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sábado, 16 de enero de 2021
Educar en ciberriesgos. El reto de una sociedad en transformación digital
lunes, 19 de octubre de 2020
Pronósticos de seguridad/ciberseguridad 2021. Reflexiones en medio de un entorno asimétrico e inestable.
Introducción
Las tensiones globales que se han generado por cuenta de la emergencia sanitaria internacional y la revelación de nuevos actores en la carrera geopolítica para concretar una vacuna que permita inmunizar a la población mundial, establece los inéditos “normales” emergentes de la dinámica social, económica, tecnológica y política que cambia la aparente calma que se tenía antes del mes de marzo del 2020.
Este escenario asimétrico e inestable plantea desafíos emergentes y novedosos que confunden y retan los mejores pronósticos de los analistas internacionales sobre lo que puede suceder en los próximos años. Mientras el virus continúe sin un mecanismo de contención efectivo, habrá muchos espacios para mantener la desinformación, los inciertos, los miedos y la manipulación de la información en las relaciones sociales, con impactos inesperados y no previstos en los demás sectores de sociedad (Interpol, 2020).
Así las cosas, establecer una marco de trabajo para ilustrar un pronóstico acerca de la seguridad/ciberseguridad para el 2021 resulta una apuesta compleja y ambigua, que más que tratar de acertar en un blanco en movimiento, busca identificar algunos patrones y tendencias que marcan la diferencia en el escenario actual, sin perjuicio de su actualización posterior, dada la volatilidad de las condiciones y los cambios que se van a suscitar en el desarrollo de los próximos 365 días.
La seguridad/ciberseguridad como conceptos complementarios y convergentes en la actualidad, plantean desafíos para los profesionales de seguridad y control tradicionales, comoquiera que rompen con la acostumbrada lectura técnica de los mismos, habida cuenta que el valor de la información se configura cada vez más como ese elemento fundamental que atraviesa la estrategia de las organizaciones, lo cual motiva una transición de habilidades y capacidades basadas en la protección de los datos, ahora centradas en las personas y el tratamiento de la información.
Para realizar este ejercicio se han consultado diversas fuentes de información especializadas, documentos elaborados por centros de pensamiento, artículos científicos, comentarios de expertos en el tema y sobremanera una visualización de líneas de acción que se reiteran al cruzar los datos recolectados hasta la fecha. En este sentido, este documento presenta una propuesta incompleta y limitada de las condiciones y retos que la seguridad/ciberseguridad puede manifestar para el año siguiente.
En consecuencia, las reflexiones que se plantean a continuación representan un mapa incompleto sobre un territorio inestable y cambiante, que trata de ubicar algunos puntos de referencia para construir posturas y tomar decisiones sobre seguridad/ciberseguridad de las organizaciones modernas, ahora más expuestas y abiertas que antes, dada la acelerada digitalización de sus procesos y la transformación digital de su modelos de negocio.
Pronósticos de seguridad/ciberseguridad 2021
A continuación se presentan los cinco (5) pronósticos que se advierten para el 2021 en las temáticas de seguridad/ciberseguridad, así como algunos temas complementarios que apalacan dinámicas particulares que pueden ser de interés para las organizaciones y las naciones en general.
1. El fearware
– Un escenario de manipulación social
El uso masivo de redes sociales y mecanismos de acceso a información es una tendencia que confirma el aumento de la conectividad en la sociedad y la democratización de los servicios y productos digitalmente modificados. El uso extensivo a nivel de global de dispositivos “inteligentes” y ecosistemas digitales revela el aumento de flujos de información conocidos y desconocidos que ahora hacen parte de la lectura social del mundo actual (Valdez-de-Leon, 2019).
Con ocasión de la emergencia sanitaria se ha producido un tsunami de información y desinformación que advierte una dinámica de inciertos y contradicciones, la cual termina afectando y reconfigurando los imaginarios de las personas. Dichos cambios generan emociones y sentimientos de miedo, dudas y ansiedad que son capitalizados por agentes nocivos, para crear desestabilización, desconcierto y erosión de la confianza con el fin de marcar una agenda oculta de intereses que pasa desapercibida frente a los titulares de la realidad (Jones, 2019).
El fearware, como estrategia consolidada de la manipulación social, es la base de una guerra social virtual, donde diferentes actores toman posiciones y generan tendencias para movilizar a la población respecto de una temática particular, para desestabilizar naciones, para debilitar o manejar democracias, para concretar operaciones encubiertas que impacten las representaciones sociales y sobremanera, como una nueva amenaza a la integridad de la información, donde el reto y objetivo del adversario, es y será erosionar la confianza y la confiabilidad de una opinión informada (Mazarr, Bauer, Casey, Heintz & Matthews, 2020).
