y donde las plataformas digitales abiertas ofrecen posibilidades para desarrollar conocimiento superior sobre tendencias y patrones de los delincuentes.

La estrategia digital criminal. La inestabilidad y la incertidumbre como promesa de valor
La estrategia de los delincuentes en internet no ha variado. La industria del engaño y el exceso de confianza en los mecanismos de seguridad y control, confirman de forma permanente la esencia de los movimientos de aquellos que actúan en contra del ordenamiento jurídico, afectando los derechos, libertades y garantías de las personas. En este sentido, la estrategia digital criminal establece una frontera confusa para las autoridades, como quiera que crean ventanas de oportunidad o de amenaza que revelan aspectos desconocidos de sus actuaciones, ahora en un ecosistema digital criminal.

Considerando la definición de un ecosistema digital criminal, previamente comentada, es claro que se requiere desarrollar una red flexible de capacidades, creando confusión en los afectados, con el máximo de anonimato y el mínimo de rastros. En este entendido, las comunidades de delincuentes en redes sociales o bajo escenarios como la “web profunda”, comparten ideas, tendencias, desarrollos y propuestas para aumentar la efectividad de sus acciones, actividades que crean tejidos de conocimiento que anticipan acciones delictivas no conocidas e inciertas para la sociedad.

Este ejercicio de compartir, por lo general recibe la crítica y el debate de los participantes, con el fin de concretar y mejorar la perspectiva de la acción propuesta con el fin de aumentar la contundencia de la misma, en términos de crear el desconcierto y desorientación, como fundamento de su actuación y disminuir la generación de evidencia verificable que pueda motivar una investigación y reconstruir la forma como el plan de la delincuencia se ha formulado y cuáles han sido sus motivaciones.

Mientras las autoridades basan sus investigaciones y acciones sobre la certeza de los ataques o acciones delictivas, para concretar sus dictámenes, los delincuentes asumen y se recrean en lo incierto como fundamento para repensar sus propias actuaciones desde diferentes puntos de vista. Lo anterior, implica que, en un entorno digitalmente modificado (Porter y Heppelmann, 2015), los maleantes informáticos saben que la promesa de valor de sus acciones está fundada en la creación de inestabilidad e incertidumbre que confunda, engañe, destruya, altere, degrade o niegue el acceso a los recursos, servicios, productos y operaciones que una organización o persona tiene.

Así las cosas, no es la acción delictiva en sí misma la fuente de la comprensión de los móviles en los delitos de alta tecnología, sino las capacidades de experimentación y tolerancia a la falla disponibles en las comunidades criminales, lo que permite celebrar como la inevitabilidad de la falla concreta momentos inesperados que abren posibilidades para adelantar actividades, basadas en las capacidades de otros participantes y potenciando los nuevos aprendizajes que retan el estado del arte de la práctica de seguridad y control.

En pocas palabras, la estrategia digital criminal se configura como una capacidad resiliente que se adapta antes que las nuevas tendencias le indiquen que lo hagan (Aurik, Fabel y Jonk, 2015). Es un ejercicio donde se crean nuevas propuestas que cambian el status quo de la práctica de seguridad y control, aumentando la oferta de opciones contrarias a la ley, a través de un ecosistema digital criminal como plataforma de despliegue, para generar nuevos potenciales elementos de valor (nuevas tecnologías, tendencias socioculturales, necesidades no satisfechas) (Rogers, 2016, p.181) que aumenten la ambigüedad y la incertidumbre como fuente de nuevas técnicas ofensivas complejas, de bajo costo, altamente confiables y basadas en el anonimato.

La preparación forense digital. Reinventando las prácticas de investigación criminal
Ante esta realidad volátil, incierta, compleja y ambigua (Johansen, 2009) que plantea el nuevo EcoDC, se hace necesario desconectar los fundamentos de la práctica forense digital conocidos hasta el momento, para lograr, como anota García (2014, p.9) un equilibro entre creación de potencial y explotación de potencial, y de esta manera superar la inercia y tranquilidad que generan la confianza en las prácticas y procedimientos se usan de forma cotidiana para enfrentar la criminalidad informática.

Mientras el proceso de la práctica forense digital, sigue un paso a paso lineal, que debe ser asegurado en cada uno de sus momentos para mantener la integridad de la evidencia y su adecuado tratamiento, la preparación forense digital responde a una lógica circular y dinámica que busca asegurar al menos cinco objetivos fundamentales: (Adaptado de: Sachowski, 2016, p.21)
  • Maximizar el uso potencial de la evidencia digital
  • Minimizar el costo de las investigaciones forenses digitales
  • Minimizar la interrupción e interferencia de los procesos de negocio
  • Preservar y mejorar la postura de seguridad de la información
  • Maximizar la inteligencia de fuentes abiertas de nuevos vectores y prácticas criminales informáticas

En este sentido, la preparación forense digital es la capacidad que tiene una organización o individuo para maximizar de manera proactiva el uso prospectivo de la información electrónicamente almacenada y los resultados de la inteligencia de fuentes abiertas, para reducir el costo de las investigaciones forenses digitales y fortalecer su postura vigilante frente a la inestabilidad e incertidumbre que genera la inevitabilidad de la falla (Adaptado de: Sachowski, 2016, p. 45).

Lo anterior supone la convergencia de las prácticas forenses digitales y las de seguridad de la información, una combinación y desarrollo de capacidades que buscando la minimizar la interrupción de las funciones del negocio y aumentando su resistencia a los ataques, mantenga la relevancia, pertinencia y admisibilidad de la evidencia digital. Esta nueva realidad, establece no solo una estrategia forense y de seguridad conjunta, sino acciones proactivas y de prevención que crean una plataforma de defensa que disuada a los potenciales atacantes, aumente su tolerancia a las fallas y anticipe escenarios de investigación criminal no conocidos.

Esta convergencia habilita una vista dinámica y sistémica de la investigación criminal digital que cambia las reglas de los análisis forenses digitales creando nuevos normales que conectan la realidad de los ecosistemas digitales criminales. Esto significa, trabajar de forma conjunta con los profesionales de seguridad y control en las organizaciones para: (Adaptado de: Sachowski, 2016, p. 51)
  • Definir escenarios de riesgos conocidos, latentes, focales y emergentes (Cano, 2014) que requieren contar con evidencia digital
  • Identificar las fuentes de datos disponibles y los diferentes tipos de evidencia digital
  • Determinar los requerimientos para recopilar la evidencia digital
  • Establecer las capacidades de recolección de evidencia digital que soporte las reglas de la evidencia
  • Desarrollar un marco de gestión de la evidencia digital sobre ecosistemas digitales
  • Diseñar controles de monitoreo activo para detectar patrones y eventos no convencionales que afecten las operaciones, servicios y/o productos de la organización
  • Especificar criterios de escalamiento de incidentes para adelantar investigaciones forense digitales
  • Adelantar entrenamientos para educar y formar sobre las nuevas amenazas y vectores de ataque identificados a los diferentes roles en la organización
  • Documentar y presentar los hallazgos y conclusiones de las investigaciones basados en evidencia digital formalmente tratada
  • Asegurar una adecuada revisión legal que facilite acciones de respuesta concreta a los eventos o incidentes detectados

Como quiera que tanto la práctica de seguridad de la información como la de investigaciones forenses digitales tienen sus propios referentes teóricos y tradición científica, la evolución de la criminalidad informática sobre EcoDC, motiva una transformación de ambos dominios para crear un modelo de práctica convergente que identifique los nuevos retadores de sus estándares, revele las nuevas personas o industrias afectadas por las inéditas capacidades criminales y persiga y confronte los clientes emergentes a los cuales los nuevos retadores sirven (Rogers, 2016, p.220).

