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domingo, 13 de marzo de 2011

Postura individual de seguridad de la información: Un hábito requerido para sobrevivir ante la inevitabilidad de la falla.

Cuando se lee en los principales medios informativos en el mundo sobre la amenaza de ciberguerras, sobre armas no convencionales soportadas en desarrollos tecnológicos, ciberataques y grupos o asociaciones técnicas y/o científicas que comprometen la seguridad de las infraestructuras tecnológicas de los gobiernos y naciones, o se filtran informaciones clasificadas como secretas o ultra secretas, como se presentó recientemente con Francia, se nos viene a la cabeza historias como las de Julio Verne, que en su momento desafiaron nuestro entendimiento y confrontaron nuestra realidad.

Sin embargo, hablar de fraude en un ambiente digital, de cibercriminalidad, de vulnerabilidades e inseguridad de la información ya no es desconocido en nuestro entorno; no obstante lo anterior, seguimos conquistados por la novedad de la tecnología y sus posibilidades, con una extraña confianza en ella, como si el proveedor cuidara de los detalles de seguridad y control, como parte inherente de la entrega del producto. En este sentido, cada uno de nosotros debe advertir que al estar en un ambiente de alta conectividad y componente informático, nos vemos expuestos a operar en un escenario donde se nos “pide” compartir información, detallar configuraciones de nuestros dispositivos móviles y muchas veces entregar las especificaciones de los medios tecnológicos propios para entrar en contacto con aquello que queremos o necesitamos. (GRAGIDO, W. y PIRC, J. 2011)

Como quiera que esta manifestación de una tendencia informática en la que nos encontramos indefectiblemente nos va a atrapar, se hace imperioso desarrollar y aumentar nuestra postura de seguridad de manera proactiva, que nos permita como ciudadanos de las redes, caminar con las medidas mínimas de seguridad y control, no para evitar ser alcanzado por la inseguridad de la información o la infraestructura, sino para ser más responsables y disciplinados en nuestras interacciones en el mundo digital que nos lleva más allá de la realidad en que vivimos. (GIRGENTI, R. y HEDLEY, T. 2011)

Hoy por los CIO – Chief Information Officer, o llamados Vicepresidentes o Directores de Tecnología de Información o mal llamados de Sistemas, se enfrentan al desafío de una sociedad altamente alfabetizada en temas tecnológicos, la cual le exige día con día mayor velocidad, mayor capacidad y mayor libertad de acción, para hacer de la experiencia de la tecnología en las empresas, una forma de aumentar la productividad de sus empleados. En este tenor, en la aparente libertad y posibilidades que se abren con los desarrollos tecnológicos, se esconden costos humanos, técnicos y procedimentales, que aún estamos por descubrir.

De otra parte, los oficiales de seguridad de la información, como ejecutivos responsables de las estrategias de protección de la información de las empresas, al igual que sus similares (CIO), sufren de las exigencias de los individuos, que demandan servicios y posibilidades que conquisten lo mejor de los dos mundos: la novedad y versatilidad de las tecnologías móviles e interactivas, con lo mejor de las condiciones de seguridad y control disponibles en el mercado. Así las cosas y sin perjuicio de las implicaciones que esta “espinosa” realidad establece, encontrar el balance ideal o al menos requerido para entregar lo mejor a los ansiosos “usuarios” es una labor donde ambos mundos deberán ceder en sus demandas y conciliar una posición intermedia, donde ninguno de los actores sea parte dominante.

Hablar de una sociedad digital, donde día con día se abren posibilidades y negocios novedosos con la información, la movilidad y la vida virtual, es entender una transición de un modelo de sociedad conocida y validada por comportamientos del mundo físico y real, a uno donde la vida transcurre siempre “en línea”, conectado y compartiendo información, donde las distancias no existen y los límites se desdibujan con un “click”.

Este es un momento histórico de transformación de la sociedad que conocemos y abrirnos a una nueva forma de interacción, que no permite demoras en la respuesta y entiende que en la movilidad esta la respuesta a su vida agitada y de comunicación, aún ésta no alcance el sentido real y formal que exige la misma.

Desarrollar una postura real y práctica de seguridad y control en una sociedad como la actual, en transición y concentrada en el movimiento permanente de información y tecnología, requiere integrar a nuestras acciones al menos cuatro elementos conceptuales y sencillos, que nos permitan contar con las alertas mínimas requeridas para caminar por el pedregoso mundo de la inseguridad de la información en un ambiente digital.

