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sábado, 8 de agosto de 2020

Ransomware. Más allá de una amenaza tecnológica

Introducción

Noticias recientes en diferentes informes, tanto de industria como de autoridades policiales, reportan que la “extorsión con datos” o denominada “ransomware” se ha convertido en uno de los riesgos y amenazas de mayor relevancia para la seguridad global, no sólo por su versatilidad y capacidad de acción, sino por su expansión e impactos financieros y de reputación a nivel organizacional (Interpol, 2020). En este contexto, esta amenaza digital se configura como un punto de reflexión relevante para los ejecutivos de seguridad y los directivos de las empresas modernas.

Cuando una empresa es afectada por este tipo de extorsión digital, se presenta inmediatamente la pregunta clave: ¿pagamos o no pagamos? Una pregunta que genera, tanto en el sector público como en el privado, tensiones de diferentes magnitudes e implicaciones que levantan “dedos acusadores”, buscan “señalamientos internos”, revelan “detractores de la inversión en seguridad”, y un sin número de sensaciones que cumplen con el propósito del adversario: generar confusión, confrontación y juego de responsabilidades, que le permitan mayor tiempo de acción y posicionamiento frente al momento, para conseguir su fin último, motivar el pago.

Cuando la organización en sus niveles ejecutivos se informa de la materialización de un ransomware buscará explicaciones posiblemente técnicas en primer lugar, luego detallar qué tipo de información es la que está comprometida, cómo afecta esto la operación y finalmente las implicaciones jurídicas que esto conlleva, si la información está sujeta a una protección particular. Con estos datos básicos, los ejecutivos llaman a todos los involucrados para tratar de establecer una vista general de lo que ha pasado y definir una postura base para actuar en consecuencia.

La extorsión con datos es una modalidad de cibercrimen que está apalancada desde el engaño, la curiosidad y las motivaciones humanas que conectan con un patrón de comportamiento que está fundado en las mismas necesidades y relaciones entre los individuos. En este sentido, al identificar aquello que puede ser de interés, y enlazarlo con la dinámica del contexto actual, los adversarios logran mimetizar sus acciones en un tejido social concreto con el fin de abordar a sus posibles víctimas sin que ellas lo noten.

Si adicionalmente a lo anterior, se advierte una baja higiene informática, o ahora en la actualidad, ciberhigiene, que tiene las personas en el contexto digital, la confianza ingenua en los medios y tecnologías disponibles, y el aumento de productos y servicios digitales que se despliegan con limitadas medidas de seguridad y control, los agresores tienen un caldo de cultivo enriquecido y generosos para movilizarse en diferentes sentidos y vectores para lograr sus acciones y planes con poco margen de acción por parte de los afectados.

En consecuencia, este breve documento busca plantear reflexiones alrededor de la realidad del ransomware, con el fin de brindar espacios para pensar sobre cómo abordar este reto, qué margen de acción se puede lograr y sobremanera, cómo encontrar algunos patrones que adviertan sobre el avance de este tipo de amenazas en la organización.

Secuestro de datos. Más allá de un problema de tecnología

El secuestro en general es uno de los delitos más reprochados y sancionados por la sociedad en los diferentes instrumentos jurídicos de un país democrático. El secuestro priva al ser humano de uno de sus derechos básicos como lo es la libertad y así mismo lo expone al deterioro de su bienestar en diferentes facetas, con afectaciones en múltiples dimensiones de su acción en la sociedad.

El secuestro de datos, no cuenta con una lectura tan amplia y difundida en la sociedad sobre lo que esto significa tanto para las personas como para las empresas en el contexto digital. Este ejercicio, igualmente censurable, que priva a la persona o a las organizaciones de uno de sus activos más importantes como son los datos y la información representa en la actualidad una afrenta directa que pone en peligro los derechos y prerrogativas de las empresas y los seres humanos en su libre actuación en la dinámica social. El secuestro de datos, y su posterior extorsión por parte de terceros, configura una figura delictiva que en su momento deberá ser abordada por diferentes jurisdicciones y acciones legislativas para ser incorporada en los ordenamientos jurídicos nacionales e internacionales (Al-rimy, Aizaini & Zainudeen, 2018).

Cuando la organización se enfrenta al reto de un secuestro de datos, son pocas las maniobras jurídicas que puede activar para tratar de contener posibles efectos adversos en su contra. Por un lado, puede acudir a una póliza de seguros cibernético, que de acuerdo con sus alcances y exclusiones podrá apoyar a la empresa para manejar este momento. Por otro lado, puede lanzarse a negociar con el agresor que ha capturado los datos, con la claridad de que, aun teniendo la forma de restaurar la información, es probable que no pueda hacerlo, o finalmente informar a la autoridad competente para utilizar diferentes estrategias que le permitan encontrar al agresor, desactivar el mecanismo de cifrado, usar los canales diplomáticos si son del caso y así, ajustarse a los cánones establecidos por la constitución y la ley.