Reflexiones finales
Los ecosistemas digitales, como nueva referencia básica de las organizaciones, en un mundo digitalmente modificado, plantean retos permanentes que motivan transformaciones empresariales que crean inestabilidades en los mercados cambiando las reglas sobre las cuales se hacen y crean relaciones de negocio (Weinman, 2015); un reto para los ejecutivos de las juntas directivas que definen y asumen niveles aceptables de riesgo en una realidad dinámica e incierta (Ormazabal, 2016).

De esta misma forma, la delincuencia ha asumido esta nueva realidad para crear ecosistemas digitales criminales donde transforman productos en plataformas de acción, que habilitan la introducción de capacidades distintivas para comunidades socialmente conectadas de delincuentes, con el fin de acelerar y extender las oportunidades para concretar sus actos contrarios a la ley.

En este sentido, las intervenciones de la criminalidad se hacen socialmente más fuertes, dado los impactos de sus actividades para crear miedo, incertidumbre y dudas, que crean efectos masivos en los ciudadanos, los cuales ven como los “chicos malos” establecen referentes de actuación de acción local y con soporte global, donde las autoridades se declaran sorprendidas y particularmente superadas con las capacidades novedosas que los ataques y engaños exhiben.

Sin perjuicio de lo anterior, la respuesta de la institucionalidad de la sociedad viene ganando terreno para aumentar y desarrollar mayores capacidades para anticipar la dinámica de las redes criminales y las posibilidades que plantean las plataformas digitales habilitadas desde los EcoDC. En este entendido, la investigación criminal digital establece una vista convergente de las prácticas de seguridad y control con las forenses digitales, para aunar esfuerzos que permitan observar de manera cercana los patrones emergentes de acciones criminales no conocidos y pensar por fuera de lo establecido en el status quo, y así reconfigurar los procedimientos y estándares desde una epistemología sistémica y compleja.

Si entendemos que cualquier cosa puede ser digitalmente modificada, es decir que esencialmente puede tener un procesador que genere datos sobre el comportamiento del objeto modificado (Raskino y Waller, 2015), estamos ante un cambio de perspectiva del mundo análogo y de fronteras difusas, donde la información se convierte en un activo estratégico valioso para crear nuevas fronteras en los negocios y propuestas de valor que anticipen o motiven tendencias inexistentes en la sociedad.

Habida cuenta de loa anterior, estamos entrando en una acelerada transición hacia ecosistemas digitales que crean características, funciones y desempeños inéditos que habilitan capacidades para cambiar la realidad actual y crear las tendencias del futuro. En un mundo de productos, servicios y operaciones digitales activos y conectados, la delincuencia informática encuentra un escenario natural para repensar sus actuaciones, aprovechando al máximo la inexperiencia, el desconocimiento y la novedad de la sociedad frente a esta realidad emergente.

Por tanto, tendencias tecnológicas como la computación en la nube, el internet de las cosas, la computación móvil, los grandes datos y la analítica, las redes sociales, las criptomonedas, los drones, el almacenamiento 5D, entre otras, establecen referentes para observar, conocer y aprovechar, de tal modo que la investigación criminal digital no se concentre en encontrar la solución correcta frente a los casos que enfrenta, sino que explore y resuelva el problema correcto, esto es, asuma los ecosistemas digitales criminales como una ventana de aprendizaje y desaprendizaje que quiebre sus verdades vigentes y posibilite la convergencia con otras disciplinas.

Referencias
Aurik, J., Fabel, M. y Jonk, G. (2015) The future of strategy. A transformative approach to strategy for a World that won´t stand still. A. T. Kearney, Inc. New York, USA: McGraw Hill Education.
Cano, J. (2014) La ventana de AREM. Una herramienta estratégica y táctica para visualizar la incertidumbre. Actas de la XIII Reunión Española de Criptología y Seguridad de la Información. Alicante, España. Septiembre 2 al 5. Recuperado de: http://web.ua.es/es/recsi2014/documentos/papers/la-ventana-de-arem-una-herramienta-estrategica-y-tactica-para-visualizar-la-incertidumbre.pdf
Capra, F. (2003) Las conexiones ocultas. Implicaciones sociales, medio ambientales, económicas y biológicas de una nueva visión del mundo. Barcelona, España: Editorial Anagrama.
García, E. (2014) Supera las crisis reinventándote. Una guía hacia la excelencia empresarial y personal. Barcelona, España: Libros de Cabecera S.L.
Johansen, B. (2009) Leaders Make the Future: Ten New Leadership Skills for an Uncertain World. San Francisco, USA:Berrett-Koehler Publishers.
McQuivey, J. (2013) Digital disruption. Unleashing the next wave of innovation. Forrester Research. Las Vegas, Nevada. USA: Amazon Publishing.
Nolan, R. y Croson, D. (1995) Creative destruction. A six-stage process for transforming the organization. Boston, Massachussets. USA: Harvard Business School Press.
Ormazabal, G. (2016) Lo que todo consejero debería saber. IESE Insight. Primer trimestre. 23-28.
Porter, M. y Heppelmann, J. (2015) How Smart, connected products are transforming companies. Harvard Business Review. Octubre.
Raskino, M. y Waller, G. (2015) Digital to the core. Remastering leadership for your industry, your Enterprise and yourself. Gartner, Inc. Brookline, MA. USA: Bibliomotion, Inc.
Rogers, D. (2016) The digital transformationn playbook. Rethink your business for the digital age. New York, USA: Columbia University Press.
Sachowski, J. (2016) Implementing digital forensic readiness. From reactive to proactive process. Cambridge, Massachussets. USA: Syngress-Elsevier.
Weinman, J. (2015) Digital disciplines. Attaining market leadership via the cloud, Big data, Social, Mobile and the internet of things. Hoboken, New Jersey. USA: John Wiley & Son.

domingo, 28 de febrero de 2016

Digital, Disruptivo y Resiliente: Tres conceptos que marcan el futuro de la inseguridad de la información

Introducción
Estamos ad portas de una nueva revolución industrial, de una nueva era de transformación del mundo, donde se pasa de una necesidad de eficiencia, agilidad y costo-efectividad, a otra donde lo digital, lo disruptivo y lo resiliente cobra mayor importancia. Esta transición implica una renovación de la manera como entendemos el mundo y sus relaciones, lo cual exige anticipar una serie de cambios que, desde este momento, requieren las personas y las empresas.

Este cambio que se anticipa en el horizonte de los negocios, demanda una serie de nuevas prácticas de gestión y gobierno que deben estar fundadas en posturas poco convencionales de los negocios y las empresas, como quiera que mantenerse en el statu quo actual implica aislarse de las oportunidades que la nueva era puede anticipar. Sólo aquellos que han sabido explorar en esa nueva frontera de la humanidad, puede estar preparados para asumir los retos que ella les impondrá.

