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sábado, 8 de agosto de 2020

Ransomware. Más allá de una amenaza tecnológica

Introducción

Noticias recientes en diferentes informes, tanto de industria como de autoridades policiales, reportan que la “extorsión con datos” o denominada “ransomware” se ha convertido en uno de los riesgos y amenazas de mayor relevancia para la seguridad global, no sólo por su versatilidad y capacidad de acción, sino por su expansión e impactos financieros y de reputación a nivel organizacional (Interpol, 2020). En este contexto, esta amenaza digital se configura como un punto de reflexión relevante para los ejecutivos de seguridad y los directivos de las empresas modernas.

Cuando una empresa es afectada por este tipo de extorsión digital, se presenta inmediatamente la pregunta clave: ¿pagamos o no pagamos? Una pregunta que genera, tanto en el sector público como en el privado, tensiones de diferentes magnitudes e implicaciones que levantan “dedos acusadores”, buscan “señalamientos internos”, revelan “detractores de la inversión en seguridad”, y un sin número de sensaciones que cumplen con el propósito del adversario: generar confusión, confrontación y juego de responsabilidades, que le permitan mayor tiempo de acción y posicionamiento frente al momento, para conseguir su fin último, motivar el pago.

Cuando la organización en sus niveles ejecutivos se informa de la materialización de un ransomware buscará explicaciones posiblemente técnicas en primer lugar, luego detallar qué tipo de información es la que está comprometida, cómo afecta esto la operación y finalmente las implicaciones jurídicas que esto conlleva, si la información está sujeta a una protección particular. Con estos datos básicos, los ejecutivos llaman a todos los involucrados para tratar de establecer una vista general de lo que ha pasado y definir una postura base para actuar en consecuencia.

La extorsión con datos es una modalidad de cibercrimen que está apalancada desde el engaño, la curiosidad y las motivaciones humanas que conectan con un patrón de comportamiento que está fundado en las mismas necesidades y relaciones entre los individuos. En este sentido, al identificar aquello que puede ser de interés, y enlazarlo con la dinámica del contexto actual, los adversarios logran mimetizar sus acciones en un tejido social concreto con el fin de abordar a sus posibles víctimas sin que ellas lo noten.

Si adicionalmente a lo anterior, se advierte una baja higiene informática, o ahora en la actualidad, ciberhigiene, que tiene las personas en el contexto digital, la confianza ingenua en los medios y tecnologías disponibles, y el aumento de productos y servicios digitales que se despliegan con limitadas medidas de seguridad y control, los agresores tienen un caldo de cultivo enriquecido y generosos para movilizarse en diferentes sentidos y vectores para lograr sus acciones y planes con poco margen de acción por parte de los afectados.

En consecuencia, este breve documento busca plantear reflexiones alrededor de la realidad del ransomware, con el fin de brindar espacios para pensar sobre cómo abordar este reto, qué margen de acción se puede lograr y sobremanera, cómo encontrar algunos patrones que adviertan sobre el avance de este tipo de amenazas en la organización.

Secuestro de datos. Más allá de un problema de tecnología

El secuestro en general es uno de los delitos más reprochados y sancionados por la sociedad en los diferentes instrumentos jurídicos de un país democrático. El secuestro priva al ser humano de uno de sus derechos básicos como lo es la libertad y así mismo lo expone al deterioro de su bienestar en diferentes facetas, con afectaciones en múltiples dimensiones de su acción en la sociedad.

El secuestro de datos, no cuenta con una lectura tan amplia y difundida en la sociedad sobre lo que esto significa tanto para las personas como para las empresas en el contexto digital. Este ejercicio, igualmente censurable, que priva a la persona o a las organizaciones de uno de sus activos más importantes como son los datos y la información representa en la actualidad una afrenta directa que pone en peligro los derechos y prerrogativas de las empresas y los seres humanos en su libre actuación en la dinámica social. El secuestro de datos, y su posterior extorsión por parte de terceros, configura una figura delictiva que en su momento deberá ser abordada por diferentes jurisdicciones y acciones legislativas para ser incorporada en los ordenamientos jurídicos nacionales e internacionales (Al-rimy, Aizaini & Zainudeen, 2018).

Cuando la organización se enfrenta al reto de un secuestro de datos, son pocas las maniobras jurídicas que puede activar para tratar de contener posibles efectos adversos en su contra. Por un lado, puede acudir a una póliza de seguros cibernético, que de acuerdo con sus alcances y exclusiones podrá apoyar a la empresa para manejar este momento. Por otro lado, puede lanzarse a negociar con el agresor que ha capturado los datos, con la claridad de que, aun teniendo la forma de restaurar la información, es probable que no pueda hacerlo, o finalmente informar a la autoridad competente para utilizar diferentes estrategias que le permitan encontrar al agresor, desactivar el mecanismo de cifrado, usar los canales diplomáticos si son del caso y así, ajustarse a los cánones establecidos por la constitución y la ley.

El ransomware establece saca de la zona cómoda a los profesionales de seguridad de la información, a los abogados corporativos y a los ejecutivos de primer nivel, habida cuenta que si la información o los datos comprometidos están sujetos a condiciones particulares de protección y debido cuidado, deberán establecer con claridad la manera de responder por la situación a los diferentes grupos de interés afectados. En consecuencia, la organización estará sujeta a un fuego cruzado donde será evaluada frente a sus prácticas de seguridad, privacidad y control, y cómo estas se han venido desarrollando y aplicando, y por otro lado, las tensiones jurídicas, con sus respectivas sanciones (generalmente económicas), que pueden terminar impactando la reputación en su sector de negocio.

Hablar del secuestro y la extorsión con datos, es una temática que va más allá del fenómeno tecnológico que la materializa. Es habilitar una vista sistémica de la problemática que conecta las prácticas de seguridad, las relaciones empresariales, los marcos jurídicos, los aseguradores, las vulnerabilidades tecnológicos y sobremanera, los comportamientos humanos (Sittig & Singh, 2016).

Materialización del ransomware. Dos lados una misma ecuación

Las acciones que se siguen luego de un secuestro, que generalmente tiene algún tipo de motivación (no siempre económica), llevan a un contacto directo o indirecto con los grupos de interés de la víctima, con el fin de iniciar un juego de emociones y tensiones que buscan doblegar la voluntad de la parte afectada. Para ello, las pruebas de supervivencia, las llamadas amenazantes y las manifestaciones visibles que generan incertidumbre (fotos, símbolos, o pertenencias), son piezas fundamentales para crear la necesidad y las acciones necesarias que lleven al cumplimiento del objetivo del agresor.