El ransomware establece saca de la zona cómoda a los profesionales de seguridad de la información, a los abogados corporativos y a los ejecutivos de primer nivel, habida cuenta que si la información o los datos comprometidos están sujetos a condiciones particulares de protección y debido cuidado, deberán establecer con claridad la manera de responder por la situación a los diferentes grupos de interés afectados. En consecuencia, la organización estará sujeta a un fuego cruzado donde será evaluada frente a sus prácticas de seguridad, privacidad y control, y cómo estas se han venido desarrollando y aplicando, y por otro lado, las tensiones jurídicas, con sus respectivas sanciones (generalmente económicas), que pueden terminar impactando la reputación en su sector de negocio.

Hablar del secuestro y la extorsión con datos, es una temática que va más allá del fenómeno tecnológico que la materializa. Es habilitar una vista sistémica de la problemática que conecta las prácticas de seguridad, las relaciones empresariales, los marcos jurídicos, los aseguradores, las vulnerabilidades tecnológicos y sobremanera, los comportamientos humanos (Sittig & Singh, 2016).

Materialización del ransomware. Dos lados una misma ecuación

Las acciones que se siguen luego de un secuestro, que generalmente tiene algún tipo de motivación (no siempre económica), llevan a un contacto directo o indirecto con los grupos de interés de la víctima, con el fin de iniciar un juego de emociones y tensiones que buscan doblegar la voluntad de la parte afectada. Para ello, las pruebas de supervivencia, las llamadas amenazantes y las manifestaciones visibles que generan incertidumbre (fotos, símbolos, o pertenencias), son piezas fundamentales para crear la necesidad y las acciones necesarias que lleven al cumplimiento del objetivo del agresor.

En el mundo digital, el ransomware tiene al menos dos vistas en la actualidad. Secuestro de información o datos (generalmente relevantes) por los cuales hay que pagar un rescate (y de no hacerlo se procederá a su destrucción o desaparición), o acceso a información sensible o comprometedora, que podrá ser expuesta (con posible afectación de la reputación), sino hay un pago al delincuente digital (Baykara & Sekin, 2018). En ambos casos, los delincuentes buscarán relevar pruebas a sus víctimas de que la acción es real y seria, sin perjuicio de motivar decisiones ágiles al respecto, para lo cual incluyen cuentas regresivas visibles o mensajes de voz modificados para intimidar a las empresas o las personas y medios de contacto basados en cuentas de correo anónimas o descartables.

Al evaluar la materialización de un evento como el ransomaware habrá que mirar los dos lados de la ecuación: a la empresa (o la persona), así como al atacante. Por el lado de la persona o la empresa el análisis puede incluir, entre otros aspectos:

  • Nivel de aseguramiento de las prácticas de seguridad y control
  • Nivel de afinamiento y uso de las tecnologías de seguridad y control disponibles.
  • Pruebas y lecciones aprendidas de la evaluación y seguimiento a los planes de recuperación y continuidad de negocio
  • Análisis de comportamientos de navegación y uso de internet
  • Nivel de desarrollo de cultura de seguridad de la información (incluida la ciberhigiene personal)
  • Análisis prospectivos de riesgos latentes y emergentes en el contexto de las operaciones y estrategias de la empresa
  • Definición del apetito al riesgo empresarial (o personal) (Herrera Silva, Barona López, Valdivieso Caraguay & Hernández-Álvarez, 2019).

Cualquier deficiencia o resultado que no corresponda a lo esperado en cada uno de estos elementos previamente mencionados, será asociado con una limitada capacidad de gestión tanto de la organización como de la persona frente al debido cuidado que deben tener en la protección de la información o los datos que tienen a cargo o de su propiedad, lo que en últimas se traduce en una posible acción negligente que podría ser comprobada vía ejercicios de auditoría o verificación independiente. 

Ahora desde la perspectiva del agresor, el análisis puede incluir entre otros aspectos los siguientes:

  • Nivel de especialización y habilidad para desarrollar inteligencia
  • Motivaciones específicas que llevan a la acción
  • Uso de herramientas conocidas o especializadas
  • Conexiones con otros grupos criminales
  • Pagos basados en criptomonedas, o monetizaciones de otras formas
  • Patrones de actuación previos
  • Antecedentes disponibles a nivel nacional o internacional (Cano, 2020).