2. La cadena de suministro – Los terceros de des(confianza)
Los adversarios han venido observando y analizando que las empresas cada vez más dependen de terceros para operar. Con el escenario actual, muchas de ellas tuvieron que migrar rápidamente para contar con proveedores de servicios en la nube y algunos otras, ampliar sus contratos con los terceros para manejar, entre otros temas, servicios de monitoreo y control de sus plataformas (Europol, 2020).
Los atacantes han evidenciado que las empresas han fortalecido sus perímetros de seguridad y control, así como sus estrategias de monitorización y analítica, lo cual no les permite concretar parte de su estrategia natural para “pasar desapercibidos” y crear el incierto en los modelos de protección vigentes. En esa lectura, saben que deben continuar buscando aquel sitio que puedan ubicar con el menor nivel de aseguramiento y desde allí, establecer el pivote requerido para apalancar sus acciones contrarias (Ponemon-CyberGRX, 2020).
Casos recientes demuestran que los terceros que apoyan las organizaciones, cuentan con prácticas de seguridad y control que no están armonizadas con las de sus clientes, mantienen una visión de “isla” independiente basada en los términos y condiciones del contrato, y pocas veces se hace seguimiento sobre la realidad misma de sus estándares y posturas de protección de sus infraestructuras. En este sentido, se convierten en los nuevos focos de atención de los atacantes, como estrategia para llegar a organizaciones claves para ingresar sin ser notados y basados, muchas veces, en conexiones autorizadas desde aplicaciones debidamente registradas por sus clientes.
3. El secuestro de datos – Una amenaza vigente y latente
Los datos y la información se han convertido en uno de los activos más importantes de las organizaciones en la actualidad. Reconocer donde se ubican aquellos que resultan más valiosos y saber cómo se están protegiendo, debería ser una prioridad para las organizaciones del siglo XXI. Sin embargo, muchas veces la información de mayor relevancia termina en los lugares menos indicados o más inesperados, comoquiera que su uso resulta de manejo diario o muchas veces compartido entre diferentes personas.
En este contexto, los activos críticos de información terminan expuestos a las prácticas propias de las personas que son sus custodios naturales y por lo tanto, no es la probabilidad de la materialización de un evento adverso, lo que cuenta, sino la posibilidad concreta de una brecha o un secuestro de los mismos con ocasión de un “click” o una “descarga” de un archivo que venía adjunto a un correo electrónico, un enlace a un sitio no conocido o un mensaje en un sistema de mensajería con una url maliciosa (Vuggumudi & Wang, 2020).
El ransomware como ese código malicioso que se descarga e instalada en el sistema informático, sólo tiene que ser paciente para esperar su oportunidad, para concretar el pivote que necesita para desplegar las acciones necesarias que permitan tomar el control del dispositivo, para deshabilitar las medidas de seguridad, establecer posiciones en la infraestructura donde está conectada la máquina y ejecutar sus rutinas de cifrado escalonado que termina con el temible anuncio del pago de una extorsión (Europol, 2020).
4. El modo “radar” y el modo “crisis” – Dos capacidades claves
Considerando las inestabilidades actuales a nivel global y local, los ejecutivos de seguridad poco le ayudan contar con la implementación de prácticas y estándares internacionales para anticipar o pronosticar nuevas formas de ataques o estrategias emergentes para comprometer las medidas de seguridad vigentes en las empresas. En este sentido, debe activar el modo “radar” que le permitan no solamente revisar lo que le indican las alertas de eventos conocidos, sino comenzar a establecer patrones de amenazas en medio de los datos hasta ahora consolidados tanto por el servicio de SOC (Security Operation Center), como por los mecanismos instalados en su perímetro de seguridad (Ponemon-CyberGRX (2020).
El modo “radar” lo que le permite es establecer un marco de revisión y exploración que lo habilita para monitorizar sus contornos, buscando inconsistencias, rarezas y contradicciones que le indiquen que algo fuera de lo común ocurre y que deberá revisar para establecer el nivel de atención que merece tal “anormalidad”. En consecuencia, las organizaciones deben tener claridad de lo que significa que algo funciona de forma “normal” con lo cual cualquier evento que se revele más allá de los umbrales definidos, sea catalogado como “inusual” y luego de su revisión y validación, pasar a ser “sospechoso” para su exploración en profundidad.
Si bien el modo “radar” es relevante y clave, pueden pasar desapercibidos eventos que terminen comprometiendo el modelo de seguridad y control de la organización, por lo tanto deberá tener listo el modo “crisis”, que lo que conlleva es un tratamiento de riesgos que no solo busca mitigar los impactos del eventos, sino moverse de forma coordinada para evitar caer en el juego del atacante, y responder con un “libro de jugadas” (playbook) claro (Bollinger, Enright & Valites, 2015), que cierre la brecha de inciertos que la situación pueda ocasionar.