En el mundo digital, el ransomware tiene al menos dos vistas en la actualidad. Secuestro de información o datos (generalmente relevantes) por los cuales hay que pagar un rescate (y de no hacerlo se procederá a su destrucción o desaparición), o acceso a información sensible o comprometedora, que podrá ser expuesta (con posible afectación de la reputación), sino hay un pago al delincuente digital (Baykara & Sekin, 2018). En ambos casos, los delincuentes buscarán relevar pruebas a sus víctimas de que la acción es real y seria, sin perjuicio de motivar decisiones ágiles al respecto, para lo cual incluyen cuentas regresivas visibles o mensajes de voz modificados para intimidar a las empresas o las personas y medios de contacto basados en cuentas de correo anónimas o descartables.

Al evaluar la materialización de un evento como el ransomaware habrá que mirar los dos lados de la ecuación: a la empresa (o la persona), así como al atacante. Por el lado de la persona o la empresa el análisis puede incluir, entre otros aspectos:

  • Nivel de aseguramiento de las prácticas de seguridad y control
  • Nivel de afinamiento y uso de las tecnologías de seguridad y control disponibles.
  • Pruebas y lecciones aprendidas de la evaluación y seguimiento a los planes de recuperación y continuidad de negocio
  • Análisis de comportamientos de navegación y uso de internet
  • Nivel de desarrollo de cultura de seguridad de la información (incluida la ciberhigiene personal)
  • Análisis prospectivos de riesgos latentes y emergentes en el contexto de las operaciones y estrategias de la empresa
  • Definición del apetito al riesgo empresarial (o personal) (Herrera Silva, Barona López, Valdivieso Caraguay & Hernández-Álvarez, 2019).

Cualquier deficiencia o resultado que no corresponda a lo esperado en cada uno de estos elementos previamente mencionados, será asociado con una limitada capacidad de gestión tanto de la organización como de la persona frente al debido cuidado que deben tener en la protección de la información o los datos que tienen a cargo o de su propiedad, lo que en últimas se traduce en una posible acción negligente que podría ser comprobada vía ejercicios de auditoría o verificación independiente. 

Ahora desde la perspectiva del agresor, el análisis puede incluir entre otros aspectos los siguientes:

  • Nivel de especialización y habilidad para desarrollar inteligencia
  • Motivaciones específicas que llevan a la acción
  • Uso de herramientas conocidas o especializadas
  • Conexiones con otros grupos criminales
  • Pagos basados en criptomonedas, o monetizaciones de otras formas
  • Patrones de actuación previos
  • Antecedentes disponibles a nivel nacional o internacional (Cano, 2020).

Cualquier información que se cuente basado en el listado anterior, ofrecerá orientaciones y pistas para seguir el rastro del atacante. Cada uno de ellos ayudará a darle forma al rompecabezas que implica conectar las diferentes acciones del agresor, con el fin de encontrar patrones consistentes que den luces para reconstruir su acción criminal y así, lograr en el mejor de los casos su ubicación y captura. Esto no siempre se logra y por lo tanto, cuanta más información confiable y relevante se pueda obtener, mejores mapas se podrán delinear sobre un territorio siempre incierto que plantea el adversario (El-Kosairy & Azer, 2018).

Acciones frente al secuestro y extorsión con datos. Algunas ideas convencionales y no convencionales

Cuando una organización sufre de la materialización de un ransomware, debe considerar las dos partes de la ecuación y no sólo concentrarse en el dolor que esto genera al interior, con las consecuencias naturales que esto trae desde el punto de responsabilidades individuales y colectivas.

En este sentido, se plantean algunas acciones convencionales que las empresas o personas aplican cuando se ha concretado el secuestro y la extorsión con datos, lo cual implica consecuencias que ponen en riesgo la reputación de la empresa.

  • Contratar o buscar servicios especializados para restaurar los datos que se han comprometido. Este tipo de servicios generalmente son costosos e implican usos de herramientas particulares que tratan de encontrar patrones y establecer vías alternas para tener acceso a los datos, lo que no siempre se logra.
  • Contactar a los proveedores de herramientas de seguridad y control, o sus contactos para establecer alternativas que permitan encontrar maneras de recuperar la información o parte de ella. Esta acción, generalmente suele generar logros discretos comoquiera que existen centros de investigación asociados que pueden dar luces al respecto.
  • Usar los respaldos de información con los que cuenta la empresa o la persona, los cuales generalmente no responden a una práctica sistemática y validada. Esta estrategia suele funcionar de forma parcial dado que la actualización de la información respaldada define el nivel alcance y maniobra que la organización o la persona puede tener. El uso de esta información como forma de recuperación podrá generar deficiencias y diferencias al ser usada.
  • Pagar al agresor en los términos y condiciones que este indique para poder recuperar la información que se ha comprometido. Cuando se toma esta opción las organizaciones y empresas saben que estarán pagando un soborno, lo cual es abiertamente ilegal, y por otro lado, que siempre podrán recuperar toda la información y tendrán la duda permanente, si el agresor no ha hecho copias adicionales con las cuales pueda negociar en otro momento.

Otra manera de actuar frente a la materialización del ransomware, es incorporar estrategias no convencionales que generen mayor incierto en la ecuación de riesgos del atacante. Esto es, que lo lleve a actuaciones erráticas que habiliten mejores posibilidades para su identificación y seguimiento. Esto se traduce, en comprender con claridad las perspectivas y expectativas del agresor para jugar de forma diferente en el mismo campo que el adversario propone. Lo anterior se traduce en:

  • Atribución – Mostrar con datos concretos y comunicaciones creíbles que han logrado identificar patrones que permiten establecer la identidad de la persona o grupo que ha intervenido en el secuestro.
  • Evidencias – Detallar e ilustrar cómo los mecanismos de seguridad y control cuentan con evidencias de los patrones del agresor, lo cual establece una línea de acción concreta para identificar a los posibles atacantes.
  • Represalias – Crear un ambiente y entorno basado en los dos temas anteriores, para anunciar acciones legales y seguimientos a nivel local e internacional que pueden terminar en la captura y judicialización de los adversarios.
  • Apetito al riesgo – Detallar con hechos y datos cómo la organización está preparada para asumir el evento, con lo cual los impactos que se pueden tener no son los esperados por el agresor y por lo tanto, su capacidad de presión y negociación se pueden limitar (Saydjari, 2018).