Cualquier información que se cuente basado en el listado anterior, ofrecerá orientaciones y pistas para seguir el rastro del atacante. Cada uno de ellos ayudará a darle forma al rompecabezas que implica conectar las diferentes acciones del agresor, con el fin de encontrar patrones consistentes que den luces para reconstruir su acción criminal y así, lograr en el mejor de los casos su ubicación y captura. Esto no siempre se logra y por lo tanto, cuanta más información confiable y relevante se pueda obtener, mejores mapas se podrán delinear sobre un territorio siempre incierto que plantea el adversario (El-Kosairy & Azer, 2018).

Acciones frente al secuestro y extorsión con datos. Algunas ideas convencionales y no convencionales

Cuando una organización sufre de la materialización de un ransomware, debe considerar las dos partes de la ecuación y no sólo concentrarse en el dolor que esto genera al interior, con las consecuencias naturales que esto trae desde el punto de responsabilidades individuales y colectivas.

En este sentido, se plantean algunas acciones convencionales que las empresas o personas aplican cuando se ha concretado el secuestro y la extorsión con datos, lo cual implica consecuencias que ponen en riesgo la reputación de la empresa.

  • Contratar o buscar servicios especializados para restaurar los datos que se han comprometido. Este tipo de servicios generalmente son costosos e implican usos de herramientas particulares que tratan de encontrar patrones y establecer vías alternas para tener acceso a los datos, lo que no siempre se logra.
  • Contactar a los proveedores de herramientas de seguridad y control, o sus contactos para establecer alternativas que permitan encontrar maneras de recuperar la información o parte de ella. Esta acción, generalmente suele generar logros discretos comoquiera que existen centros de investigación asociados que pueden dar luces al respecto.
  • Usar los respaldos de información con los que cuenta la empresa o la persona, los cuales generalmente no responden a una práctica sistemática y validada. Esta estrategia suele funcionar de forma parcial dado que la actualización de la información respaldada define el nivel alcance y maniobra que la organización o la persona puede tener. El uso de esta información como forma de recuperación podrá generar deficiencias y diferencias al ser usada.
  • Pagar al agresor en los términos y condiciones que este indique para poder recuperar la información que se ha comprometido. Cuando se toma esta opción las organizaciones y empresas saben que estarán pagando un soborno, lo cual es abiertamente ilegal, y por otro lado, que siempre podrán recuperar toda la información y tendrán la duda permanente, si el agresor no ha hecho copias adicionales con las cuales pueda negociar en otro momento.

Otra manera de actuar frente a la materialización del ransomware, es incorporar estrategias no convencionales que generen mayor incierto en la ecuación de riesgos del atacante. Esto es, que lo lleve a actuaciones erráticas que habiliten mejores posibilidades para su identificación y seguimiento. Esto se traduce, en comprender con claridad las perspectivas y expectativas del agresor para jugar de forma diferente en el mismo campo que el adversario propone. Lo anterior se traduce en:

  • Atribución – Mostrar con datos concretos y comunicaciones creíbles que han logrado identificar patrones que permiten establecer la identidad de la persona o grupo que ha intervenido en el secuestro.
  • Evidencias – Detallar e ilustrar cómo los mecanismos de seguridad y control cuentan con evidencias de los patrones del agresor, lo cual establece una línea de acción concreta para identificar a los posibles atacantes.
  • Represalias – Crear un ambiente y entorno basado en los dos temas anteriores, para anunciar acciones legales y seguimientos a nivel local e internacional que pueden terminar en la captura y judicialización de los adversarios.
  • Apetito al riesgo – Detallar con hechos y datos cómo la organización está preparada para asumir el evento, con lo cual los impactos que se pueden tener no son los esperados por el agresor y por lo tanto, su capacidad de presión y negociación se pueden limitar (Saydjari, 2018).

Cualquiera de las acciones convencionales que se tome tendrá como resultado mantener el status quo de incertidumbre que propone el adversario, lo que generalmente le dará la ventaja para mantener el control de la situación. Adicionalmente este tipo de acciones estarán ajustadas al ordenamiento legal (con excepción del pago de la extorsión) lo que le dará tranquilidad a los ejecutivos en sus marcos de cumplimiento y reporte a los entes de control.

Tomar acciones no convencionales, es hacer una apuesta arriesgada que puede tener o no resultados positivos. Es un ejercicio de inteligencia y contrainteligencia para movilizar los esfuerzos de la organización en un terreno donde no está acostumbrada a jugar, para lo cual deberá tener serenidad y estar dispuesta a correr riesgos para movilizar al atacante de su trinchera y motivar acciones que le permitan ver movimientos que el agresor no tenía previstos y que lo obliguen a salirse del guión que había planeado frente a sus víctimas. Es claro que para navegar en este tipo de actuación deberá contar con acompañamiento y asesoría para cometer el menor número de errores (Jiménez, 2019).