Siguiendo los conceptos expuestos por Westerman y Hunter (2007) en su libro, IT Risk. Turning business threats into competitive advantage, publicado por Harvard Business School Press en 2007, el lenguaje de los riesgos de la tecnología de información es una herramienta fundamental y básica que nos debe sensibilizar para avanzar en la construcción de una red de actividades cotidianas para asegurar una adecuada interacción con internet y todo lo que ella conlleva.

Según los autores, los temas de disponibilidad, control de acceso, exactitud y agilidad deben ser el nuevo modelo de entendimiento de nuestra relación con la avalancha de exigencias de movilidad y la realidad de la sociedad digital. Como se puede observar, estas cuatro palabras, no hablan de restricciones o conductas que requieran entendimientos sofisticados, sino más bien de acciones conocidas y disciplinadas para hacer de nuestra experiencia informática y tecnológica, una verdadera renovación permanente de nuestro entendimiento de la red y sus posibilidades.

Cuando hablamos de disponibilidad, no demandamos ni establecemos niveles de exigencia del 99.9% de operación de las plataformas de los proveedores de servicios de información, sino nuestras estrategias y acciones para estar preparados y continuar funcionando cuando el 0.1% se materialice. Esto es, tener la disciplina de mantener resguardados nuestros datos y la forma de tener acceso a ellos, mientras la condición de falla parcial o total se presenta. Así, la disponibilidad vista de esta forma, nos mantiene entrenados en la práctica de la prevención, que a todas luces resulta más económica que una actividad reactiva o de reparación.

De igual forma, cuando de control de acceso se trata, no estamos hablando de restricciones o formas de evitar que la información se conozca, sino de la forma cómo nosotros seleccionamos a quién(es) permitimos conocer nuestra información; hablamos del cuidado que tenemos para cuidar nuestros documentos personales y privados, del algoritmo personal que utilizamos para saber quién digno de nuestra confianza y cómo aseguramos que la información no toma caminos equivocados que terminen comprometiendo nuestra imagen, nuestras acciones e incluso poner en riesgo la vida misma o la de otros.

Revisar el tema de la exactitud, en inglés, accuracy, es advertir la gran huella digital que dejamos al navegar por internet, el conjunto de datos que constantemente estamos registrando en los diferentes sitios, que con el paso del tiempo se confunden y pierden su relación, por la renovación permanente de esta biblioteca 7x24x365 como lo es internet. Al no advertir esta realidad, la sombra digital, es decir, aquellas cosas que se puede decir con nuestra información, inmersa en los registros y documentos que dejamos al visitar la red, podrá ser susceptible de interpretación por los navegantes o utilizada por terceros inescrupulosos para crear los peores momentos de contradicción y riesgo, con un manejo inexacto de nuestra realidad, que cuestione incluso nuestros valores, actividades y manifestaciones dejando en entredicho lo que somos y hacemos.

La exactitud es esa responsabilidad que todos debemos tener con el manejo de nuestra información en cualquier escenario tecnológico, como esa conciencia permanente de nuestro actuar e interacción con la red, que nos permite mantener la prudencia en lo que compartimos, conversamos y revelamos, pues al final del día, todo lo que digamos, compartamos o revelemos será nuestra pesadilla o nuestra redención.

Finalmente la agilidad, es esa condición y característica que la tecnología debe brindar para hacer que las cosas pasen, ese entendimiento de cómo comprender las necesidades de los individuos y articular los modelos de negocios de las empresas. La agilidad, se alcanza sólo si se cuentan con buenos elementos de seguridad y control. Es decir, nadie es tan avezado y temerario (bueno, ¿algunos pocos?) de conducir un vehículo a muy alta velocidad, sin contar con un sistema o mecanismo de control que le permita detenerse cuando es debido. De igual forma, la agilidad en términos tecnológicos y en el paisaje de la red mundial de información, no podrá avanzar más rápido y de manera decidida, sin contar con unos buenos sistemas de seguridad y control, que permitan acelerar su desarrollo e integración con los diferentes actores sociales.

En este sentido, se hace necesario entender la agilidad en el contexto de los sistemas de protección y prácticas de seguridad de la información, que permitan tanto a los habitantes de la red, como a los proveedores, encontrar rutas alternas, que utilizando las condiciones básicas de aseguramiento de sus plataformas y las buenas práctica de protección y control de la información, establezcan la plataforma de aceleración que beneficie tanto a los individuos como a las empresas para alcanzar mayores niveles de desarrollo y generación de valor para sus accionistas y grupos de interés.