Cualquiera de las acciones convencionales que se tome tendrá como resultado mantener el status quo de incertidumbre que propone el adversario, lo que generalmente le dará la ventaja para mantener el control de la situación. Adicionalmente este tipo de acciones estarán ajustadas al ordenamiento legal (con excepción del pago de la extorsión) lo que le dará tranquilidad a los ejecutivos en sus marcos de cumplimiento y reporte a los entes de control.

Tomar acciones no convencionales, es hacer una apuesta arriesgada que puede tener o no resultados positivos. Es un ejercicio de inteligencia y contrainteligencia para movilizar los esfuerzos de la organización en un terreno donde no está acostumbrada a jugar, para lo cual deberá tener serenidad y estar dispuesta a correr riesgos para movilizar al atacante de su trinchera y motivar acciones que le permitan ver movimientos que el agresor no tenía previstos y que lo obliguen a salirse del guión que había planeado frente a sus víctimas. Es claro que para navegar en este tipo de actuación deberá contar con acompañamiento y asesoría para cometer el menor número de errores (Jiménez, 2019).

Reflexiones finales

El ransomware es una modalidad de crimen organizado que es fruto de la transformación digital de la criminalidad desde hace más de 10 o 15 años, cuando se iniciaba con el tema de las botnets, herramientas de acceso remoto y los caballos de troya. Poder tener control de un equipo sin que la víctima se dé cuenta, es uno de las expresiones y motivaciones más relevantes que experimentan los atacantes para concretar acciones delictivas basadas en el posible anonimato o irrastreabilidad que esto puede llevar (Kardile, 2017).

Los supuestos actuales de la criminalidad digital como son a) el máximo anonimato, con la mínima evidencia, b) la máxima ambigüedad jurídica con el mínimo conocimiento tecnológico disponible y c) la máxima efectividad de su acciones, con el mínimo esfuerzo establecen una economía del cibercrimen que habilitan el desarrollo de capacidades técnicas, sociales y de inteligencia lo suficientemente sofisticadas, para aumentar el nivel de incierto en las personas, las organizaciones y los países, y así motivar acciones ilegales lucrativas que pueden pasar por debajo de los radares de las autoridades oficiales (Interpol, 2020).

El ransomware es una expresión convergente del aprovechamiento por parte del “lado oscuro de la fuerza” de las tecnologías disruptivas, de la sensibilidad y comprensión de los nuevas apuestas de las organizaciones en el contexto digital, y sobremanera de la masificación y multiplicación de los productos y servicios basados en tecnología, que las personas y organizaciones pueden usar para cambiar la manera de hacerlas cosas, particularmente hacerlas de forma más ágil y sencilla.

El aumento de la conectividad y la mayor superficie digital disponible en la dinámica social, fruto de una creciente densidad digital y convergencia tecnológica, hace que los flujos de datos e información, se conviertan en activos fundamentales tanto para los individuos como las empresas (Do, Martini  & Choo, 2018). En este contexto, los datos y la información representan y definen la identidad y la presencia de los seres humanos en esta nueva realidad, lo cual manifiesta y revela una lectura extendida de derechos y deberes que se deben entender y asumir para armonizar las relaciones de las personas ahora conectadas y digitalmente aumentadas en una sociedad tecnológicamente modificada (Bechmann, 2019).

En consecuencia, el secuestro y extorsión de datos establece una agresión digital de especial relevancia para la dinámica social actual, dado que lo que está en juego va más allá de la acción tecnológica que esto lleva, esto es, comprometer y afectar derechos de personas y empresas que pueden tener implicaciones a nivel político, económico, social, tecnológico y hasta ecológico, si lo que se compromete, está asociado con una infraestructura crítica de una nación (Pankov, 2020).

Por tanto, cuando una persona u organización es víctima de un ransomware deberá pensar muy bien sus estrategias de acción, para establecer con cabeza fría y visión holística, el camino a seguir para limitar tanto como se pueda los efectos adversos de esta condición, y analizar si quiere o no, entrar al tablero del juego incierto del agresor, para desde allí, formular estrategias que lleven al adversario a acciones no previstas y así lograr una mejor posición de negociación, sin ningún tipo de garantías ni reglas claras que seguir.

Referencias

Al-rimy, B., Aizaini, M. & Zainudeen, S. (2018). Ransomware threat success factors, taxonomy, and countermeasures: A survey and research directions. Computers & Security. 74, 144-166. Doi: 10.1016/j.cose.2018.01.001

Baykara, M. & Sekin, B. (2018). A novel approach to ransomware: Designing a safe zone system. 2018 6th International Symposium on Digital Forensic and Security (ISDFS), Antalya. 1-5. Doi: 10.1109/ISDFS.2018.8355317

Bechmann, A. (2019). Data as humans: Representation, Accountability, and Equality in Big data. En Jorgensen, R. F. (editor) (2019) Human rights in the age of platforms. Cambridge, MA. USA: MIT Press. 73-94.

Cano, J. (2020). Modelo SOCIA. Una reflexión conceptual y práctica desde la perspectiva del adversario. Actas X Congreso Iberoamericano de Seguridad Informática 2020. Universidad Politécnica de Madrid - Universidad del Rosario. Enero. Doi: 10.12804/si9789587844337.09

Do, Q., Martini, B.  & Choo, R. (2018). Cyber-Physical Systems Information Gathering: A Smart Home Case Study. Computer Networks. 138. 1-12.  doi: 10.1016/j.comnet.2018.03.024

El-Kosairy, A. & Azer, M. A. (2018). Intrusion and ransomware detection system. 2018 1st International Conference on Computer Applications & Information Security (ICCAIS), Riyadh. 1-7, Doi: 10.1109/CAIS.2018.8471688

Herrera Silva, J. A.; Barona López, L. I.; Valdivieso Caraguay, A. L. & Hernández-Álvarez, M. (2019). A Survey on Situational Awareness of Ransomware Attacks—Detection and Prevention Parameters. Remote Sens. 11(10). 1-20. Doi: 10.3390/rs11101168

Interpol (2020). Cybercrimen: Covid-19 Impact. August. De: https://www.interpol.int/es/content/download/15526/file/COVID-19%20Cybercrime%20Analysis%20Report-%20August%202020.pdf

Jiménez, F. (2019). Manual de inteligencia y contrainteligencia. Tercera edición. Sevilla, España: CISDE.