5. Aceleración digital – Mayor superficie de ataques
No hay duda que la emergencia sanitaria internacionales aceleró la transformación digital de las empresas, muchas de ellas de forma accidentada y por lo tanto, con muchos vacíos desde la perspectiva de seguridad y control. Se pasó de forma urgente de un modelo centralizado de operaciones y aseguramiento, a uno ampliamente basado en terceros (desconectados del marco de seguridad empresarial), con una cultura organizacional de seguridad de la información basada en personas informadas (algunos más conscientes que otras) y con un marco de trabajo en casa que responde a la práctica individual de higiene informática vigente en el hogar.
Este escenario plantea una superficie de conectividad e interacción digital que privilegia la funcionalidad sobre los mínimos de seguridad y control requeridos para un trabajo remoto. Lo anterior, habilita el escenario para crear un tejido digital con numerosos puntos de acceso y posibilidades, que un adversario puede aprovechar desde la inherente y natural forma de actuar de los individuos, hasta las vulnerabilidades técnicas de las plataformas utilizadas por los terceros o sus protocolos, los cuales pueden no estar actualizados o no parchados, lo que sugiere múltiples puntos candidatos para ser pivotes de un ataque, que generalmente termina siendo silencioso y encubierto por conexiones habilitadas y autorizadas (Culot, Fattori, Podrecca & Sartor, 2019).
Si bien la
transformación digital es un proceso que habilita una dinámica ágil y eficiente
de las experiencias de las personas, dadas las condiciones y necesidades
actuales y futuras (HBR, 2019), es necesario que se incorporen y analicen los
retos y capacidades requeridas, para dar cuenta con el apetito de riesgo de la
empresa, para incorporar las innovaciones que demandan sus clientes, y así conectar con los exigentes objetivos
estratégicos empresariales, que buscan posicionar a la empresa en un lugar
privilegiado de su mercado definido.
Propuestas para enfrentar los pronósticos 2021
1. Cultura organizacional de seguridad de la
información – COSI
Si hay un año donde las personas tendrán más relevancia en el contexto de la seguridad y el control será a partir del año entrante dada la alta dependencia de las acciones humanas para el desarrollo de las operaciones de las empresas. Un mayor trabajo remoto, el uso masivo de medios de comunicación, las reuniones bajo la modalidad de videoconferencia, los sitios para compartir información, entre otras actividades, harán evidente el nivel de compromiso, conocimiento, entendimiento y apropiación que los individuos tienen sobre el valor de la información de la empresa.
Tener claridad sobre el nivel de madurez de la COSI deberá ser un indicador clave en la gestión y gobierno de la ciberseguridad/seguridad de la empresas, dado que en la medida que la madurez no avance, la posibilidad que se estanque o retroceda será el riesgo más relevante que se deberá mitigar y anticipar, para continuar incubando los nuevos pivotes que los atacantes van a aprovechar por cuenta del eslabón más fatigado de la cadena: las personas (Cano, 2019).
2. Desarrollo de Playbooks o “libros de jugadas”
Dado que tarde o temprano el atacante tendrá éxito se hace necesario desarrollar estrategias distintas para el tratamiento de los riesgos. Más allá de establecer medidas de mitigación técnicas, es necesario reconocer una vista holística de la dinámica que representa la materialización de un evento adverso, para no actuar de forma errática, que es lo que pretende en últimas el atacante (Bollinger, Enright & Valites, 2015).
Por tanto, diseñar, desarrollar y simular un playbook establece una forma alterna de atender el incierto que generar dicho evento lo que lo define en sí mismo como:
- una estrategia para actuar de forma coordinada,
- una estructura para la toma de decisiones,
- una respuesta a escenarios conocidos y latentes,
- una forma de gestionar riesgos.
3. Aseguramiento de API – Application Program
Interfase
La transformación digital que se adelanta por las organizaciones a nivel global está habilitada técnicamente hablando por terceros de confianza clave y por el uso de API, como fuente de interconexión entre los dispositivos y mecanismos en manos de las personas, y las infraestructuras de los terceros o las organizaciones. En este sentido, el aseguramiento y resistencia a los ataques que deben surtir las API deberán ser parte de la pruebas de mal uso que éstas deben soportar para concretar un nivel de confiabilidad mayor al que se tiene en la actualidad (Ponemon-CyberGRX, 2020).
En consecuencia, se deben tomar las mejores prácticas disponibles a la fecha como pueden ser las guías del OWASP, el SANS o el CISecurity, combinadas con marcos de trabajo para modelar amenazas con el fin de elevar el nivel de confiabilidad de la ejecución de estos mecanismos, y así mejorar la confianza digital necesaria para motivar mejores experiencia en los clientes.