Reflexiones finales

El ransomware es una modalidad de crimen organizado que es fruto de la transformación digital de la criminalidad desde hace más de 10 o 15 años, cuando se iniciaba con el tema de las botnets, herramientas de acceso remoto y los caballos de troya. Poder tener control de un equipo sin que la víctima se dé cuenta, es uno de las expresiones y motivaciones más relevantes que experimentan los atacantes para concretar acciones delictivas basadas en el posible anonimato o irrastreabilidad que esto puede llevar (Kardile, 2017).

Los supuestos actuales de la criminalidad digital como son a) el máximo anonimato, con la mínima evidencia, b) la máxima ambigüedad jurídica con el mínimo conocimiento tecnológico disponible y c) la máxima efectividad de su acciones, con el mínimo esfuerzo establecen una economía del cibercrimen que habilitan el desarrollo de capacidades técnicas, sociales y de inteligencia lo suficientemente sofisticadas, para aumentar el nivel de incierto en las personas, las organizaciones y los países, y así motivar acciones ilegales lucrativas que pueden pasar por debajo de los radares de las autoridades oficiales (Interpol, 2020).

El ransomware es una expresión convergente del aprovechamiento por parte del “lado oscuro de la fuerza” de las tecnologías disruptivas, de la sensibilidad y comprensión de los nuevas apuestas de las organizaciones en el contexto digital, y sobremanera de la masificación y multiplicación de los productos y servicios basados en tecnología, que las personas y organizaciones pueden usar para cambiar la manera de hacerlas cosas, particularmente hacerlas de forma más ágil y sencilla.

El aumento de la conectividad y la mayor superficie digital disponible en la dinámica social, fruto de una creciente densidad digital y convergencia tecnológica, hace que los flujos de datos e información, se conviertan en activos fundamentales tanto para los individuos como las empresas (Do, Martini  & Choo, 2018). En este contexto, los datos y la información representan y definen la identidad y la presencia de los seres humanos en esta nueva realidad, lo cual manifiesta y revela una lectura extendida de derechos y deberes que se deben entender y asumir para armonizar las relaciones de las personas ahora conectadas y digitalmente aumentadas en una sociedad tecnológicamente modificada (Bechmann, 2019).

En consecuencia, el secuestro y extorsión de datos establece una agresión digital de especial relevancia para la dinámica social actual, dado que lo que está en juego va más allá de la acción tecnológica que esto lleva, esto es, comprometer y afectar derechos de personas y empresas que pueden tener implicaciones a nivel político, económico, social, tecnológico y hasta ecológico, si lo que se compromete, está asociado con una infraestructura crítica de una nación (Pankov, 2020).

Por tanto, cuando una persona u organización es víctima de un ransomware deberá pensar muy bien sus estrategias de acción, para establecer con cabeza fría y visión holística, el camino a seguir para limitar tanto como se pueda los efectos adversos de esta condición, y analizar si quiere o no, entrar al tablero del juego incierto del agresor, para desde allí, formular estrategias que lleven al adversario a acciones no previstas y así lograr una mejor posición de negociación, sin ningún tipo de garantías ni reglas claras que seguir.

Referencias

Al-rimy, B., Aizaini, M. & Zainudeen, S. (2018). Ransomware threat success factors, taxonomy, and countermeasures: A survey and research directions. Computers & Security. 74, 144-166. Doi: 10.1016/j.cose.2018.01.001

Baykara, M. & Sekin, B. (2018). A novel approach to ransomware: Designing a safe zone system. 2018 6th International Symposium on Digital Forensic and Security (ISDFS), Antalya. 1-5. Doi: 10.1109/ISDFS.2018.8355317

Bechmann, A. (2019). Data as humans: Representation, Accountability, and Equality in Big data. En Jorgensen, R. F. (editor) (2019) Human rights in the age of platforms. Cambridge, MA. USA: MIT Press. 73-94.

Cano, J. (2020). Modelo SOCIA. Una reflexión conceptual y práctica desde la perspectiva del adversario. Actas X Congreso Iberoamericano de Seguridad Informática 2020. Universidad Politécnica de Madrid - Universidad del Rosario. Enero. Doi: 10.12804/si9789587844337.09

Do, Q., Martini, B.  & Choo, R. (2018). Cyber-Physical Systems Information Gathering: A Smart Home Case Study. Computer Networks. 138. 1-12.  doi: 10.1016/j.comnet.2018.03.024

El-Kosairy, A. & Azer, M. A. (2018). Intrusion and ransomware detection system. 2018 1st International Conference on Computer Applications & Information Security (ICCAIS), Riyadh. 1-7, Doi: 10.1109/CAIS.2018.8471688

Herrera Silva, J. A.; Barona López, L. I.; Valdivieso Caraguay, A. L. & Hernández-Álvarez, M. (2019). A Survey on Situational Awareness of Ransomware Attacks—Detection and Prevention Parameters. Remote Sens. 11(10). 1-20. Doi: 10.3390/rs11101168

Interpol (2020). Cybercrimen: Covid-19 Impact. August. De: https://www.interpol.int/es/content/download/15526/file/COVID-19%20Cybercrime%20Analysis%20Report-%20August%202020.pdf

Jiménez, F. (2019). Manual de inteligencia y contrainteligencia. Tercera edición. Sevilla, España: CISDE.