Kardile, A. (2017). Crypto ransomware analysis and detection using process monitor. Master Thesis. University of Texas, Arlington. De: http://hdl.handle.net/10106/27184

Pankov, N. (2020). Lazarus experimenta con un nuevo ransomware. Kaspersky Latam. De: https://latam.kaspersky.com/blog/lazarus-vhd-ransomware/19773

Saydjari, O. (2018). Engineering trustworthy systems: get cybersecurity design right the first time. New York, USA.: McGraw Hill

Sittig, D. F., & Singh, H. (2016). A Socio-Technical Approach to Preventing, Mitigating, and Recovering from Ransomware Attacks. Applied clinical informatics, 7(2), 624–632. Doi: 10.4338/ACI-2016-04-SOA-0064

domingo, 13 de marzo de 2011

Postura individual de seguridad de la información: Un hábito requerido para sobrevivir ante la inevitabilidad de la falla.

Cuando se lee en los principales medios informativos en el mundo sobre la amenaza de ciberguerras, sobre armas no convencionales soportadas en desarrollos tecnológicos, ciberataques y grupos o asociaciones técnicas y/o científicas que comprometen la seguridad de las infraestructuras tecnológicas de los gobiernos y naciones, o se filtran informaciones clasificadas como secretas o ultra secretas, como se presentó recientemente con Francia, se nos viene a la cabeza historias como las de Julio Verne, que en su momento desafiaron nuestro entendimiento y confrontaron nuestra realidad.

Sin embargo, hablar de fraude en un ambiente digital, de cibercriminalidad, de vulnerabilidades e inseguridad de la información ya no es desconocido en nuestro entorno; no obstante lo anterior, seguimos conquistados por la novedad de la tecnología y sus posibilidades, con una extraña confianza en ella, como si el proveedor cuidara de los detalles de seguridad y control, como parte inherente de la entrega del producto. En este sentido, cada uno de nosotros debe advertir que al estar en un ambiente de alta conectividad y componente informático, nos vemos expuestos a operar en un escenario donde se nos “pide” compartir información, detallar configuraciones de nuestros dispositivos móviles y muchas veces entregar las especificaciones de los medios tecnológicos propios para entrar en contacto con aquello que queremos o necesitamos. (GRAGIDO, W. y PIRC, J. 2011)

Como quiera que esta manifestación de una tendencia informática en la que nos encontramos indefectiblemente nos va a atrapar, se hace imperioso desarrollar y aumentar nuestra postura de seguridad de manera proactiva, que nos permita como ciudadanos de las redes, caminar con las medidas mínimas de seguridad y control, no para evitar ser alcanzado por la inseguridad de la información o la infraestructura, sino para ser más responsables y disciplinados en nuestras interacciones en el mundo digital que nos lleva más allá de la realidad en que vivimos. (GIRGENTI, R. y HEDLEY, T. 2011)

Hoy por los CIOChief Information Officer, o llamados Vicepresidentes o Directores de Tecnología de Información o mal llamados de Sistemas, se enfrentan al desafío de una sociedad altamente alfabetizada en temas tecnológicos, la cual le exige día con día mayor velocidad, mayor capacidad y mayor libertad de acción, para hacer de la experiencia de la tecnología en las empresas, una forma de aumentar la productividad de sus empleados. En este tenor, en la aparente libertad y posibilidades que se abren con los desarrollos tecnológicos, se esconden costos humanos, técnicos y procedimentales, que aún estamos por descubrir.

De otra parte, los oficiales de seguridad de la información, como ejecutivos responsables de las estrategias de protección de la información de las empresas, al igual que sus similares (CIO), sufren de las exigencias de los individuos, que demandan servicios y posibilidades que conquisten lo mejor de los dos mundos: la novedad y versatilidad de las tecnologías móviles e interactivas, con lo mejor de las condiciones de seguridad y control disponibles en el mercado. Así las cosas y sin perjuicio de las implicaciones que esta “espinosa” realidad establece, encontrar el balance ideal o al menos requerido para entregar lo mejor a los ansiosos “usuarios” es una labor donde ambos mundos deberán ceder en sus demandas y conciliar una posición intermedia, donde ninguno de los actores sea parte dominante.

Hablar de una sociedad digital, donde día con día se abren posibilidades y negocios novedosos con la información, la movilidad y la vida virtual, es entender una transición de un modelo de sociedad conocida y validada por comportamientos del mundo físico y real, a uno donde la vida transcurre siempre “en línea”, conectado y compartiendo información, donde las distancias no existen y los límites se desdibujan con un “click”.

Este es un momento histórico de transformación de la sociedad que conocemos y abrirnos a una nueva forma de interacción, que no permite demoras en la respuesta y entiende que en la movilidad esta la respuesta a su vida agitada y de comunicación, aún ésta no alcance el sentido real y formal que exige la misma.

Desarrollar una postura real y práctica de seguridad y control en una sociedad como la actual, en transición y concentrada en el movimiento permanente de información y tecnología, requiere integrar a nuestras acciones al menos cuatro elementos conceptuales y sencillos, que nos permitan contar con las alertas mínimas requeridas para caminar por el pedregoso mundo de la inseguridad de la información en un ambiente digital.

Siguiendo los conceptos expuestos por Westerman y Hunter (2007) en su libro, IT Risk. Turning business threats into competitive advantage, publicado por Harvard Business School Press en 2007, el lenguaje de los riesgos de la tecnología de información es una herramienta fundamental y básica que nos debe sensibilizar para avanzar en la construcción de una red de actividades cotidianas para asegurar una adecuada interacción con internet y todo lo que ella conlleva.

Según los autores, los temas de disponibilidad, control de acceso, exactitud y agilidad deben ser el nuevo modelo de entendimiento de nuestra relación con la avalancha de exigencias de movilidad y la realidad de la sociedad digital. Como se puede observar, estas cuatro palabras, no hablan de restricciones o conductas que requieran entendimientos sofisticados, sino más bien de acciones conocidas y disciplinadas para hacer de nuestra experiencia informática y tecnológica, una verdadera renovación permanente de nuestro entendimiento de la red y sus posibilidades.