Por tanto, es un imperativo comprender la novedad que lo digital, lo disruptivo y lo resiliente incorpora a las prácticas empresariales, particularmente a la gestión y el gobierno de la seguridad de la información, donde particularmente la inevitabilidad de la falla, establece el parámetro referente donde se fundan las propuestas para avanzar en el aseguramiento de la información en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo.

Así las cosas, esta breve reflexión desarrolla algunos aspectos de estos tres elementos y sus implicaciones en el ejercicio de la gestión y el gobierno de la seguridad de la información, apalancados desde la pedagogía del error, en la cual la falla, es una oportunidad para descubrir aquello que ha estado oculto los ojos más despiertos y la forma como podemos dejarnos abordar por la sorpresa y la novedad.

Lo digital (Magro, Salvatella, Álvarez, Herrero, Paredes y Vélez, 2014)
No tiene que ver con lo tecnológico, particularmente define toda una nueva manera de relacionarnos, una forma de crear y hacer evidente las conexiones que tenemos con otras personas y con el entorno. Lo digital es una experiencia relacional que termina con una posibilidad de un desarrollo tecnológico que habilita una sintonía más fluida con otros individuos y con el ambiente.

El campo de lo digital habilita la existencia del ecosistema, esa distinción que contextualiza aquellos productos y servicios que han modificado el entorno, creando una red extendida de información, que a través de posibilidades tecnológicas, las empresas y las personas son capaces de capitalizar para concretar nuevas ofertas y oportunidades que cambien la forma de hacer las cosas.

En este sentido, lo digital crea una red de contactos, información y conocimiento que permite la interconexión de expectativas, retos y eventos que puede afectar buena parte del ecosistema del cual se hace parte, bien para manifestar un enfoque novedoso que cambie la manera de ver el mundo o bien por hacer emerger nuevas distinciones de productos o servicios que amplíen la manera de hacer las cosas.

Esta realidad digital, habilita una economía digital que es silente, que se desarrolla en un territorio no físico, inmenso e invisible, y que está regida por múltiples apuestas automáticas que le confieren dos características clave, velocidad e impredecibilidad. En este escenario las transacciones permiten un flujo de información, ahora financiera representada en operaciones que establece una forma de adquirir bienes o servicios de forma más ágil y oportuna.

Lo disruptivo (Gans, 2016)
Suspensión de la realidad, que produce cambios radicales. Una expresión de la contundencia de la creatividad y la innovación que supera las expectativas de los más retadores. Lo disruptivo implica quebrar el paradigma vigente a la fecha, procurando explorar caminos inéditos, creando condiciones encontradas con el statu quo, que hablen a la realidad de una nueva forma de ver el mundo, un mapa que inicialmente revela un territorio y termina modificando el mismo.

Lo disruptivo no aparece solo, se construye desde la realidad de otros, compartiendo expectativas, sumando fuerzas y sobre manera explorando las nuevas necesidades de las personas, ampliando la capacidad para transforma el entorno, no desde una visión particular, sino desde la postura de aquellos que sueñan con un mundo distinto y que visualizan los cambios antes que ésos ocurran.

Este cambio de paradigma opera desde zonas inexploradas, problemas revisados en otros dominios, propuestas contradictorias que cuestionan modelos consolidados, en pocas palabras, desde posturas “abiertamente equivocadas” desde los referentes actuales, pero profundamente documentadas desde la investigación y los espacios psicológicamente seguros, creados para poder avanzar y aprender de aquello que aún no se conoce.

Por tanto, la condición de disruptivo es una apuesta por lo inexplorado, por la contradicción y los inciertos, como fundamento de la experimentación y fallas anticipadas que requieren las organizaciones, para crear entornos distintos y prácticas emergentes, que le abran nuevos espacios en sus sectores de negocio y promuevan movimiento hacia otros sectores donde sus propuestas cambien la forma de hacer las cosas (Krupp y Schoemaker, 2014).

Lo resiliente (Charan, 2015)
La resiliencia en capacidad de respuesta y adaptación, es poder seguir operando y en movimiento aún en una condición contraria y muchas veces incierta, para luego reconectarse con aquellos puntos afectados y nuevamente recuperar la normalidad, no sólo ajustándose a la nueva realidad, sino avanzando de forma expedita en el nuevo entorno que opera.

Las organizaciones y personas resilientes, son personas y estructuras que tienen la flexibilidad para moldear y acoger situaciones de cambio, ajustando sus prácticas internas y habilitando la infraestructura requerida para hacerlo, como fundamento de la transformación que debe hacer para conquistar la situación adversa. No es resiliente sólo quien vuelve a la normalidad, sino quien se hace una mejor versión de sí mismo.

Cuando una empresa o individuo mantiene una postura positiva y propositiva frente a la adversidad, y asume estados proactivos que motivan cambios que aceleran la recuperación y control de las situaciones contrarias, estamos ante organizaciones y personas que entienden la falla como una oportunidad para desaprender y construir nuevos fundamentos de conocimiento, que generalmente terminan en una operación más ágil y confiable frente a la inevitabilidad de la falla y en personalidades robustas y resistentes cuyo coraje y valentía son signos de su capacidad de respuesta.

Digital, Disruptivo y resiliente. Una vista desde la inseguridad de la información
Analizar estas tres tendencias sobre el ejercicio de la seguridad de la información, es concretar la dinámica inherente del tratamiento y gestión de la inseguridad de la información. Es entender que el gobierno de la seguridad de la información, está fundado en la distinción de seguridad por vulnerabilidad (Cano, 2015).

La seguridad de la información en un entorno digital, disruptivo y resiliente, no puede pensar más en parcelas de conocimiento de la empresa, sino en visiones integradas, convergentes y efectivas que integren el concepto de seguridad y control como fundamento del valor percibido por las personas, en un mundo digitalmente modificado (Bonchek y Steele, 2015).

Esto es, comprender las relaciones que se revelan en el entorno del ecosistema digital donde opera la empresa, no para restringir o acomodar, sino para motivar un uso responsable de los activos y un tratamiento acorde con las motivaciones y necesidades que tienen los actores. Lo anterior implica condiciones de monitoreo y tendencias de utilización, como quiera que dicho activo representa siempre no sólo la imagen de la compañía, sino el valor que se percibe por sus clientes.

Así las cosas, se privilegian bajo estos nuevos normales de las empresas del siglo XXI, la necesidad de habilitar prácticas que permitan a la seguridad de la información fallar de manera anticipada, esto es, una inversión en la inseguridad de la información que genere nueva ventanas de aprendizaje y desaprendizaje, para valorar riesgos emergentes y situaciones desconocidas, las cuales nutran el ejercicio de pronóstico que ahora los líderes de las áreas de seguridad deben tener como fuente natural de sus procesos.

Cuando lo anterior ocurre, estamos advirtiendo una nueva era para los oficiales de seguridad de la información donde inicialmente estaban avocados al cumplimiento de expectativas relacionadas con agilidad, eficiencia y costo-efectividad, y ahora, se requiere dar respuesta a las exigencias propias de lo digital, lo disruptivo y lo resiliente.

Esto significa que el Chief Information Security Officer, concentrado en los aspectos claves de los flujos de información corporativos, se encuentra con el Chief Digital Security Officer, que conoce y revela las relaciones extendidas de la organización con su ecosistema tecnológico, para habilitar un uso adecuado y transparente de la información, así como el cuidado del valor en sí mismo de los activos digitales de la empresa.