4. Simulaciones y juegos de guerra
Las organizaciones que mejor estén preparadas para asumir el incierto que genera un evento adverso por cuenta de la acelerada transformación digital, son las que mejor van a mantenerse en un escenario altamente conectado. Por tanto, se hace necesario practicar y exponer con frecuencia a la organización a este tipo de contextos a través de simulaciones y juegos de guerra (incluyendo a los terceros claves en su cadena de suministro), como una forma de preparar las respuestas y habilitar a la empresa para enfrentar las inestabilidades que ocasiona estas situaciones (Cano, 2020).
En estos ejercicios se requiere la participación de toda la organización, con el fin de abordar la totalidad de la dinámica empresarial y de esta manera, todos los diferentes perfiles sabrán qué hacer para mantener una actuar y accionar coordinado de la empresa, haciendo más resistente a la organización como un todo, y limitando la configuración zonas grises o puntos ciegos de respuesta, donde un tercero lo suficientemente motivado y entrenado puede exponer la reputación corporativa por un “no sabía que debía hacer”.
5. Habilitar la resiliencia cibernética
Muchos informes ya no hablan de la probabilidad de un ciberataque, sino de cuándo va a ocurrir. Un ciberataque está diseñado para crear incierto e inestabilidad en el modelo de seguridad y control de una organización, con lo cual ninguna organización está exenta de manejar y superar un acción agresiva como esta. Así las cosas, toda empresa requiere ajustar sus modelos de operación basados en mitigación de riesgos, a una lectura de umbrales de operación que le permitan márgenes de actuación y estrategias de resistencia y recuperación eficientes a pesar de haber sido impactadas (Björck, Henkel, Stirna & Zdravkovic, 2015).
De manera que, se requiere desarrollar y habilitar la
resiliencia cibernética (ciber-resiliencia) como una capacidad organizacional requerida
para anticipar, resistir, recuperar, aprender y evolucionar frente a la
materialización de eventos cibernéticos adversos, y continuar asegurando la
promesa de valor empresarial protegiendo la reputación de la compañía. Lo
anterior, demanda comprender la dinámica corporativa de forma holística y
ecosistémica para configurar una protección dinámica por capas y así proveer
estrategias de “falla segura”, como un requisito básico que reconoce el error
como parte del proceso y no como resultado (Bodeau, Graubart, Heinbockel &
Laderman, 2015; Denyer, 2017).
Reflexiones finales
Desarrollar reflexiones alrededor de posibles pronósticos de seguridad/ciberseguridad para los próximos 365 días, es siempre una apuesta incierta comoquiera que muchas veces es posible quedar asombrados por una “sorpresa predecible” como la emergencia sanitaria que tenemos en la actualidad, amenazados por “misiles balísticos nucleares” oxidados y sin mantenimiento en algunas zonas del mundo, por una “guerra híbrida” que se desarrolla por debajo del nivel de la fuerza, por un mal uso de tecnologías emergentes que cambian y afectan la dinámica de las sociedades abiertas y democráticas, o por cambios climáticos inesperados que terminan con desastres que afectan una comunidad local o todo el mundo (Cano, 2020; WEF, 2020).
Por tanto, las apuestas desarrolladas en este documento no buscan marcar un camino o convertirse en referente de toma de decisiones, sino convertirse en una excusa académica y práctica que motive un diálogo estratégico al interior de las organizaciones, para darle forma a los escenarios que se pueden plantear a partir de esta propuesta, y así, definir algunas prioridades de acción particulares y propias, para movilizar de forma prospectiva a las empresas en medio de las volatilidades que se ven delante de la curva.
Los pronósticos de seguridad/ciberseguridad son un ejercicio que buscan detectar algunos patrones de actividad relevante para los modelos de seguridad y control de las empresas. Si bien no son exactos, como son los pronósticos del clima, si buscan configurar un mapa parcial de reconocimiento sobre un territorio de inciertos y cambios permanentes para triangular las posibles posiciones de los adversarios y así, crear inestabilidades en sus modelos de gestión de riesgos (Raban & Hauptman, 2018).
Muchos teóricos y académicos coinciden que no es posible “predecir” el futuro, por lo tanto todos aquellos ejercicios que permitan ver opciones y oportunidades en prospectiva serán de utilidad para mejorar la imaginación, aumentar las posibilidades y así darle mejor forma al futuro, desde el presente. En este sentido, los pronósticos que se plantean en este texto sólo son parte de ese insumo para pensar e imaginar, pues ya cada uno de los lectores tendrá el reto de darle forma concreta en las circunstancia de tiempo, modo y lugar en cada una de sus organizaciones.