Cuando hablamos de disponibilidad, no demandamos ni establecemos niveles de exigencia del 99.9% de operación de las plataformas de los proveedores de servicios de información, sino nuestras estrategias y acciones para estar preparados y continuar funcionando cuando el 0.1% se materialice. Esto es, tener la disciplina de mantener resguardados nuestros datos y la forma de tener acceso a ellos, mientras la condición de falla parcial o total se presenta. Así, la disponibilidad vista de esta forma, nos mantiene entrenados en la práctica de la prevención, que a todas luces resulta más económica que una actividad reactiva o de reparación.

De igual forma, cuando de control de acceso se trata, no estamos hablando de restricciones o formas de evitar que la información se conozca, sino de la forma cómo nosotros seleccionamos a quién(es) permitimos conocer nuestra información; hablamos del cuidado que tenemos para cuidar nuestros documentos personales y privados, del algoritmo personal que utilizamos para saber quién digno de nuestra confianza y cómo aseguramos que la información no toma caminos equivocados que terminen comprometiendo nuestra imagen, nuestras acciones e incluso poner en riesgo la vida misma o la de otros.

Revisar el tema de la exactitud, en inglés, accuracy, es advertir la gran huella digital que dejamos al navegar por internet, el conjunto de datos que constantemente estamos registrando en los diferentes sitios, que con el paso del tiempo se confunden y pierden su relación, por la renovación permanente de esta biblioteca 7x24x365 como lo es internet. Al no advertir esta realidad, la sombra digital, es decir, aquellas cosas que se puede decir con nuestra información, inmersa en los registros y documentos que dejamos al visitar la red, podrá ser susceptible de interpretación por los navegantes o utilizada por terceros inescrupulosos para crear los peores momentos de contradicción y riesgo, con un manejo inexacto de nuestra realidad, que cuestione incluso nuestros valores, actividades y manifestaciones dejando en entredicho lo que somos y hacemos.

La exactitud es esa responsabilidad que todos debemos tener con el manejo de nuestra información en cualquier escenario tecnológico, como esa conciencia permanente de nuestro actuar e interacción con la red, que nos permite mantener la prudencia en lo que compartimos, conversamos y revelamos, pues al final del día, todo lo que digamos, compartamos o revelemos será nuestra pesadilla o nuestra redención.

Finalmente la agilidad, es esa condición y característica que la tecnología debe brindar para hacer que las cosas pasen, ese entendimiento de cómo comprender las necesidades de los individuos y articular los modelos de negocios de las empresas. La agilidad, se alcanza sólo si se cuentan con buenos elementos de seguridad y control. Es decir, nadie es tan avezado y temerario (bueno, ¿algunos pocos?) de conducir un vehículo a muy alta velocidad, sin contar con un sistema o mecanismo de control que le permita detenerse cuando es debido. De igual forma, la agilidad en términos tecnológicos y en el paisaje de la red mundial de información, no podrá avanzar más rápido y de manera decidida, sin contar con unos buenos sistemas de seguridad y control, que permitan acelerar su desarrollo e integración con los diferentes actores sociales.

En este sentido, se hace necesario entender la agilidad en el contexto de los sistemas de protección y prácticas de seguridad de la información, que permitan tanto a los habitantes de la red, como a los proveedores, encontrar rutas alternas, que utilizando las condiciones básicas de aseguramiento de sus plataformas y las buenas práctica de protección y control de la información, establezcan la plataforma de aceleración que beneficie tanto a los individuos como a las empresas para alcanzar mayores niveles de desarrollo y generación de valor para sus accionistas y grupos de interés.

Considerando estas cuatro condiciones o elementos de reflexión, podemos establecer lo que podríamos llamar una postura individual de seguridad de la información que nos permitan mantener un nivel mínimo de paranoia administrable, que mantenga un sistema de alertas prudente y proactivo; que exija de nosotros una adecuada protección de la información, entendida como el hábito en el que desarrollamos una disciplina permanente para entender los riesgos a los cuales está expuesta, como parte natural de nuestro diario vivir en medio de una sociedad de la información y el conocimiento.

En consecuencia, cuando nos apropiamos de las prácticas de seguridad de la información, de nuestra preparación ante los sucesos inesperados, de nuestra responsabilidad sobre la circulación de la información, de nuestra forma de cómo brindamos acceso a ella, y entendemos que la velocidad de nuestra interacción con la red, depende de nuestros sistemas de seguridad y control, estamos creando un sistema de detección de amenazas inherente a las interacciones sociales digitales, que evoluciona conforme la exigencia de la red lo requiere, no como un estrategia de regulación impuesta por un tercero, sino como referente natural del mismo sistema, que cuestiona, enfrenta y descubre las intenciones de aquellos que quieren atentar contra el orden que balancea las más exigentes necesidades de los individuos y las condiciones de seguridad y control requeridas para su adecuado desempeño.

Si bien aún estamos muy distantes de este ideal, sea esta reflexión una excusa académica para cuestionar nuestra zona de confort y poner a tambalear la inercia misma donde descansa nuestra postura individual frente a la protección de la información.

Referencias
WESTERMAN, G. y HUNTER, R. (2007) IT Risk. Turning business threats into competitive advantage. Harvard Business School Press.
GIRGENTI, R. y HEDLEY, T. (2011) Managing the risk of fraud and misconduct. Meeting the challenges of a global, regulated, and digital environment. McGraw Hill
GRAGIDO, W. y PIRC, J. (2011) Cybercrime and espionaje. An analysis of subsersive multivector threats. Syngress.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Bases de datos: ¿inseguras?. Algunas reflexiones básicas

Recientemente la Independent Oracle Users Group's (IOUG) (ver referencias) liberó un estudio realizado con 430 de sus miembros sobre la seguridad en los datos, donde se revelan cinco puntos claves que muestran porqué falla la seguridad en las bases de datos. Los cinco puntos son:

1. Las organizaciones no saben aún donde residen sus datos sensibles
2. El monitoreo de la seguridad sigue siendo aún irregular y no sistemático
3. Los usuarios privilegiados se siguen ejecutando sin un adecuado control y seguimiento
4. Los parches en las bases de datos se despliegan y aplican lentamente
5. Existe un evidente retraso en la aplicación de técnicas de cifrado sobre las bases de datos

Cuando se advierten estas cinco conclusiones sobre la seguridad de la bases de datos, encontramos que son situaciones que en la mayoría de ellas se encuentran asociadas con ineficientes prácticas de seguridad de la información que exponen la información y a la organización a posibles fallas o vulnerabilidades que pueden ser explotadas tanto por atacantes internos como externos.