Kardile, A. (2017). Crypto ransomware analysis and detection using process monitor. Master Thesis. University of Texas, Arlington. De: http://hdl.handle.net/10106/27184

Pankov, N. (2020). Lazarus experimenta con un nuevo ransomware. Kaspersky Latam. De: https://latam.kaspersky.com/blog/lazarus-vhd-ransomware/19773

Saydjari, O. (2018). Engineering trustworthy systems: get cybersecurity design right the first time. New York, USA.: McGraw Hill

Sittig, D. F., & Singh, H. (2016). A Socio-Technical Approach to Preventing, Mitigating, and Recovering from Ransomware Attacks. Applied clinical informatics, 7(2), 624–632. Doi: 10.4338/ACI-2016-04-SOA-0064

lunes, 1 de noviembre de 2010

Facilitando la madurez de la función de seguridad: Algunos arquetipos propuestos

Según un informe reciente de Forrester Research denominado “Use Organizational and Professional Archetypes to accelerate security organization maturity”, son las expectativas del negocio sobre la organización de la seguridad la que define el proceso de madurez de la función de seguridad de la información de una organización. Esto es, identificar el foco o interés particular de la alta gerencia sobre la protección de los activos de información y detallar las preocupaciones que estos altos ejecutivos tienen frente a sus grupos de interés.

En este sentido, el artículo establece cuatro arquetipos (modelos de referencia base) que permiten comprender focos de acción que los responsables de la seguridad de la información pueden tener, según los casos estudiados por la firma consultora. Los cuatro arquetipos de profesionales de la seguridad identificados son: security practitioner, security architect, security strategist y business partner. Los dos primeros hacen referencia a una vista eminentemente operacional y de cumplimiento, el siguiente se mueve por una vista de riesgos y el último como un facilitador del negocio.

Cuando se revisa el security practitioner, tenemos el especialista técnico de la seguridad, el cual se encuentra concentrado en las amenazas de seguridad y operación de controles tecnológicos, quien constantemente tiene como foco la realización de los análisis de vulnerabilidades, monitoreo de la infraestructura tecnológica de seguridad y el mantenimiento de su nivel de parches. Cuando encontramos este arquetipo en las organizaciones podemos advertir que la alta gerencia ve la función de seguridad como un componente técnico propio de la infraestructura y como guardián de la información en el nivel operacional de la misma.

De otra parte, cuando las regulaciones internacionales comienzan a ejercer presión sobre los objetivos de negocio, la reputación y el mantenimiento de un estatus en un entorno global, aparece el arquetipo del security architect, quien si dejar de mantener una vista operacional, traduce los requerimientos de seguridad en controles técnicos operativos, los cuales se incorporan de manera inmediata y algunas veces, sin mayores condiciones o estrategia de gestión del cambio, en la operación de la empresa. Esta distinción de la seguridad, que pasa de una vista de amenazas de seguridad a una de cumplimiento regulatorio, permite al responsable de la seguridad pensar un poco más allá del hacer y actuar en seguridad, para lanzarlo a comprender el verificar, como una función más de aseguramiento que de operación.

Muchas organizaciones se mantienen en estos dos arquetipos sin mayores cambios, dado que cumplen con las expectativas de la gerencia frente a sus preocupaciones con los activos de información. Sin embargo, cuando la función de seguridad de la información, sabe que hace parte del sistema de administración de riesgos de la empresa y que sus acciones están encaminadas a comprender y tratar los riesgos propios de la tecnología, hace su aparición el arquetipo denominado security strategist. Este modelo o desarrollo de la función de seguridad, es un momento en el que el responsable de la seguridad de la información comprende que su misión real, más allá de un hacer y un actuar en la infraestructura, es el planear y verificar que le permita conocer con mayor detalle las funciones de negocio y cómo a través de los flujos de información es capaz de ver su aporte a la ecuación de utilidad de la firma.