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sábado, 8 de agosto de 2020
Ransomware. Más allá de una amenaza tecnológica
Introducción
Noticias recientes en diferentes informes, tanto de industria como de autoridades policiales, reportan que la “extorsión con datos” o denominada “ransomware” se ha convertido en uno de los riesgos y amenazas de mayor relevancia para la seguridad global, no sólo por su versatilidad y capacidad de acción, sino por su expansión e impactos financieros y de reputación a nivel organizacional (Interpol, 2020). En este contexto, esta amenaza digital se configura como un punto de reflexión relevante para los ejecutivos de seguridad y los directivos de las empresas modernas.
Cuando una empresa es afectada por este tipo de extorsión digital, se presenta inmediatamente la pregunta clave: ¿pagamos o no pagamos? Una pregunta que genera, tanto en el sector público como en el privado, tensiones de diferentes magnitudes e implicaciones que levantan “dedos acusadores”, buscan “señalamientos internos”, revelan “detractores de la inversión en seguridad”, y un sin número de sensaciones que cumplen con el propósito del adversario: generar confusión, confrontación y juego de responsabilidades, que le permitan mayor tiempo de acción y posicionamiento frente al momento, para conseguir su fin último, motivar el pago.
Cuando la organización en sus niveles ejecutivos se informa de la materialización de un ransomware buscará explicaciones posiblemente técnicas en primer lugar, luego detallar qué tipo de información es la que está comprometida, cómo afecta esto la operación y finalmente las implicaciones jurídicas que esto conlleva, si la información está sujeta a una protección particular. Con estos datos básicos, los ejecutivos llaman a todos los involucrados para tratar de establecer una vista general de lo que ha pasado y definir una postura base para actuar en consecuencia.
La extorsión con datos es una modalidad de cibercrimen que está apalancada desde el engaño, la curiosidad y las motivaciones humanas que conectan con un patrón de comportamiento que está fundado en las mismas necesidades y relaciones entre los individuos. En este sentido, al identificar aquello que puede ser de interés, y enlazarlo con la dinámica del contexto actual, los adversarios logran mimetizar sus acciones en un tejido social concreto con el fin de abordar a sus posibles víctimas sin que ellas lo noten.
Si adicionalmente a lo anterior, se advierte una baja higiene informática, o ahora en la actualidad, ciberhigiene, que tiene las personas en el contexto digital, la confianza ingenua en los medios y tecnologías disponibles, y el aumento de productos y servicios digitales que se despliegan con limitadas medidas de seguridad y control, los agresores tienen un caldo de cultivo enriquecido y generosos para movilizarse en diferentes sentidos y vectores para lograr sus acciones y planes con poco margen de acción por parte de los afectados.
En consecuencia, este breve documento busca plantear reflexiones alrededor de la realidad del ransomware, con el fin de brindar espacios para pensar sobre cómo abordar este reto, qué margen de acción se puede lograr y sobremanera, cómo encontrar algunos patrones que adviertan sobre el avance de este tipo de amenazas en la organización.
Secuestro de datos. Más allá de un problema de
tecnología
El secuestro en general es uno de los delitos más reprochados y sancionados por la sociedad en los diferentes instrumentos jurídicos de un país democrático. El secuestro priva al ser humano de uno de sus derechos básicos como lo es la libertad y así mismo lo expone al deterioro de su bienestar en diferentes facetas, con afectaciones en múltiples dimensiones de su acción en la sociedad.
El secuestro de datos, no cuenta con una lectura tan amplia y difundida en la sociedad sobre lo que esto significa tanto para las personas como para las empresas en el contexto digital. Este ejercicio, igualmente censurable, que priva a la persona o a las organizaciones de uno de sus activos más importantes como son los datos y la información representa en la actualidad una afrenta directa que pone en peligro los derechos y prerrogativas de las empresas y los seres humanos en su libre actuación en la dinámica social. El secuestro de datos, y su posterior extorsión por parte de terceros, configura una figura delictiva que en su momento deberá ser abordada por diferentes jurisdicciones y acciones legislativas para ser incorporada en los ordenamientos jurídicos nacionales e internacionales (Al-rimy, Aizaini & Zainudeen, 2018).
Cuando la organización se enfrenta al reto de un secuestro de datos, son pocas las maniobras jurídicas que puede activar para tratar de contener posibles efectos adversos en su contra. Por un lado, puede acudir a una póliza de seguros cibernético, que de acuerdo con sus alcances y exclusiones podrá apoyar a la empresa para manejar este momento. Por otro lado, puede lanzarse a negociar con el agresor que ha capturado los datos, con la claridad de que, aun teniendo la forma de restaurar la información, es probable que no pueda hacerlo, o finalmente informar a la autoridad competente para utilizar diferentes estrategias que le permitan encontrar al agresor, desactivar el mecanismo de cifrado, usar los canales diplomáticos si son del caso y así, ajustarse a los cánones establecidos por la constitución y la ley.