Estos dos roles (ver figura 1), plantean todo un desafío corporativo para desconectar las prácticas que tenemos hoy desde los estándares de la industria ampliamente referenciados e integrarlos con una realidad extendida y un mundo digitalmente modificado, para reconectarlos desde la vista de un ecosistema digital, donde tanto el entorno y todo lo que ello conlleva, así como las expectativas de las empresas, se hagan parte de una estrategia digital (Curran, Puthiyamadan y Wendin, 2016), que no solo beneficie a los usuarios finales, sino que habilite nuevas capacidades para crear nuevas disrupciones.


Gráfica No. 1 Chief Information Security Officer y Chief Digital Security Officer

Reflexiones finales
En conclusión, podemos afirmar que la seguridad de la información desde la perspectiva de lo digital, lo disruptivo y lo resiliente, debe evolucionar para continuar acompañando al negocio para concretar sus retos como organización y procurar potenciar el valor que los clientes reciben de aquellos nuevos productos digitalmente modificados.

Dicha evolución no se puede dar sólo extendiendo la aplicación de los estándares conocidos a la fecha, que si bien han fortalecido una práctica virtuosa de la seguridad y el control, deben ser repensado y ajustados a una realidad que evoluciona mucho más rápido, genera mayores contradicciones y donde los “errores” son oportunidades que crean entornos inestables y propicios para avanzar y posicionar nuevos negocios.

Así las cosas, el gobierno de la seguridad digital, alineado con esta realidad, no puede basarse en las certezas y contextos conocidos, sino en la inevitabilidad de la falla, en el constante aprendizaje de la seguridad por vulnerabilidad, que permite a la organización estresar sus supuestos de protección actuales y revelar aspectos opacos del control que la inercia de la práctica actual no revela.

Por tanto, los responsables de la seguridad de la información deben advertir los movimientos estratégicos del primer nivel respecto de la nueva estrategia digital de la empresa, para poder cambiar sus propios normales y comenzar la transformación de sus prácticas, que permitan mejorar la propuesta de valor de la empresa, ahora con la protección de la información desde los nuevos activos digitalmente modificados que ofrece la compañía.

Referencias
Bonchek, M. y Steele, E. (2015) What kind of thinker are you? Harvard Business Review. Noviembre. 
Cano, J. (2015) Modelo PERIL. Repensando el gobierno de la seguridad de la información desde la inevitabilidad de la falla. Memorias VIII Congreso Iberoamericano de Seguridad Informática. Universidad de las Fuerzas Militares. Quito, Ecuador. Noviembre. ISBN: 978-9978-301-61-6. 6-13
Charan, R. (2015) The attacker’s advantage. Turning uncertainty into breakthrough opportunities. New York, USA: Perseus Books Groups.
Curran, C., Puthiyamadan, T. y Wendin, C. (2016) Raising your digital IQ. Strategy+Business. Issue 82. Spring.
Gans, J. (2016) Keep calm and manage disruption. Sloan Management Review. Spring. 1-8
Krupp, S. y Schoemaker, P. (2014) Winning the long game. How strategic leaders shape the future. New York, USA: PublicAffairs
Magro, C., Salvatella, J., Álvarez, M., Herrero, O., Paredes, A. y Vélez, G. (2014) Cultura digital y transformación de organizaciones. 8 competencias digitales para el éxito profesional. Barcelona, España: RocaSavatella.

domingo, 31 de enero de 2016

La armonía de los contrarios. Una nueva categoría didáctica para educar en seguridad de la información.

Introducción
La inevitabilidad de la falla es un concepto que poco a poco se ha venido difundiendo a nivel internacional, como quiera que todo es susceptible de fallar, bien de manera deliberada o por situaciones no conocidas. En este escenario, pensar y desarrollar una gestión desde la certeza de una operación sin contratiempos, es una vista efímera que, con el primer percance, puede llegar a comprometer no solo la capacidad de aprendizaje de los involucrados, sino la imagen de aquellos que lo administran.

En este sentido, la falla o el error, se ha mirado por lo general como un resultado, el cual es valorado bajo estándares definidos, generando una emocionalidad contraria, que no siempre motiva y moviliza los cambios requeridos. Por tanto, el error conlleva una carga emocional generalmente negativa, que de alguna forma, recrimina y excluye a todo aquel que no se ha ajustado a la norma establecida.

En este escenario, el error no es ocasión de oportunidades y descubrimiento de nuevas ideas, sino un tribunal de sanciones, que no busca motivar una renovación del pensamiento ni provocar nuevas experiencias para explorar. Esto es, una audiencia pública que margina a todos los involucrados a llevar el peso de una marca que los segrega y limita para continuar aprendiendo, que no es otra cosa que cortarle las alas a su creatividad.

Cuando el error no se mira como un resultado, sino como un proceso, se abre la oportunidad para descubrir las relaciones internas de las acciones que han llevado al resultado. Se inscribe la actuación, como un intento por abordar una situación, cuyas consecuencias dan cuenta de una realidad distinta a la esperada, lo cual puede o no ser útil frente al contexto donde ella se desarrolla.

Bajo estos parámetros, el error se constituye como una herramienta pedagógica que interroga a los participantes sobre aquellos aspectos emergentes de la situación, que permiten explorar linderos antes desconocidos y potenciar el entendimiento de los resultados para una siguiente oportunidad. Así las cosas, como afirma De la Torre (2004) “No es posible no equivocarse en el proceso de aprender”.

Si bien buena parte del aprendizaje, se ha adquirido por ensayo y error, por observación, por experiencias previas en contextos particulares, no se quiere indicar que sea forzosa la “equivocación” para poder aprender, sino que se hace necesario descubrir en los detalles del proceso cognitivo, aquellos aspectos que más ayudan a las personas para apropiarse de un saber y mejorar las aptitudes y estrategias que la permitirán mayor seguridad y confianza en su hacer (De la Torre, 2004).

Lo anterior, establece una vista sistémica del aprendizaje, donde el error como proceso, revela relaciones visibles e invisibles de las elaboraciones cognitivas humanas, que permiten identificar aquellas cosas que no funcionan bien en los marcos y estrategias de enseñanza/aprendizaje. Algunos dirán que esto es susceptible de aplicar en escenarios académicos controlados, pero la realidad nos indica, que de no hacerlo en el mundo empresarial, las organizaciones estarán condenadas repetir historias que no quieren oír y a repetir discursos de gestión que se desgastan en su actuar.

Habida cuenta de lo anterior, este documento establece algunas reflexiones particulares sobre la pedagogía del error (De la Torre, 2004), en el contexto de la formación en seguridad de la información, como una forma de controvertir el status quo de la práctica de entrenamientos en protección de la información y abrir una nueva posibilidad de enseñanza y aprendizaje que conecte la realidad de la empresa y la dinámica del pensamiento de sus empleados frente a la seguridad de la información.

El costo de los errores en seguridad de la información. Una lectura desde la pedagogía del error.
Es claro que los errores en seguridad de la información tienen efectos y consecuencias visibles para las organizaciones en general, que pueden llegar a implicar sanciones legales, económicas y pérdidas de reputación. En esta perspectiva, el error en las prácticas de seguridad de la información se juzga como efecto contrario, que desestabilizando la sensación de confort organizacional, configuran un tribunal de acusaciones en contra de aquellos que han cometido las faltas y de los responsables del aseguramiento del tema.