La distinción de riesgos sobre los activos de información es una forma concreta y real de advertir en el lenguaje de los ejecutivos de la firma, los niveles de exposición de la información y los impactos que se pueden tener por un inadecuado tratamiento de los mismos. El security strategist, sabe y comprende mejor su responsabilidad como asesor táctico del negocio, como función clave dentro de la manera como la empresa apalanca función generadora de valor en mediano y largo plazo.

Es frecuente escuchar en las juntas directivas y comités de alto nivel que la seguridad no habla el lenguaje de los negocios y que los negocios hablan un lenguaje de seguridad, cifrado en las expectativas de valor y generación de confianza con sus grupos de interés. Cuando la función de seguridad puede quebrar el criptosistema que recubre las peticiones de los presidentes de las empresas o mejor aún, el responsable de seguridad es capaz de proponer elementos de negocio basados en una estrategia de protección de la información que maduren y desarrollen las perspectivas de la gerencia, visibles en el pérdidas y ganancias tangible o intangible de empresa estamos hablando del arquetipo del Business Partner.

Este arquetipo comprende el riesgo empresarial y sus impactos en cada proceso de negocio, lo que le posibilita un lenguaje de riesgo articulado en las impresiones de la gerencia, que sabiendo los desbalances de los mercados y las afectaciones de sus portafolios de inversiones, son capaces de incorporar en estas reflexiones los impactos de las estrategias de seguridad, medibles y visibles en términos de percepciones de aseguramiento de operaciones y manejo de información. Un business partner, exige un proceso de madurez organizacional y propia de la función de seguridad que ha sabido crecer con las corrientes y expectativas del negocio, aprovechando cada momento para apalancar la generación de valor con las acciones e impactos de las medidas de seguridad en los flujos de información de la empresa.

El informe concluye diciendo que en la medida que se evoluciona desde una seguridad basada en la tecnología, a una basada en la administración de riesgos de flujos de información hacia una propuesta colaborativa de apalancamiento del negocio, en términos tangibles o intangibles, deberán agotarse diferentes instancias y reflexiones al interior de la empresa. En este camino el Chief Information Security Officer – CISO, deberá desarrollar una gran capacidad de persistencia basada en resultados y logros que lo catapulten al siguiente nivel. Este implica que cada logro, debe asegurar la sostenibilidad del mismo, con el fin de que sea posible continuar abriendo camino en la evolución de la distinción de seguridad de la información.

Por otro lado, sabiendo que deberá llegar a ser parte de la agenda de los ejecutivos de la empresa en el contexto mismos de los planes de negocio, deberá mantener y asegurar el ambiente de control y eficiencia táctica y operacional que soporte un funcionamiento confiable de la infraestructura, como parte natural del gobierno de la seguridad de la información que debe ejercer frente las necesidades diarias de la corporación, donde los arquetipos security practitioner y security architect podrán ser útiles.

Finalmente y no menos importante, este informe si bien muestra la curva de madurez que debe seguir la función de seguridad de la información en una organización, nos debe recordar que todo este ejercicio deberá estar mediado por el factor impredecible y retador de la seguridad como lo son los individuos. Esto es, desarrollar de manera paralela en este proceso la construcción de una cultura de seguridad enraizada en los mismos objetivos de negocio y cómo la información es un activo estratégico y táctico de la empresa, que hace la diferencia al efectuar los balances y los análisis económicos, al sopesar las estrategias de continuidad de operaciones y al mirar las nuevas oportunidades para generar valor en la empresa y sus grupos de interés.

Referencias
KARK, K. (2010) Use organizational and professional archetypes to accelerate security organization maturity. Forrester Research

domingo, 31 de enero de 2010

Inseguridad Tercerizada: Un reto de confianza, acuerdos y riesgos

Es claro que un mundo global, dominado por sistemas informáticos y acuerdos “on click”, las estrategias de tercerización para el área de tecnología de información se han convertido en una opción estratégica y financieramente atractiva, que permite ofrecer servicios altamente competitivos a costos aceptables impactando de manera positiva la ecuación de costos de las organizaciones en este nuevo milenio.


En este sentido, si bien esta realidad balancea de manera contundente las inversiones de las áreas de tecnología, también es claro que surgen nuevos interrogantes que continúan en la agenda de los ejecutivos de tecnología como son:

· ¿Será que los datos e información que compartimos con el prestador del servicio están tan asegurados como si los tuviésemos locamente en nuestras instalaciones?

· ¿Cómo obtengo un servicio tan bueno como el que podría ofrecer en mis instalaciones, sin perder el control de los datos e información?

· ¿Qué debemos entender y aplicar frente a las regulaciones de cumplimiento en TI, ahora en un contexto de tercerización?

Si revisamos estas tres preguntas críticas alrededor del tema de tercerización, todas ellas nos hablan de la seguridad de los datos y la información, de la forma como ellos se deben comportar y de cómo debemos asegurar las evidencias de un adecuado control de éstos.