El estudio afirma que las organizaciones no saben donde residen sus datos sensibles. Esta es una realidad en muchas empresas a nivel internacional, la cual se manifiesta en una inadecuada o inexistente clasificación de la información. Esto es, que las corporaciones no se toman el tiempo para adelantar el análisis de riesgos propios de los flujos de información en sus negocios, de tal manera que puedan identificar aquella información que por su confidencialidad requiera niveles de protección diferentes a las demás.

Esta situación se agrava aún más cuando las prácticas de seguridad de la información no son constantes, lo que lleva a una aplicación sistemática de comportamientos inapropiados con la información que pueden ser, ingenuos por el desconocimiento del nivel de confidencialidad de la información o definitivamente intencionales, sabiendo que por la ausencia de controles e indefiniciones frente al tratamiento de la información, es posible filtrarla con la complicidad de un limitado seguimiento y control propio de los participantes en los procesos de la compañía.

Lo anterior confirma la segunda conclusión del estudio: el monitoreo sigue siendo irregular e inconstante. La seguridad de la información cuando se traduce en una inestable y débil gestión de reconocimiento de la inseguridad en los procesos de negocio, allana el camino para la materialización de incidentes de seguridad con consecuencias inesperadas, dado que no se conoce el alcance ni impacto de cada uno de los componentes del proceso y su interrelación con las otras áreas de negocio.

Esta situación, exige de las organizaciones modernas, la incorporación de prácticas de control interno, que le permitan afianzar el reconocimiento de los riesgos en el tratamiento de la información para así, hacer de ciclo de vida de la información, una experiencia conocida y apropiada por todos y cada uno de los colaboradores empresariales.

Ya la tercera conclusión, sobre la falta de monitoreo de los usuarios privilegiados es un llamado de atención al sistema de control interno informático de las organizaciones. Mientras los administradores de las bases de datos, así como los administradores de servidores o dispositivos de telecomunicaciones, mantengan su hálito de “intocabilidad” por su clara función crítica en el funcionamiento de los sistemas informáticos de las organizaciones y no se acojan a las prácticas de seguridad y control, que exige básicamente la trazabilidad de sus operaciones, así como la aplicación de guías de aseguramiento de cada uno de sus dispositivos, mantendremos una gestión parcial de seguridad que podrá ver claramente lo que los usuarios desarrollan en las aplicaciones, pero una vista borrosa e inexacta de lo que los usuarios privilegiados aplican o ejecutan sobre los componentes básico de la infraestructura computacional de las empresas.

Hablar de parches y aplicación de los mismos es hablar de una operación de cirugía de alta precisión, pues esto implica conocer muy bien las aplicaciones y la manera como ellas funcionan en los diferente servidores. Cuando de aplicar un parche se trata, se hace necesario establecer una “ventana de tiempo” para que en un ambiente controlado y donde las aplicaciones no estén funcionando, se pueda instalar éstos y ver los comportamientos de la máquina y del software base, así como de las aplicaciones. Estas últimas son las que ante una actualización pueden dejar de funcionar o hacerlo de manera errática, lo cual implica un trabajo conjunto con los líderes funcionales de éstas con el fin de asegurar que la solución sigue funcionando como se tiene previsto.

Aplicar un parche, no es instalar un archivo ejecutable en un servidor y esperar a que se termine su realización; es todo un procedimiento formal en la organización donde participan tanto el área de tecnología de información como el área de negocio, para asegurar que las condiciones y acciones requeridas para que el proceso de actualización se dé y que ante cualquier eventualidad se tienen previstos los mecanismos de “vuelta atrás” y respaldos, que permitan mantener la operación y excepcionar si es necesario, la aplicación del parche en la máquina. Es claro que una situación como la anterior, exige de la organización una revisión de la aplicación afectada, con el fin de evaluar y revisar su código para ver alternativas de afinamiento según se requiera.

Finalmente el estudio nos habla sobre el uso de las técnicas de cifrado, las cuales son ampliamente conocidas y las cuales cuentan con aplicaciones de implementación tanto en bases de datos como en aplicaciones, con el fin de asegurar la confidencialidad en el tratamiento de la información en los diferentes escenarios en los que la información fluye.

El uso de cifrado de la información en las bases de datos o en sobre cualquier información bien sea en servidores de alto desempeño o en dispositivos móviles, lleva consigo un impacto en desempeño propio de la aplicación de los algoritmos utilizados. Mientras la operacionalización de las técnicas de cifrado se apalanquen en el uso intensivo del procesador, siempre habrá un costo base en el tiempo de respuesta, que estará disminuido en la manera como cada implementador del algoritmo lo desarrolle. Así las cosas, en las bases de datos conocidas este es un costo que debe ser considerado en el momento del diseño de la seguridad de la misma, siempre y cuando esta fase, haga parte de la puesta en operación de un sistema manejador de bases de datos.

Las conclusiones del estudio realizado por la Independent Oracle Users Group's (IOUG), demuestran una vez más que la seguridad de la información aún continua siendo una realidad “externa” a la gestión propia de la tecnología de la información en las organizaciones, lo cual genera el escenario ideal para que la maestra inseguridad encuentre nuevas razones para mostrarnos que mantiene su posición vigilante ante nuestra inconstancia y falta de aseguramiento de acciones preventivas que nos permitan anticiparnos a las lecciones propias de la fallas de seguridad.

En consecuencia, debemos reconocer que si queremos, podemos aumentar la predictibilidad de la operación de las tecnologías de información, no sólo desde las buenas prácticas de seguridad inmersas en los procesos de negocio, sino dentro del colectivo cultural y social de los participantes de la empresa, quienes son los que al final del día hacen la diferencia en la gestión de la seguridad de la información.