Es tal la sensibilidad de las acciones que se advierten fuera de los límites permitidos, que terceros evaluadores están listos a documentar los efectos de dichas acciones, para contabilizar las fallas y elaborar valoraciones que den cuenta de la falta de gestión y aseguramiento de las prácticas de seguridad y control en la organización. Si bien, una falla revela algo que no está de acuerdo con un lineamiento establecido, también manifiesta una oportunidad para aprender, un momento para profundizar en las actuaciones y sobre manera una forma de sorprendernos para hacer nuevas distinciones.

En este sentido, los responsables de la seguridad de la información, son enmarcados en estándares que buscan inhibir todo el tiempo la aparición de las fallas de seguridad y cuando aparecen, son catalogadas como fallas del sistema de gestión, por lo cual habrá que aplicar el formato de análisis causa-raíz, que permita llegar al fundo de la situación que ha provocado el resultado y luego activar, en el mejor de los casos, el procedimiento de lecciones aprendidas, las cuales guardan la memoria del evento contrario que ha ocurrido.

Frente a esta situación, donde el error como resultado, es hijo de una vista mecanicista del mundo, que debe ser erradicado del ejercicio de perfeccionamiento del funcionamiento de las cosas, la seguridad de la información se ha nutrido ampliamente creando un escenario cada vez más rígido de acción, que busca alcanzar una meta de protección basada en la invulnerabilidad, sabiendo que en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo (Johansen, 2009) no es posible lograr.

Lo anterior genera el stress y angustia natural de los profesionales de la seguridad de la información que, cada vez que adelantan acciones proactivas para evitar situaciones de riesgo, los hechos que acontecen desbordan las predicciones establecidas frente a lo ocurrido. Esto no quiere decir que los ejecutivos de seguridad de la información sean víctimas de las inestabilidades del entorno, sino que su perspectiva del ejercicio de protección debe ajustarse con la dinámica de su contexto, no para encontrar responsables afuera de su práctica, sino para incorporar nuevos procesos de aprendizaje que reivindiquen al error como posibilidad de aseguramiento y control.

Lo anterior supone leer el error como una oportunidad que motive mover el estado de la práctica de seguridad de la información fuera de la zona cómoda y la lance a explorar escenarios contradictorios que generen un entorno psicológicamente seguro, donde fallar es una opción, pues el beneficio que se obtiene, es superior al costo de cometer el mismo (Schoemaker, 2011).

A manera de resumen podríamos decir, en lectura de De la Torre (2004), que debemos recuperar el error como herramienta pedagógica que supere el cumplimiento de objetivos y atienda la riqueza del proceso de aprendizaje. Una vista de lo anterior, se condensa en el cuadro a continuación.

Consideración del Error
Mundo Mecanicista
Mundo de los sistemas
Desviación de la norma
Desajuste en lo esperado y obtenido.
Elemento perjudicial en el aprendizaje.
Elemento que activa y motiva el aprendizaje.
Es una condición que deber ser sancionada.
Es una condición natural del proceso de aprendizaje.
Deber ser evitado.
Deber ser aceptado y diagnosticado.
Es indicador de resultados no alcanzados.
Es síntoma de procesos de aprendizaje
Es ocasión de clasificación y exclusión en el proceso de aprendizaje.
Es ocasión de orientación y guía en el proceso de aprendizaje.
Tabla 1. Consideración del error (Basado en: De la Torre, 2004, p.85)

La formación en seguridad de la información. Un ejercicio de la armonía de los contrarios.
Si la práctica de seguridad de la información se ha nutrido de una vista mecanicista del mundo y el error es considerado una condición contraria y por demás costosa frente a las consecuencias que los mismos tienen, es preciso revisar la manera como se ha venido formando a las personas en las organizaciones respecto del tratamiento adecuado de la información.

Mientras un analista de seguridad tradicional, establece su paradigma de protección en una vista lineal de riesgo-control, un atacante desafía el escenario conocido y modifica su dinámica para crear un nuevo entorno, que difícilmente podrá ver un analista en su ejercicio. El atacante tiene un pensamiento circular, donde una causa lleva a un efecto y un efecto una nueva causa, en este ejercicio, logra cuestiona su propio pensamiento y sorprenderse de aquello que el mismo ha logrado.

Si entrenamos a las personas sólo en la vista del analista, siguiendo los parámetros normales de la formación, basada en contenidos establecidos y respuestas debidamente calculadas, los individuos podrán alcanzar la calificación requerida, repitiendo aquello que se encontraba en sus cartillas de entrenamiento. Sin embargo, la pregunta que sigue es ¿esto nos hará más resistentes frente a situaciones inciertas? Posiblemente la respuesta no será positiva, pues los empleados estarán preparados para responder a lo conocido y registrado en los estándares, pero no para variables dinámicas que se encuentran en su contexto.

Por el contrario, si se establece un entrenamiento siguiendo la mente del atacante, buscando elementos para superar los patrones y parámetros de seguridad y control establecidos, tendremos un escuadrón posiblemente de atacantes internos formados para dar cuenta de las fallas y la forma de cómo se materializan, creando un entorno insostenible que lleve a los límites del sistema, comprometiendo su funcionalidad y la identidad del mismo por fuera de los estándares de actuación ética y de mejora continua.

Bajo este escenario, se hace necesario integrar la dos vistas previamente presentadas, que permitan construir un marco pedagógico asistido por la armonía de los contrarios, una vista que, sensible al contexto de las personas en la organización, establezca una zona psicológicamente segura donde las decisiones que se toman frente a situaciones inciertas permitan que los individuos “estudien la situación, definan los problemas, lleguen a sus propias conclusiones sobre las acciones a emprender, contrasten ideas, las defiendan y las reelaboren con nuevas aportaciones” (Acosta, 2014, p.47).

Este marco reconoce la circularidad del pensamiento de los atacantes, la complementariedad de las prácticas y estándares con los riesgos de los procesos para explicar lo que ocurre y sobre manera la autoreferencia del sistema analizado, que significa comprender las relaciones entre sus componentes que definen la identidad del mismo. Esto es, saber que existen propiedades emergentes que son fruto de las relaciones entre sus componentes y que no son inherentes a cada uno de ellos.

Así las cosas, las actuaciones derivadas de una formación basada en este marco pedagógico establecido, establecen las bases de la formulación de una competencia de gestión segura de la información (Cano, 2015) que, una vez negocia los cambios de paradigma en su hacer, reconstruye las prácticas desde la sabiduría del error, es decir, que la inestabilidad de los sistemas y sus posibles fallas, son ocasión para que surjan aprendizajes avanzados en las personas que las habiliten para: (Tobón, 2013, p.101)
  • Comprender la situación problemática en un contexto disciplinar, personal, ambiental, social y/o económico.
  • Establecer varias estrategias de solución, en las cuales se tenga en cuenta lo imprevisto y la incertidumbre.
  • Considerar las consecuencias del problema y los efectos de la solución dentro del conjunto del sistema.
  • Aprender del problema para asumir y resolver problemas similares en el futuro.

En consecuencia, la formación en seguridad de la información debe responder a criterios educativos que promuevan quiebre conceptuales respecto de la dinámica de las organizaciones, para que reconociendo el contexto inestable e incierto donde deben actuar los individuos para proteger la información, se puedan tener seres humanos transformados por el entorno y acciones trascendentes de éstos, para potencialmente innovar en sus propios ambientes.