Cuando compartimos información y datos con un tercero
, surge la necesidad de establecer una serie de protocolos de intercambio y acuerdos sobre el manejo de aquellos. Para ello, se requiere no sólo conocer las bondades y buenas prácticas del tercero, sino adelantar una serie de cláusulas contractuales que obliguen al tercero a tener un conjunto de acciones que adviertan al contratista que la información y los datos de la empresa exigen un tratamiento especial, y que cualquier falla en el cumplimiento de los controles de seguridad previstos, implicará un perjuicio cuantificable y evidente que tendrá que resarcir frente a las regulaciones previstas en el país donde se encuentre y el acuerdo de voluntades firmado por las partes.



De otra parte, cuando ofrecemos servicios a través de terceros, los datos y la información implícitamente quedan bajo el control del contratista, debiendo la empresa contratante establecer estrategias que permitan verificar el “adecuado uso de la información y los datos” frente a las condiciones de sus clientes en el manejo de éstos. En este sentido, deberá adelantar el aseguramiento de sus funciones internas para evitar la ambigüedad inherente al ser un tercero de confianza en la administración y uso de los datos e información de una empresa: gobierno de los datos Vs. Usos de la información. Mientras a un tercero es posible delegarle la custodia de los datos en sí mismos, se hace necesario revisar en el contratante, hasta donde será la información parte de los activos entregados en dicha custodia.



Los escenarios anteriormente comentados, nos sitúan en una realidad emergente que es cómo comprender las regulaciones y normas de cumplimiento en tecnologías de información en una realidad donde un tercero hace parte de la custodia y operación de la infraestructura de tecnología, los datos e información de una empresa. Algunos manifiestan que todo esto se resuelve desde la perspectiva enunciada por temas contractuales, mientras otros dicen que no es suficiente y se hace necesario otro tipo de estrategias.



En este sentido, el cumplimiento exigido para el área de tecnología de información de una empresa, soportada en un contrato de tercerización con un contratista externo, se debe basar en la relación de confianza de las partes, en quién controla qué y cómo, y cuáles son las evaluaciones que son realizadas por terceros independientes sobre la conveniencia de los procesos y procedimientos que éste tiene que soporten la confianza entregada por el contratante.



Es claro, que al entregar tanto la información como los datos e información a un tercero con infraestructura y dinámica propia es prácticamente imposible asegurar un cumplimiento estricto de las prácticas de seguridad y control, hecho derivado de que no es posible ver de manera cercana y real la operación misma del contratista en sus instalaciones. Por tanto, el cumplimiento o normatividad exigida para el área de TI que tiene parte de sus servicios con terceros, será más probabilístico que determinístico.



Así las cosas y considerando las implicaciones de los costos previamente revisadas en esta nota, la seguridad de los datos e información en el contexto de una función de tecnología de información con terceros, se puede ver, como anota el Dr. Geer, bien como un impuesto o como una inversión.



Si se hace necesario tener múltiples niveles de protección, que por demás disminuyen la facilidad de la operación y no permiten un manejo fluido de los procesos de negocio, la seguridad será un impuesto, que claramente será objeto del balance de costos de la empresa, perdiendo la esencia misma del control y manejo de los riesgos de la empresa, que más tarde podría impactar la imagen de la compañía. En consecuencia, la lección aprendida en este escenario nos dice que la seguridad de la información no debe generar nuevos impuestos que impacten la dinámica empresarial, sino ofrecer una manera para que el negocio opere de manera confiable.



De otro lado, cuando la reflexión de la seguridad de la información se desarrolla en el terreno de los riesgos y los flujos de información de los negocios, esta distinción se hace parte del lenguaje de los negocios; no se habla de controles o estrategias de protección, sino de características requeridas por los dueños de los procesos, para asegurar el flujo de la información, como una realidad inherente al proceso e inmersa dentro del lenguaje natural de la operación. Vista así, la seguridad es una inversión que nace en las mismas necesidades del negocio y que los encargados de la seguridad deben hacer realidad y asegurar que se dé según se tiene previsto.



Finalmente, cuando nos enfrentamos a la realidad de una función de tecnología de información tercerizada, debemos saber que no tenemos un control evidente y concreto sobre los datos e información, que confiamos en el buen juicio y prácticas del tercero, aunque podemos contratar una evaluación externa e independiente que nos pueda dar un concepto sobre cómo opera y sus impactos. Cuando tenemos un contrato de operación con terceros, la seguridad de la información tendrá siempre dos costos y dos realidades: los costos anticipados propios de las acciones de tratamiento resultado del análisis de riesgo (la realidad de las probabilidades) y los costos de las fallas o incidentes y de la retención de los datos requeridos para efectos probatorios, que finalmente determinan la efectividad de la gestión de seguridad y control (la realidad de las posibilidades).
(GEER 2009)



Referencias utilizadas:

GEER, D. (2009) Economics & Strategies of Data Security. Verdasys Thougth Leadership Series.

domingo, 16 de agosto de 2009

Focalícese en la articulación de valor más que en el retorno de la inversión

Revisando un reciente documento de Forrester, denominado Articulation the business value of information security, se advierte un cambio interesante en la manera como se gobierna y gestiona la seguridad de la información en las organizaciones.