Considerando estas cuatro condiciones o elementos de reflexión, podemos establecer lo que podríamos llamar una postura individual de seguridad de la información que nos permitan mantener un nivel mínimo de paranoia administrable, que mantenga un sistema de alertas prudente y proactivo; que exija de nosotros una adecuada protección de la información, entendida como el hábito en el que desarrollamos una disciplina permanente para entender los riesgos a los cuales está expuesta, como parte natural de nuestro diario vivir en medio de una sociedad de la información y el conocimiento.

En consecuencia, cuando nos apropiamos de las prácticas de seguridad de la información, de nuestra preparación ante los sucesos inesperados, de nuestra responsabilidad sobre la circulación de la información, de nuestra forma de cómo brindamos acceso a ella, y entendemos que la velocidad de nuestra interacción con la red, depende de nuestros sistemas de seguridad y control, estamos creando un sistema de detección de amenazas inherente a las interacciones sociales digitales, que evoluciona conforme la exigencia de la red lo requiere, no como un estrategia de regulación impuesta por un tercero, sino como referente natural del mismo sistema, que cuestiona, enfrenta y descubre las intenciones de aquellos que quieren atentar contra el orden que balancea las más exigentes necesidades de los individuos y las condiciones de seguridad y control requeridas para su adecuado desempeño.

Si bien aún estamos muy distantes de este ideal, sea esta reflexión una excusa académica para cuestionar nuestra zona de confort y poner a tambalear la inercia misma donde descansa nuestra postura individual frente a la protección de la información.

Referencias
WESTERMAN, G. y HUNTER, R. (2007) IT Risk. Turning business threats into competitive advantage. Harvard Business School Press.
GIRGENTI, R. y HEDLEY, T. (2011) Managing the risk of fraud and misconduct. Meeting the challenges of a global, regulated, and digital environment. McGraw Hill
GRAGIDO, W. y PIRC, J. (2011) Cybercrime and espionaje. An analysis of subsersive multivector threats. Syngress.

lunes, 14 de febrero de 2011

Arquitectura de Seguridad de la Información: Una lección pendiente para los CISO's


¿Quiénes son los arquitectos?

Frecuentemente se habla de arquitecturas, de arquitectos, elementos y personalidades que poco a poco han tomado forma en medio de diferente temáticas como tecnología de información, seguridad de la información, talento humano, liderazgo entre otros campos. Cuando revisamos la etimología de la palabra arquitectura, encontramos que proviene del griego αρχ (arch, cuyo significado es ‘jefe’, ‘quien tiene el mando’), y τεκτων (tekton, es decir, ‘constructor’ o ‘carpintero’), que de manera combinada podría leerse como “jefe constructor”, esa persona que orienta, dirige y mantiene el rumbo para asegurar que cada pieza sea la requerida y mantenga la vista general y articulada de todo cuanto se tiene.

El arquitecto es quien de manera sistemática y sistémica define y mantienen las relaciones entre los elementos, le da forma a la estructura y define su propio funcionamiento. Ser un arquitecto es encontrarle el sentido a cada unión de los componentes, entendiendo su función en el conjunto de su obra, una forma de conjugar diferentes vistas de los participantes e interesados para ser luz en medio de las “turbas” de los diferentes entendimientos. Ser un “maestro constructor”, es traducir la complejidad y la visión de un diseño, en la sencillez de una expresión, en la cotidianidad de una explicación y en la contundencia de una declaración.

Avanzar en el diseño de una arquitectura, es decir, de una forma de articular y entender una realidad, es sumar en la reconstrucción de una verdad vista por múltiples actores, planteando una serie de patrones y parámetros para hacer de la visión de la estructura final, una ruta concreta y desafiante que permite a cada uno de sus participantes, sentirse orgulloso de un logro colectivo. El arquitecto no puede permitirse “errores de interpretación” o la tentación de “tener la verdad”, pues corre el riesgo de encontrarse con su propio reflejo, que no es otra cosa que su limitado entendimiento del enfoque final del proyecto.

En este sentido, tener la responsabilidad de ser un arquitecto de tecnología de información, de seguridad de la información, de la estrategia corporativa de una organización, requiere ir más allá del entendimiento de su propia área de conocimiento y forzarse a cruzar sus dominios y descubrir aquellas relaciones que antes no había visto, encontrarse con la esencia misma de la incertidumbre, para trazar un camino evolutivo que lo lleve de una vista particular, a una colectiva y enriquecida con las reflexiones de otros.