Lo anterior supone, en palabras de Acosta (2014, p.48) “comprender la necesidad de apoyarse en los demás para aprovechar las fortalezas y competencias de todos”, reconocer las limitaciones como oportunidades de desarrollo y “aumentar la sinergia que surge” al participar de un escenario de construcción social de conocimiento, donde las acciones y decisiones que se realicen, benefician necesariamente a los demás.

Reflexiones finales
Si entendemos el aprendizaje como una propiedad emergente del proceso educativo, esto “es una cualidad distinta que el sistema “persona” elabora en un momento dado sin que previamente, como tales, estuviesen contenidas en ninguna de las partes. (…)” (Novo, Marpegán y Mandón, 2011, p.126), estamos ante un cambio de perspectiva en la formación de los individuos, donde “educar” a la persona en seguridad de la información no es enseñarle algo que no sabía, sino convertirlo en un otro distinto que es consciente de los riesgos y asimetrías del entorno donde actúa y está preparado para tomar decisiones que benefician a los demás.

En este sentido, el marco pedagógico propuesto basado en la armonía de los contrarios, lejos del riesgo de la simplificación, permite una aproximación a los escenarios reales de participación de los individuos, creando una vista sistémica de la realidad, que promueve un actuar integrado, innovador y transdisciplinar.

Lo anterior significa, entender e incorporar las diferencias naturales de las personas y las presiones del entorno, teniendo como foco el aprendizaje en los procesos más que sus resultados, motivar momentos de síntesis que consoliden la apropiación del conocimiento y la construcción de una espiral ascendente de comprensión de sus decisiones que lo habiliten para manejar la incertidumbre, producir modelos de actuación y adaptarse a los cambios.

Lograr fundar una educación en seguridad de la información con estas características, implica romper la tradición mecanicista de la formación que se tiene a la fecha, producir escozor y malestar al interior de las prácticas vigentes de protección de la información y sobre manera, quebrar los lentes actuales del entendimiento de la seguridad de la información donde los estándares exigen la repetibilidad del proceso de gestión, para poder establecer una medida del nivel de “protección” disponible y requerido en la organización.

Por tanto, esta reflexión no pretende ser un “elogio de la locura” que exalte lo negativo y reprochable, sino una búsqueda de una comprensión mayor del escenario que se advierte para avanzar en el ejercicio de protección de la información. Esto es, aprendamos a través de las equivocaciones y construyamos desde los estándares probados, para que, como anota De la Torre (2004), “el error sea un incidente esclarecedor del proceso y, no un resultado ni un hecho irremediable de la naturaleza humana”.

Referencias
Acosta, S. (2014) Pedagogía por competencias. Aprender a pensar. México, México: Editorial Trillas.
Cano, J. (2015) Gestión segura de la información. Competencia genérica clave en una sociedad de la información y el conocimiento. Memorias Congreso Internacional de Educación, Tecnología y Ciencia, CIETyC 2015. Universidad de la Guajira, Colombia – Universidad Nacional de San Juan, Argentina. Riohacha, Colombia. Junio 2 al 5.
De la Torre, S. (2004) Aprender de los errores. El tratamiento didáctico de los errores como estrategia de innovación. Buenos Aires, Argentina: Editorial Magisterio del Río de la Plata.
Johansen, B. (2009) Leaders Make the Future: Ten New Leadership Skills for an Uncertain World. San Francisco, USA: Berrett-Koehler Publishers.
Novo, M., Marpegán, C. y Mandón, M. (2011) El enfoque sistémico: su dimensión educativa. Madrid, España: Editorial Universitas, S.A.
Schoemaker, P. (2011) Brilliant mistakes. Finding success on the far side of failure. Philadelphia, USA: Wharton Digital Press.

Tobón, S. (2013) Formación integral y competencias. Pensamiento complejo, currículo, didáctica y evaluación. Bogotá, Colombia: ECOE Ediciones.

sábado, 2 de enero de 2016

Cinco lecciones por aprender en seguridad y control. Un marco de acción transdisciplinar desde la inevitabilidad de la falla.

Introducción
Generalmente cuando se termina un periodo de labores las personas y/o organizaciones hablan de las lecciones aprendidas, de los aprendizajes y desaprendizajes que se tuvieron, los cuales resultan muy valiosos frente a la práctica que se ha venido desarrollando en las empresas. Este ejercicio permite ver en perspectiva lo que ha ocurrido para reconectar aquello que se viene haciendo con la renovada forma de ver las cosas desde aquello que se ha aprendido.

Las lecciones aprendidas conectan los momentos donde se suspendió la realidad, con los referentes teóricos vigentes hasta ese instante, para repensar lo que se creía que era de esa manera con una forma alterna de ver el mundo. Una lección aprendida es una ventana de oportunidad para desarrollar formas diferentes de hacer las cosas y crear condiciones distintas para aquellos que saben que el mundo cambia y continúa cambiando todos los días.

Las lecciones aprendidas (Ifad, ?) son un insumo para los nuevos proyectos, el espejo retrovisor que permite observar aquello que ha ocurrido, reconocer lo que se hizo bien y lo que no salió tan bien, para establecer referentes concretos que nos ilustren aspectos renovados de la experiencia que promuevan alcances diferentes a los que se tenían en el pasado. Sin perjuicio de lo anterior y de las nuevas posibilidades que se han abierto luego de lo aprendido, es clave comenzar a visualizar lo que se denominan las “lecciones por aprender”.

Una lección por aprender es una expectativa para anticipar un escenario, que puede o no ser disruptivo (Johnson, 2011), pues establece un referente de futuro que la persona u empresa debe considerar para avanzar y anticipar acciones que debe asumir para concretar nuevos aprendizajes, los cuales serán relevantes para concretar aquello que quieren alcanzar en un momento próximo. En este sentido, no solamente son importantes las lecciones aprendidas en seguridad de la información, sino aquellas que tenemos por aprender.

Las lecciones por aprender en seguridad de la información nos informan de aquello que se advierte “adelante de la curva”, de las posibilidades que se deben anticipar para concretar acciones antes que la inevitabilidad de la falla haga presencia, y que aún se manifieste, se pueda tener margen de acción y propuestas alternas que confronten la incertidumbre, el miedo y las dudas que la situación pueda generar.

En este contexto, esta breve reflexión plantea cinco (5) lecciones por aprender en seguridad de la información, que consultando las lecciones aprendidas de las vulnerabilidades y fallas más documentadas y frecuentes, establece un referente base de lo que se avizora en los próximos años que puede cambiar las prácticas de seguridad y control, no sólo en el ámbito técnico, sino el escenario organizacional sobre la protección de la información a nivel de las personas, los procesos, las regulaciones y la tecnología.

Caracterizando las lecciones por aprender
Cuando existen lecciones por aprender, se deben revisar algunos aspectos claves que permiten explorar caminos hacia adelante que, pueden o no, estar a la vista, para concretar acciones que anticipan futuros no previstos o situaciones que debe ser resueltas. Una lección por aprender busca concretar y motivar aprendizajes de manera anticipada, con el fin de canalizar esfuerzos con la suficiente valentía y claridad, para abrir posibilidades de renovación en el presente.