El ransomware establece saca de la zona cómoda a los profesionales de seguridad de la información, a los abogados corporativos y a los ejecutivos de primer nivel, habida cuenta que si la información o los datos comprometidos están sujetos a condiciones particulares de protección y debido cuidado, deberán establecer con claridad la manera de responder por la situación a los diferentes grupos de interés afectados. En consecuencia, la organización estará sujeta a un fuego cruzado donde será evaluada frente a sus prácticas de seguridad, privacidad y control, y cómo estas se han venido desarrollando y aplicando, y por otro lado, las tensiones jurídicas, con sus respectivas sanciones (generalmente económicas), que pueden terminar impactando la reputación en su sector de negocio.
Hablar del secuestro y la extorsión con datos, es una temática que va más allá del fenómeno tecnológico que la materializa. Es habilitar una vista sistémica de la problemática que conecta las prácticas de seguridad, las relaciones empresariales, los marcos jurídicos, los aseguradores, las vulnerabilidades tecnológicos y sobremanera, los comportamientos humanos (Sittig & Singh, 2016).
Materialización del ransomware. Dos lados una misma ecuación
Las acciones que se siguen luego de un secuestro, que generalmente tiene algún tipo de motivación (no siempre económica), llevan a un contacto directo o indirecto con los grupos de interés de la víctima, con el fin de iniciar un juego de emociones y tensiones que buscan doblegar la voluntad de la parte afectada. Para ello, las pruebas de supervivencia, las llamadas amenazantes y las manifestaciones visibles que generan incertidumbre (fotos, símbolos, o pertenencias), son piezas fundamentales para crear la necesidad y las acciones necesarias que lleven al cumplimiento del objetivo del agresor.
En el mundo digital, el ransomware tiene al menos dos vistas en la actualidad. Secuestro de información o datos (generalmente relevantes) por los cuales hay que pagar un rescate (y de no hacerlo se procederá a su destrucción o desaparición), o acceso a información sensible o comprometedora, que podrá ser expuesta (con posible afectación de la reputación), sino hay un pago al delincuente digital (Baykara & Sekin, 2018). En ambos casos, los delincuentes buscarán relevar pruebas a sus víctimas de que la acción es real y seria, sin perjuicio de motivar decisiones ágiles al respecto, para lo cual incluyen cuentas regresivas visibles o mensajes de voz modificados para intimidar a las empresas o las personas y medios de contacto basados en cuentas de correo anónimas o descartables.
Al evaluar la materialización de un evento como el ransomaware habrá que mirar los dos lados de la ecuación: a la empresa (o la persona), así como al atacante. Por el lado de la persona o la empresa el análisis puede incluir, entre otros aspectos:
- Nivel de aseguramiento de las prácticas de seguridad y control
- Nivel de afinamiento y uso de las tecnologías de seguridad y control disponibles.
- Pruebas y lecciones aprendidas de la evaluación y seguimiento a los planes de recuperación y continuidad de negocio
- Análisis de comportamientos de navegación y uso de internet
- Nivel de desarrollo de cultura de seguridad de la información (incluida la ciberhigiene personal)
- Análisis prospectivos de riesgos latentes y emergentes en el contexto de las operaciones y estrategias de la empresa
- Definición del apetito al riesgo empresarial (o personal) (Herrera Silva, Barona López, Valdivieso Caraguay & Hernández-Álvarez, 2019).
Cualquier deficiencia o resultado que no corresponda a lo esperado en cada uno de estos elementos previamente mencionados, será asociado con una limitada capacidad de gestión tanto de la organización como de la persona frente al debido cuidado que deben tener en la protección de la información o los datos que tienen a cargo o de su propiedad, lo que en últimas se traduce en una posible acción negligente que podría ser comprobada vía ejercicios de auditoría o verificación independiente.
Ahora desde la perspectiva del agresor, el análisis puede incluir entre otros aspectos los siguientes:
- Nivel de especialización y habilidad para desarrollar inteligencia
- Motivaciones específicas que llevan a la acción
- Uso de herramientas conocidas o especializadas
- Conexiones con otros grupos criminales
- Pagos basados en criptomonedas, o monetizaciones de otras formas
- Patrones de actuación previos
- Antecedentes disponibles a nivel nacional o internacional (Cano, 2020).
Cualquier información que se cuente basado en el listado anterior, ofrecerá orientaciones y pistas para seguir el rastro del atacante. Cada uno de ellos ayudará a darle forma al rompecabezas que implica conectar las diferentes acciones del agresor, con el fin de encontrar patrones consistentes que den luces para reconstruir su acción criminal y así, lograr en el mejor de los casos su ubicación y captura. Esto no siempre se logra y por lo tanto, cuanta más información confiable y relevante se pueda obtener, mejores mapas se podrán delinear sobre un territorio siempre incierto que plantea el adversario (El-Kosairy & Azer, 2018).
Acciones frente al secuestro y extorsión con datos.