Referencias:
http://www.darkreading.com/shared/printableArticle.jhtml?articleID=227500653
http://www.verizonbusiness.com/resources/reports/rp_2010-data-breach-report_en_xg.pdf

domingo, 17 de enero de 2010

La seguridad de la información: Una estrategia de aprendizaje

Russell Ackoff y Daniel Greenberg en su libro “Turning learning right side up” publicado por Wharton School Publishing en 2008 hacen una serie de reflexiones alrededor de la educación tradicional que bien se pueden aplicar al desarrollo de la función de seguridad de la información en una organización.

1. La educación tradicional se concentra en la enseñanza y no en el aprendizaje.
2. El objetivo de la educación es el aprendizaje y no la enseñanza.
3. La inteligencia es la habilidad para aprender, no es una medida de cuánto has aprendido.

La función de seguridad de la información tradicional se concentra en la información y cómo esta deber ser protegida. Es decir, estudia los detalles de ésta y sus medios de difusión o almacenamiento para establecer las medidas tecnológicas (en su amplio sentido de la palabra y no solamente elementos computarizados) requeridas que permitan un acceso confiable y controlado. En este sentido, la seguridad hace énfasis en la forma como deben hacerse las cosas para obtener el comportamiento deseado y evitar sorpresas en el futuro que impacten el nivel de confianza del usuario en el acceso a los medios donde se encuentre registrada o almacenada la información.

En consecuencia con lo anterior, una función de seguridad de la información planteada de esta forma, trata de encontrar e impartir una manera de entender la protección de los activos de información orientada claramente por los controles conocidos y aplicados. En este sentido, las personas reconocerán la seguridad de la información como la atención a las medidas de restricción que le permiten conocer el nivel de confiabilidad del acceso y uso de los datos y su procesamiento, haciendo de éstas una rutina básica y propia que cada persona debe memorizar y aplicar.

Entender la función de seguridad de esta manera, es cerrarle la posibilidad a la organización para descubrir en su función de negocio, nuevas formas de construir confianza en el acceso y uso de la información; es negarle la posibilidad de reconocer nuevos valores y comportamientos que se pueden desarrollar para confirmar una estrategia de protección basada en las personas; es perder el potencial de acción y conocimiento de cada individuo en los procesos de negocio, para revelar las intenciones de los atacantes.

Si el objetivo de la educación es el aprendizaje, el de la seguridad son los riesgos y no los controles. Parece una herejía lo que se plantea en esta reflexión, pero no lo es; es realmente el resultado de comprender que la seguridad es una propiedad emergente de un sistema, que no imparte clases sobre cómo fluye y se asegura la información, sino más bien busca constantemente respuestas en los inesperados comportamientos que él mismo presenta, fruto de la interacción de éste y sus componentes.

Si no existieran los riesgos o pudiésemos tener situaciones sin riesgos, la seguridad sobraría, no sería elemento sensible a considerar. Pero como no existe tal condición y la constante es que estamos expuestos a los riesgos, se hace necesario aprender de la incertidumbre y de las “fallas de control” para comprender que en la sabiduría del error esta la fuente del aseguramiento permanente de la información de las empresas.

Si el secreto de la educación es el aprendizaje, entonces la inteligencia de la función de la seguridad estará en su capacidad de aprender de la dinámica de los flujos de la información en los negocios, comprender las condiciones inseguras a las cuales está expuesta la información, detallar y moderar las expectativas de los responsables de la información, con el fin de actuar como asociado y consultor interno, que permita acompañarlos en la valoración permanente del nivel de seguridad requerido; no para hacer invulnerable el tratamiento de la información, sino para encontrar nuevas formas para responder ante la inevitabilidad de la falla.

En este sentido, el encargado o responsable de la seguridad, en inglés el Chief Information Security Officer – CISO deberá entender su función como una estrategia de aprendizaje permanente y no de enseñanza, que le permita descubrir y afinar en la práctica que no se trata de transmitir, instruir, enseñar o usar la seguridad, sino más bien construir una comprensión conjunta, tangible y concreta de los riesgos de la información desde la dinámica del negocio que de manera natural sugiera sus estrategias de aseguramiento.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Inseguridad de la información en 2010

Cada vez más se hace más exigente tratar de predecir qué pasará con las tendencias de la inseguridad en los años venideros, pues su movimiento no probabilístico y disímil, deja en evidencia al mejor analista, que trate de modelar sus inciertos patrones y describir las líneas poco visibles de su trayectoria.


Considerando lo anterior y con la alta probabilidad de andar por sendas poco conocidas, trataremos de hacer una visión hacia adelante sobre las variaciones y efectos de la inseguridad de la información considerando las tendencias actuales de los eventos que se han manifestado hasta el momento y prometen seguir en el 2010.


A continuación cinco predicciones de lo que puede pasar durante 2010 en temas de inseguridad de la información.


1. Tormentas en la nube

Nuestra huella digital (datos que nosotros mismos generamos en sitios web, redes sociales, blogs, entre otros) (IDC REPORT 2008) cada vez es más amplia y visible. Ahora en un contexto de computación en la nube, donde tenemos una visión distribuida y de multiservidores virtualizados, es posible tener una sombra digital (información sobre nosotros) cada vez más extendida, difusa y muchas veces distorsionada, que impacte directamente los temas de seguridad y privacidad tanto de los datos como de la información.


Ante esta realidad, que de acuerdo con un estudio reciente de IDC, se espera que la inversión en este tipo de servicios crezca un 27% para 2012, es decir una inversión de 42 billones de dólares, (MATHER, T., KUMARASWANY, S. y LATIF, S. 2009, pág.10) es evidente que iniciativas como la de la Cloud Security Alliance animen las reflexiones y discusiones de las diferentes implicaciones de este tipo de tendencias que pone de manifiesto una computación basada en servicios de infraestructura, plataforma y aplicaciones.


2. Inseguridad móvil: equipos, datos e información

La realidad de los dispositivos móviles es contundente. Las cifras manejadas por Canalys (2009) sobre el mercado de teléfonos inteligentes donde se muestra un crecimiento de 4% año con año de estos dispositivos, llegando a una cifra de 41.4 millones de unidades en el tercer cuarto de 2009, así como el despacho de estas unidades con servicios integrados como GPS y WI-FI, nos muestran que habrá mayores elementos que analizar y proteger en la computación móvil.