Dice el informe que hace algunos años al interregar a los Chief Information Security Officer - CISO, sobre ¿Cuál es el principal motivador para la implementación de controles en su organización? la respuesta natural era "porque necesitamos cumplir con las regulaciones o mandatos corporativos". Ahora cuando nuevamente son cuestionados estos ejecutivos, la respuesta es: "porque necesitamos administrar nuestro riesgos de información".

Al revisar este cambio de perspectiva, si bien la parte regulatoria sigue estando vigente en la agenda de los CISO, se advierte una necesidad de comprender más los flujos de información de la organización y cómo a través de la seguridad de la información se puede generar valor para los negocios. Cuando se establece que la información es un activo estratégico tan importante como las utilidades o las instalaciones, la gerencia establece los recursos y atención necesario para avanzar en una estrategia conjunta que permita asegurar la operación de la firma y la información que en ella se crea, transmite, transporta, almacena, recupera y destruye.

Cuando logramos incorporar la seguridad de la información dentro de los procesos de negocio, como parte normal de diseño y operación del mismo, las inversiones en seguridad dejan de ser un costo propio del área de TI, y se convierten en parte inherente de la operación del negocio. Lograr esta transformación no sólo requiere de un entendimiento de la seguridad dentro de la cultura organizacional, sino la materialización del concepto de seguridad dentro de los comportamientos de los individuos.

De otra parte, no podemos desconocer que la inseguridad continuará avanzando y con su avance nuevas sorpresas y motivaciones para continuar aprendiendo de sus efectos. En este sentido, se hace necesario refinar y reconstruir frecuentemente al equipo de seguridad informática, de tal forma que demuestre conocer los objetivos de negocio y los motivadores de la estrategia corporativa y así sugerir planes tácticos y técnicos que permitan al negocio fluir y administrar los riesgos propios de su operación.

Cuando logramos hacer evolucionar el lenguaje de la inseguridad, de los ataques o amenazas, por uno de resiliencia, de administración de riesgos y aseguramiento de la continuidad estamos asistiendo a la creación de una cultura de seguridad de la información que nace en el entendimiento mismo de los negocios. Es decir, cada área de la organización reconoce que la información y datos que maneja son parte de la sensibilidad del área y de los procesos de misión crítica de sus actividades. Hacer que esto ocurra, exige tanto del área de negocios como del área de seguridad de la información un lenguaje compartido de riesgos y controles que no son otra cosas que una comprensión sistémica de la estrategia de negocio corporativa.

Si bien la inversión en tecnologías de seguridad de la información no producen claramente un retorno de la inversión, si focalizan las energías en la generación de "expectativas y contextos" en los clientes que benefician directamente las relaciones con los terceros. La seguridad de la información al ser parte de la construcción de confianza y valor con los clientes, se hace una aliada estratégica del negocio y la extensión de la presencia del área de tecnologías de información la operación del negocio.

Ser estratégico en la gestión y gobierno de la seguridad de la información, es generar y agregar valor al cliente interno y externo, es ser el asesor confiable y capaz de tomar decisiones críticas que impliquen avanzar en una seguridad de perímetro extendido y móvil, que haga sumergir los negocios en una aldea global y ampliamente comunicada. Lo estratégico de la seguridad consiste en apalancar la dinámica de los negocios actuales, articulando la protección de la información en los procesos organizacionales, no como restricciones de hecho, sino como característica propia del hacer.

Para lograr lo anteriormente expuesto, se hace necesario repensar la figura del CISO, no como ese asesor técnico especializado en tecnologías de seguridad, sino como el ejecutivo de negocio que, reconociendo la complejidad de las condiciones de los mercados de la empresa, esta capacitado para ser flexible y analítico frente a los retos de la inseguridad de la información y así, buscar mayores niveles de continuidad operacional y tecnológica.

Por tanto, cuando sea interrogado sobre el retorno de la inversión en seguridad de la información, muestre el proceso continuado y sostenido donde se articulan los negocios y la protección de los activos de información, que no es otra cosa que el reconocimiento y aplicación de una cultura de seguridad inherente en la administración de los riesgos de negocio.