Algunas ideas convencionales y no convencionales
Cuando una organización sufre de la materialización de un ransomware, debe considerar las dos partes de la ecuación y no sólo concentrarse en el dolor que esto genera al interior, con las consecuencias naturales que esto trae desde el punto de responsabilidades individuales y colectivas.
En este sentido, se plantean algunas acciones convencionales que las empresas o personas aplican cuando se ha concretado el secuestro y la extorsión con datos, lo cual implica consecuencias que ponen en riesgo la reputación de la empresa.
- Contratar o buscar servicios especializados para restaurar los datos que se han comprometido. Este tipo de servicios generalmente son costosos e implican usos de herramientas particulares que tratan de encontrar patrones y establecer vías alternas para tener acceso a los datos, lo que no siempre se logra.
- Contactar a los proveedores de herramientas de seguridad y control, o sus contactos para establecer alternativas que permitan encontrar maneras de recuperar la información o parte de ella. Esta acción, generalmente suele generar logros discretos comoquiera que existen centros de investigación asociados que pueden dar luces al respecto.
- Usar los respaldos de información con los que cuenta la empresa o la persona, los cuales generalmente no responden a una práctica sistemática y validada. Esta estrategia suele funcionar de forma parcial dado que la actualización de la información respaldada define el nivel alcance y maniobra que la organización o la persona puede tener. El uso de esta información como forma de recuperación podrá generar deficiencias y diferencias al ser usada.
- Pagar al agresor en los términos y condiciones que este indique para poder recuperar la información que se ha comprometido. Cuando se toma esta opción las organizaciones y empresas saben que estarán pagando un soborno, lo cual es abiertamente ilegal, y por otro lado, que siempre podrán recuperar toda la información y tendrán la duda permanente, si el agresor no ha hecho copias adicionales con las cuales pueda negociar en otro momento.
Otra manera de actuar frente a la materialización del ransomware, es incorporar estrategias no convencionales que generen mayor incierto en la ecuación de riesgos del atacante. Esto es, que lo lleve a actuaciones erráticas que habiliten mejores posibilidades para su identificación y seguimiento. Esto se traduce, en comprender con claridad las perspectivas y expectativas del agresor para jugar de forma diferente en el mismo campo que el adversario propone. Lo anterior se traduce en:
- Atribución – Mostrar con datos concretos y comunicaciones creíbles que han logrado identificar patrones que permiten establecer la identidad de la persona o grupo que ha intervenido en el secuestro.
- Evidencias – Detallar e ilustrar cómo los mecanismos de seguridad y control cuentan con evidencias de los patrones del agresor, lo cual establece una línea de acción concreta para identificar a los posibles atacantes.
- Represalias – Crear un ambiente y entorno basado en los dos temas anteriores, para anunciar acciones legales y seguimientos a nivel local e internacional que pueden terminar en la captura y judicialización de los adversarios.
- Apetito al riesgo – Detallar con hechos y datos cómo la organización está preparada para asumir el evento, con lo cual los impactos que se pueden tener no son los esperados por el agresor y por lo tanto, su capacidad de presión y negociación se pueden limitar (Saydjari, 2018).
Cualquiera de las acciones convencionales que se tome tendrá como resultado mantener el status quo de incertidumbre que propone el adversario, lo que generalmente le dará la ventaja para mantener el control de la situación. Adicionalmente este tipo de acciones estarán ajustadas al ordenamiento legal (con excepción del pago de la extorsión) lo que le dará tranquilidad a los ejecutivos en sus marcos de cumplimiento y reporte a los entes de control.
Tomar acciones no convencionales, es hacer una apuesta arriesgada que puede tener o no resultados positivos. Es un ejercicio de inteligencia y contrainteligencia para movilizar los esfuerzos de la organización en un terreno donde no está acostumbrada a jugar, para lo cual deberá tener serenidad y estar dispuesta a correr riesgos para movilizar al atacante de su trinchera y motivar acciones que le permitan ver movimientos que el agresor no tenía previstos y que lo obliguen a salirse del guión que había planeado frente a sus víctimas. Es claro que para navegar en este tipo de actuación deberá contar con acompañamiento y asesoría para cometer el menor número de errores (Jiménez, 2019).
Reflexiones finales
El ransomware es una modalidad de crimen organizado que es fruto de la transformación digital de la criminalidad desde hace más de 10 o 15 años, cuando se iniciaba con el tema de las botnets, herramientas de acceso remoto y los caballos de troya. Poder tener control de un equipo sin que la víctima se dé cuenta, es uno de las expresiones y motivaciones más relevantes que experimentan los atacantes para concretar acciones delictivas basadas en el posible anonimato o irrastreabilidad que esto puede llevar (Kardile, 2017).