Podemos indicar que una lección por aprender tiene al menos tres elementos fundamentales (que son mutuamente excluyentes):
  • Sugiere una propuesta o alternativa a una problemática que se ha creado o ha estado en el entorno de manera permanente sin variaciones o soluciones estructurales.
  • Identifica y transforma la forma como históricamente se han hecho las cosas en un determinado dominio.
  • Revisa y estudia la realidad desde dominios de conocimiento distintos al que contiene la problemática revisada.

Estos tres elementos contextualizan las actuaciones de aquellos que buscan una lectura no solamente interdisciplinar, sino transdisciplinar (Huerta, Zambrano, Pérez, y Matsui, 2014), donde los límites de las propuestas extraídas del mismo dominio de la problemática, carecen de sentido en el otro. Así las cosas, las lecciones aprendidas conjugan, una perspectiva disciplinar que define la necesidad primaria para revisar, con las diferentes perspectivas y ópticas de análisis que se pueden fundar desde otras disciplinas, como fuente de alternativas retadoras que hacen posible una realidad distinta.

Aquellos que exploran lecciones por aprender deben consultar en el espejo retrovisor las lecciones aprendidas, para establecer los nuevos linderos hacia adelante donde se advierte las posibilidades que están disponibles para quienes han sabido desafiar sus propios paradigmas, y explorar las prácticas históricas de su disciplina, y darse la oportunidad para “surfear” (CNIC, 2013) sobre las novedades, que diferentes lecturas de otros dominios, hacen de la misma realidad.

Establecer las lecciones por aprender en una disciplina particular, demanda conocer muy bien la realidad de la situación problemática, haber experimentado la incertidumbre que ocasiona las inestabilidades que registra la misma y sobre manera haber conocido la contradicción que genera el entorno, donde no solo se compromete los saberes propios de las personas, sino las expectativas y emociones de aquellos que están esperando una respuesta a la inquietud que se genera.

Bajo estos parámetros básicos, se plantean a continuación algunas lecciones por aprender en seguridad de la información que retan o interrogan las prácticas actuales, no para generar cambios inmediatos en la manera de hacer las cosas, sino para establecer horizontes de transformaciones que las personas y organizaciones deben emprender para no ser víctimas de situaciones adversas que se puedan presentar en el futuro, sino actores proactivos que han comprendido con anticipación las inestabilidades que se advierten en un futuro cercano.

Cinco lecciones por aprender en seguridad y control
Estas cinco lecciones establecen un plan referente para desaprender de forma anticipada y crear el entorno necesario para que la realidad se transforme en un proceso de conquista de los paradigmas vigentes en seguridad y control.

Lección No.1 Se debe complementar el control de acceso con el control de uso
La historia de la seguridad de la información se ha fundado sobre el ejercicio de los controles, donde las medidas tecnológicas tienen el protagonismo sobre las prácticas de las personas, delegando la protección de la información en la efectividad de dichas medidas. Esta delegación ha influenciado la práctica de seguridad de la información, dejando por fuera las decisiones que las personas deben tomar y el criterio que deben desarrollar frente al tratamiento de la información.

Así las cosas, el ejercicio que se requiere es articular las técnicas de control de acceso basadas en permisos, perfiles y roles, con el desarrollo de capacidades y criterios para decidir ante situaciones inciertas por parte de las personas. Donde la combinación del control de las tecnologías de control, sean una parte de la dinámica y respuesta ante el contexto donde la persona debe decidir.

Mientras el control de acceso se programa y la lógica de protección es parte inherente de un programa organizacional que exige un cumplimiento de prácticas de control estándar; el control de uso, está asociado con el desarrollo de una competencia de gestión segura de la información (Cano, 2015) que conjuga la apropiación, la concientización y el cumplimiento como fuente misma de las acciones o actividades que las personas deben desarrollar para proteger la información aun cuando no existan un escenario propicio para hacerlo.

Lección No. 2 Se debe complementar el control de acceso: quién, a qué recurso y qué permisos, con la ubicación de quien solicita.
La dinámica del internet de las cosas y la movilidad hacen que el control de acceso tecnológico, aquel que se programa desde las prácticas de la industria se deba renovar. Esta renovación exige que no solamente se requiere conocer el quién, el recurso y sus permisos, sino la ubicación de la persona, ahora en un contexto de movilidad y de ecosistema digital (Harkins, 2013).

Mientras en el pasado el control de acceso estaba asociado con lugares conocidos y dinámicas particulares en sistemas de información, asociado con rutinas de las personas que hacían el tratamiento de la información, ahora en un ecosistema digital donde la movilidad de los actores establece un reto adicional, se hace necesario incluir una nueva variable que compute la ecuación de acceso tradicional y se alinee con la realidad que demanda la dinámica de los negocios actuales.

El nuevo paradigma de control de acceso debe incluir los conceptos tradicionales y extenderlos sobre características de la infraestructura que protege y desde donde se requiere hacer el acceso, como quiera que no hacerlo significa estar aplicando prácticas válidas y probadas, en entornos dinámicos y asimétricos, donde se advierten revisiones distintas, que no solo son propias de los estándares conocidos, sino las requeridas por la dinámica actual.

Lección No. 3 Se debe complementar el retorno de la inversión, con el retorno por inclusión.
Un reto permanente en seguridad de la información es cómo cuantificar la inversión y calcular su retorno. Un diálogo siempre abierto e inconcluso que se tiene con las personas de finanzas. Mientras el de seguridad habla en términos de riesgos y pérdidas, el de finanzas exige propuesta de valor y utilidades. Una conversación en estos dos idiomas irremediablemente no tiene posibilidades de conexión ni apertura en ninguno de los dos lados (Kark, Whiteley III y Viglianti, 2009).

En este sentido, mientras el retorno de la inversión (roi) busca justificar un valor de inversión para registrar y presentar ante la agenda ejecutiva de la organización, el retorno por inclusión (rxin), revela los beneficios alcanzados que se han presentado en la empresa por el desarrollo de prácticas de seguridad y control. Esto es, las historias contadas por los mismos protagonistas, que dan cuenta de una transformación silenciosa que se incluye y conecta con el imaginario de la cultura, donde la junta hace parte de la lectura extendida de la seguridad de la información en su capital político y corporativo.

El retorno por inclusión (rxin) es una apuesta de construcción social que se transmite de manera lateral en la organización y que se conecta con los imaginarios de la cultura (Cano, 2015b), haciendo sentido en las expectativas del primer nivel ejecutivo, no solo con las noticias que se cuentan desde la experiencia de las áreas, sino con la lectura que tercero influyentes pueden hacer sobre los planes del gobierno corporativo. La inclusión no es llevar el tema al cuerpo de gobierno, sino conectarlo con el tono del imaginario de protección del cual ellos hacen parte.

Lección No. 4 Se debe balancear el miedo, la incertidumbre y las dudas, con los hechos, las observaciones, las anécdotas y las metáforas.
La seguridad, no sólo de la información, sino en diferentes dominios se ha vendido desde la antigüedad basado en el miedo, la incertidumbre y las dudas. Los oficiales de seguridad han sido catalogados como “aves del mal agüero” los cuales cuando aparecen no sólo llevan malas noticias, sino panoramas siempre inestables que generan temores y dudas (Rose, 2013).