Esta tendencia sumada al hecho que no se cuentan con adecuadas medidas de aseguramiento y control en este tipo de dispositivos (MAISTO 2009), nos abre un panorama bastante inestable y exigente para mantener el nuevo perímetro extendido de las organizaciones. Adicionalmente, la tendencia creciente del uso de memorias o dispositivos USB (más de 860 millones de unidades despachadas en 2007, considerando un crecimiento de 15% para 2010 según estudio reciente de Gartner – JUNGO 2009), se mantiene y extiende la alerta de fuga y pérdida de información en las organizaciones, lo que implica un ejercicio estratégico de los responsables de la seguridad de la información por incorporar prácticas de aseguramiento de información adecuadas con los flujos de información de negocio.


3. Cultura de la inseguridad: Desobediencia del factor humano

Considerando las reflexiones efectuadas por Furnell y Thomson (2009) en su documento de febrero de 2009 sobre la desobediencia de los usuarios para aceptar las medidas de seguridad de la información, es claro que las estrategias de sensibilización e interiorización de la seguridad, sigue siendo un reto importante para las áreas de seguridad de la información.


Mientras la seguridad de la información siga siendo un elemento externo la cultura de la organización, que no se contemple como parte fundamental de los procesos de negocio, basado en los flujos de información articulados en las soluciones de tecnología y adicionalmente, se advierta como “algo” que hay que cumplir por regulación o mandato normativo, las iniciativas de seguridad de la información serán objeto de apatía, desobediencia y resistencia. En este contexto, se genera un campo abonado para que la inseguridad riegue con serenidad sus nuevas semillas, esperando sin mayores contratiempos que nuevas manifestaciones hagan su aparición tanto en la tecnología, como en los procesos y las personas.


4. Nuevos retos, nuevas habilidades: Ciberseguridad, forensia y administración de riesgos

Ante una realidad de tecnologías de información y comunicaciones basadas en temas como computación en la nube, tecnologías convergentes, movilidad, perímetros porosos y plagas informáticas extendidas (redes sociales y teléfonos inteligentes), se requiere que los profesionales de la seguridad de la información desarrollen nuevas habilidades (GUPTA 2009, FIELD 2009) que permitan enfrentar esta realidad y apalancar las mismas en una cultura de seguridad de la información que genere una “barrera” importante para los atacantes y sus pretensiones.


La administración de riesgos, ya no es un ejercicio corporativo o específico efectuado para validar un contexto específico de un tema, tecnología o proceso, sino una competencia organizacional de cada uno de los individuos, que permita mantener un nivel de riesgos conocido, basado en prácticas confiables de administración de activos de información. De manera complementaria, dichas prácticas confiables, deberán estar como valores en uso (en todos los individuos de la organización) que muestren una relación adecuada con los servicios expuestos en internet y la información que se comparten allí.


Finalmente y no menos importante, cuando se materializa una falla de seguridad o peor aún, se hace evidente un fraude, se requiere que este profesional cuente con las habilidades requeridas para identificar, recoger, analizar y presentar los elementos materiales probatorios que sustenten las pruebas requeridas ante procesos jurídicos que se deriven de la atención de incidentes o actos ilegales. (CANO 2009) Esto no es otra cosa, que se cuente con destrezas propias de la computación forense que permitan avanzar rápidamente en la contención y análisis de lo ocurrido.


5. Las bases de datos: “la joyas de la corona en jaque”

El almacenamiento de los datos e información siempre es materia de análisis y revisiones en las organizaciones del siglo XXI. Un reciente estudio de ESG Research (ESG RESEARCH 2009), sobre las bases de datos, nos muestra que un alto porcentaje de ellas dependen de procesos manuales y que no cuentan con apropiadas medidas de seguridad, de acuerdo con la información, generalmente catalogada como confidencial, que permanece en ellas.


Así las cosas, la fuente principal, el insumo básico para el funcionamiento de las organizaciones y sus procesos de toma de decisiones, se encuentra en una ruta de malas prácticas y procesos poco automáticos que hacen encender las alarmas de los responsables de la seguridad de la información, para iniciar un proceso de aseguramiento que permita ajustar un paso más en su estrategia metodológica de defensa en profundidad.


Si bien esta tendencia en las bases de datos no es nueva, a lo que si apunta esta predicción, es a advertir que no es posible seguir aplazando este proceso de aseguramiento, de integración con las características de seguridad de las aplicaciones y por qué, no parte inherente y fundamental de la arquitectura de tecnología de información y comunicaciones de las compañías.


Referencias

CANALYS (2009) Smart phone market shows modest growth in Q3. Disponible en: http://www.canalys.com/pr/2009/r2009112.htm (Consultado: 13-Dic-2009)

ESG RESEARCH (2009) Frightening database security realities. Disponible en: http://www.guardium.com/assets/PDF/Databases_at_Risk_An_ESG_Research_Brief_Compliments_of_Guardium_2009-_09.pdf (Consultado: 12-Dic-2009)

GUPTA, U. (2009) The future of Information Security Profession. Disponible en: http://www.bankinfosecurity.com/articles.php?art_id=1997&opg=1 (Consultado: 13-Dic-2009)

FIELD, T. (2009) Core security skills: What’s required in 2010? Disponible en: http://www.bankinfosecurity.com/articles.php?art_id=1976&opg=1 (Consultado: 13-Dic-2009)

JUNGO (2009) USB Market Overview. Disponible en: http://www.jungo.com/st/usb_market.html (Consultado: 13-Dic-2009)

MAISTO, M. (2009) Enterprise cell phone security is lacking, say report. Disponible en: http://www.eweek.com/c/a/Mobile-and-Wireless/Enterprise-Cell-Phone-Security-Is-Lacking-Says-Report-757731/ (Consultado: 13-Dic-2009)

IDC REPORT (2008) The diverse and exploding digital universe. Disponible en: http://www.emc.com/collateral/analyst-reports/diverse-exploding-digital-universe.pdf (Consultado: 13-Dic-2009)

Sin autor. (2009) Horóscopo 2010 para la seguridad informática. Disponible en: http://www.redusers.com/horoscopo-2010-para-la-seguridad-informatica (Consultado: 12-Dic-2009)

FURNELL, S. y THOMSON (2009) From culture to disobedience: Recognising the varying user acceptance of IT Security. Computer Fraud & Security. February.

CANO, J. (2009) Computación forense. Descubriendo los rastros informáticos. Editorial AlfaOmega.

MATHER, T., KUMARASWANY, S. y LATIF, S. (2009) Cloud security and privacy. An enterprise perspective on risks and compliance. O’Really.