Los supuestos actuales de la criminalidad digital como son a) el máximo anonimato, con la mínima evidencia, b) la máxima ambigüedad jurídica con el mínimo conocimiento tecnológico disponible y c) la máxima efectividad de su acciones, con el mínimo esfuerzo establecen una economía del cibercrimen que habilitan el desarrollo de capacidades técnicas, sociales y de inteligencia lo suficientemente sofisticadas, para aumentar el nivel de incierto en las personas, las organizaciones y los países, y así motivar acciones ilegales lucrativas que pueden pasar por debajo de los radares de las autoridades oficiales (Interpol, 2020).
El ransomware es una expresión convergente del aprovechamiento por parte del “lado oscuro de la fuerza” de las tecnologías disruptivas, de la sensibilidad y comprensión de los nuevas apuestas de las organizaciones en el contexto digital, y sobremanera de la masificación y multiplicación de los productos y servicios basados en tecnología, que las personas y organizaciones pueden usar para cambiar la manera de hacerlas cosas, particularmente hacerlas de forma más ágil y sencilla.
El aumento de la conectividad y la mayor superficie digital disponible en la dinámica social, fruto de una creciente densidad digital y convergencia tecnológica, hace que los flujos de datos e información, se conviertan en activos fundamentales tanto para los individuos como las empresas (Do, Martini & Choo, 2018). En este contexto, los datos y la información representan y definen la identidad y la presencia de los seres humanos en esta nueva realidad, lo cual manifiesta y revela una lectura extendida de derechos y deberes que se deben entender y asumir para armonizar las relaciones de las personas ahora conectadas y digitalmente aumentadas en una sociedad tecnológicamente modificada (Bechmann, 2019).
En consecuencia, el secuestro y extorsión de datos establece una agresión digital de especial relevancia para la dinámica social actual, dado que lo que está en juego va más allá de la acción tecnológica que esto lleva, esto es, comprometer y afectar derechos de personas y empresas que pueden tener implicaciones a nivel político, económico, social, tecnológico y hasta ecológico, si lo que se compromete, está asociado con una infraestructura crítica de una nación (Pankov, 2020).
Por tanto, cuando una persona u organización es víctima de un ransomware deberá pensar muy bien sus estrategias de acción, para establecer con cabeza fría y visión holística, el camino a seguir para limitar tanto como se pueda los efectos adversos de esta condición, y analizar si quiere o no, entrar al tablero del juego incierto del agresor, para desde allí, formular estrategias que lleven al adversario a acciones no previstas y así lograr una mejor posición de negociación, sin ningún tipo de garantías ni reglas claras que seguir.
Referencias
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Bechmann, A. (2019). Data as
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Herrera Silva, J. A.; Barona
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Jiménez, F. (2019). Manual de inteligencia y contrainteligencia.
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Sittig, D. F., & Singh, H. (2016). A Socio-Technical Approach to Preventing, Mitigating, and Recovering from Ransomware Attacks. Applied clinical informatics, 7(2), 624–632. Doi: 10.4338/ACI-2016-04-SOA-0064
sábado, 2 de mayo de 2020
Superficie de ataque empresarial. Más allá de las probabilidades y las listas de chequeo
- Riesgos altamente interconectados con relaciones causa-efecto no lineales,
- Riesgos que implican poco conocimiento acerca de las interconexiones en entornos interdependientes,
- Riesgos donde no se cuentan con controles específicos.
- Los factores que afectan los acontecimientos no cambian,
- Los eventos son ligeramente aleatorios,
- Los eventos extremos son raros,
- Los pronósticos son exactos y fiables,
- Los eventos son independientes unos de otros,
- Los mercados son eficientes y racionales,
- aumento del flujo de datos privados y públicos en la red,
- aumento de las descargas locales de información (pública y sensible),
- aumento de equipos sin parches aplicados,
- aumento de conversaciones con información propia del negocio fuera de la empresa,
- aumento de patrones de actividad inusual en las redes,
- aumento del uso de redes WIFI sin seguridad,
- aumento del uso de equipos personales (muchas veces sin medidas de seguridad básicas),
- aumento de los engaños basados en los inciertos de la crisis,
- aumento de comportamientos inadecuados de las personas,
- ¿Conoce con certeza los puntos de integración de sus fuentes de datos, las aplicaciones y servicios? ¿Se hicieron pruebas de mal uso?
- ¿Sabe usted cuál es su nuevo perímetro de seguridad? ¿Cuenta con el listado de sus terceros y sus niveles de aseguramiento?
- ¿Qué acciones seguiría si se compromete la integridad de la configuración de un active digital? ¿Ha efectuado simulaciones al respecto?
- ¿Cómo sabría si luego de contener un ataque, el adversario no sigue ahí?
- ¿Con qué apoyo externo/interno contarías frente a un ciberataque? ¿Sabe a que autoridad debe reportar el evento y sus impactos?