Algunos ejecutivos de tecnología de información argumentan que esta técnica sigue estando vigente y que ejercicios que motiven este tipo de situaciones permiten que el flujo de inversión sobre la seguridad tecnológica se mantenga. Otros, por tu parte, indican que se debe seguir usando el recurso de las “dudas” en dosis cada vez más pequeñas, para mantener una tensión y expectativas permanente que no agote el tema con los miembros del primer nivel ejecutivo.

Lo que es claro es que se debe lidiar con el “síndrome de la falsa sensación de seguridad”, una enfermedad corporativa que se confía de las pruebas y prácticas que se generan en el contexto de lo tecnológico, para dar un parte de tranquilidad a los ejecutivos de primer nivel. Hacer esto y tener éxito, es abrirle la puerta a una “confianza ilusa” que no pretende indagar sobre lo que realmente ocurre y se queda con una fotografía estática, que no corresponde con la dinámica inherente a la inevitabilidad de la falla.

Lo anterior significa que mientras haya mayores elementos asociados con los hechos, las observaciones, las anécdotas y las metáforas que se puedan articular con los logros en seguridad de la información, se irá creando un imaginario de “paranoia bien administrada” que consultando la dinámica de los riesgos latentes y emergentes, es capaz de hablar de una seguridad y control basada en la gestión, esto es, que sabe que se articula en buenas prácticas y logros concretos, pero que requiere siempre un permanente desaprendizaje.

Lección No. 5 Se debe complementar la visión de riesgos conocidos (feedback) por una visión de riesgos latentes y emergentes (feedforward)
Los psicólogos hablan que no solamente debemos tener el feedback o retroalimentación de lo que hacemos, sino tratar de darle sentido a las indicaciones que dicha información propone. Sin embargo, si nos quedamos allí, estaremos siempre detrás de las noticias y nunca anticipando cambios o transformaciones que se requieren.

En razón con lo anterior, se habla del feedforward, algo como pensar hacia adelante, que nos moviliza y motiva a concretar nuevas prácticas y estrategias para hacer cosas que no se habían hecho antes (Cano, 2014). En seguridad de la información se tiene con frecuencia mucho feedback, de los informes de auditoría, de los logs, de las correlaciones de eventos y de las evaluaciones de terceros que son contratadas dentro del esquema de seguimiento y control de las empresas, pero poco se habla de feedforward.

La postura de feedforward en las prácticas de seguridad y control, demanda una vista renovada de la planeación por escenarios, de los juegos de guerra y sobre manera de la exploración de posibilidades, más que de probabilidades. El feedforward, le indica a las prácticas de protección actuales la necesidad de abordar el nuevo escenario digital que se tiene y lanzarse a construir alternativas diferentes que anticipen problemáticas estructurales que se pueden presentar en los nuevos escenarios.

Construir contexto de feedforward en seguridad de la información es incluir una vista de riesgo extendida (latentes, focales y emergentes) con una propuesta de análisis de escenarios que vincule la reflexión colectiva de los diferentes participantes organizacionales, donde se revelen puntos de inflexión antes ignorados y concretados desde el entendimiento de los procesos por sus propios protagonistas. Los ejercicios de riesgo control de temas conocidos (propios del feedback) deben ser complementados una vista hacia adelante (feedforward) que anticipe y genere escenarios que procuren reflexiones enriquecidas con todos los interesados.

Reflexiones finales
Las lecciones aprendidas que las diferentes publicaciones nos pueden revelar, deben ser parte del insumo de las reflexiones que se deben articular para construir y desarrollar las lecciones por aprender que se han planteado en este documento. Lecciones que, si bien no son definitivas, son propuestas que se construyen desde la lectura de cambios sobresalientes y problemáticas aún sin resolver que permiten abrir espacios de discusión práctica y académica.

Las lecciones por aprender planteadas en este texto, corresponden a una revisión conceptual y ejecutiva que pretende motivar reflexiones distintas que liberen a las organizaciones de su visión de retrovisor en seguridad de la información y promuevan espacios de análisis diferentes que conjuguen una vista posible del tratamiento de la información, con una práctica de probabilidades que actualmente se mantienen en los diferentes escenarios corporativos.

Ganarse un lugar en las ligas de los ejecutivos de primer nivel no es solamente mostrar que el responsable de seguridad es capaz de presentar indicadores y resultados de su gestión, sino que tiene la capacidad de confrontar un imaginario de inversiones y costos, con hechos, metáforas y propuestas que den cuenta de una realidad que afecta los intereses políticos y estratégicos de cada uno de los miembros de la junta.

Así las cosas, las lecciones por aprender consignadas en esta reflexión, deben ser una excusa académica y práctica para promover una vista transdisciplinar (Huerta, Zambrano, Pérez y Matsui, 2014) del tratamiento de la información, para lograr quebrar el imaginario técnico que la seguridad de la información carga desde sus inicios y establecer saberes conjugados desde diferentes miradas administrativas para construir un escenario de discusión donde el único referente sea la información como activo estratégico clave y distintivo de las organizaciones.

Referencias
Cano, J. (2014) Feedback y Feedforward. Blog Frase de la Semana. Recuperdo de: http://frasedelaseman.blogspot.com.co/2014/12/feedback-y-feedforward.html
Cano, J. (2015) Gestión segura de la información. Competencia genérica clave en una sociedad de la información y el conocimiento. Memorias Congreso Internacional de Educación, Tecnología y Ciencia, CIETyC 2015. Universidad de la Guajira, Colombia – Universidad Nacional de San Juan, Argentina. Riohacha, Colombia. Junio 2 al 5
Cano, J. (2015b) Imaginarios sociales. Una herramienta sistémico-social para transformar una cultura organizacional de seguridad de la información. Memorias III Congreso Internacional en temas y problemas de investigación en Educación, Sociedad, Ciencia y Tecnología. Universidad Santo Tomás. Bogotá, Colombia. Septiembre. ISSN No. 2346-2558 (Formato web). Recuperado de: http://bit.ly/1OjMBh6
Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad - CNIC (2013) Orientaciones estratégicas. Surfeando hacia el futuro. Chile en el horizonte 2025. Recuperado de: http://www.cnic.cl/images/comunicacionescnic/Orientaciones_Estrategicas/orientaciones_estrategicas.pdf 
Harkins, M. (2013) Managing risk and information security. Protect to enable. Apress Open.
Huerta J. J., Zambrano, R., Pérez, I. S., y Matsui, O. J. (2014) Pensamiento complejo en la enseñanza por competencias profesionales integradas. Centro Universitario de Ciencias de la Salud. Universidad de Guadalajara. Guadalajara, México:Editorial Universitaria.
Ifad (?) What is a lessons learned. Recuperado de: http://www.ifad.org/evaluation/public_html/eksyst/doc/lle/lle.htm
Johnson, W. (2011) Disrupt yourself. Harvard Business Review. Recuperdo de: https://hbr.org/2011/08/disrupt-yourself/
Kark, K., Whiteley III, R. y Viglianti, A. (2009) Articulating The Business Value of Information Security. Forrester Research.
Rose, A. (2013) The CISO’s Handbook - Presenting to the board. Forrester Research. Forrester Research. Recuperado de: https://www.veracode.com/sites/default/files/Resources/AnalystReports/forrester-ciso-handbook-presenting-to-the-board-compliments-of-veracode-analyst-report.pdf