Un arquitecto que se niegue a vivir la realidad de su misión: ser facilitador de una visión colectiva de un equipo, sabrá que será responsable por las consecuencias de las inconsistencias que se planteen en el desarrollo de sus planes, pues el que debiendo ser luz, se vuelve tiniebla, corrompe la sal que “da sabor” a la fuente de la perspectiva y limita el desarrollo del potencial de la comunidad, de la cual es mentor.

Así las cosas, los arquitectos, esos jefes de construcciones técnicas, deben ir en profundidad de sus propias limitaciones, para que haciéndolas evidentes en cada una de sus actuaciones, puedan ser ocasión para descubrirse a sí mismos. Por tanto, avanzar en el reconocimiento de principios básicos de arquitectura, es recabar en la historia reciente de la humanidad que desafiante de la obra divina, es capaz de vivir la humildad de su propio conocimiento.

Finalmente y sabiendo que todos somos responsables para lograr la “maestría del constructor”, es necesario reconocernos finitos y limitados, para encontrar el camino que nos lleva la “veritas”, esa promesa divina y búsqueda humana, que se esconde en cada uno de nuestros pensamientos, en cada disciplina científica, en cada esfuerzo humano y técnico que hace de cada día, la experiencia más exigente y desafiante que podemos experimentar: vivir en plenitud y sin límites.

Reflexiones para los arquitectos de seguridad de la información

En este sentido, un arquitecto de seguridad de la información y todo su conocimiento deberá servir de “tapete” para que sea mancillado y puesto a prueba por las “huestes” de la inseguridad de la información y así, aprender de cada paso de sus maestros, la exigencia del reto de encontrar sentido y valor para ver más allá de lo evidente y escribir “derecho” con las letras “torcidas”.

Todo aquel que en seguridad de la información acepte el reto de ser un arquitecto, deberá soltar la vista de la infraestructura tecnológica y sumergirse en el mar de las relaciones de los negocios, no para saber cómo alcanzar mayor reconocimiento corporativo, sino para descubrir en las esencia misma de cada estrategia corporativa, cómo apalancar la diferencia desequilibrante, en un mercado altamente competitivo y dinámico.

Los arquitectos de seguridad de la información deben encontrar en su organización, el mejor laboratorio conceptual y arquitectónico para poner a prueba su entendimiento de los negocios y las promesas de valor basadas en la confianza corporativa, con el fin de esbozar con mayores detalles las estructuras más adecuadas para anticiparse a los ataques propios de la inseguridad de la información replegada en la articulación de la tecnología, las personas y los procesos.

En consecuencia, avanzar en una vista empresarial de la arquitectura de seguridad de la información, es reconocer en las capacidades del negocio, fuerzas y mecanismos anticipatorios, que permitan proteger los flujos de información que alimentan la estrategia. Es buscar en la sabiduría de los incidentes de seguridad, el conocimiento requerido para blindar las respuestas de la organización frente a sus amenazas. Es comprender las expectativas de los interesados, como retos y sugerencias de transformación que hacen de las estrategias de seguridad de la información, un insumo real y evidente de cómo se logran las metas empresariales.

Cuando el gerente, director o ejecutivo de seguridad de la información, reconoce en la arquitectura empresarial, cómo se hace parte de la dinámica de la corporación misma, revela los disparadores escondidos del programa de seguridad de la información, amplía la visión del modelo de negocios y es consciente del impacto de sus decisiones frente a la protección de la información.

Si bien existen múltiples formas de aproximarse al diseño de una arquitectura de seguridad, cualquiera que se escoja deberá tener en cuenta al menos cuatro elementos fundamentales: la información, las estrategias y metas de negocio, los fundamentos de seguridad y la administración de los riesgos. Estos cuatro elementos, visto de manera sistémica, revelan las necesidades propias de una organización frente al reto de hacer de la información un activo valioso y de su protección, una práctica sistemática inmersa en cada elemento de ella.

Por tanto, los arquitectos de seguridad de la información deberán compartir y alinear la agenda interna de la alta gerencia, con la agenda interna del área de seguridad de la información, no para estar enterados de los retos y ajustes empresarial, sino para afinar y ajustar sus acciones frente a las amenazas empresariales del entorno y, cómo desde el entendimiento de los riesgos de la información, generar escenarios predictivos y preventivos que custodien la forma como la empresa genera valor para sus accionistas y empleados.

Para dar cumplimiento a esta promesa del arquitecto de seguridad, se deben considerar algunas declaraciones de diseño que no pueden ser negociables y menos hoy en un ambiente móvil, de sobrecarga de información y de servicios extendidos.

Las declaraciones sugeridas son:
• La inseguridad de la información en una propiedad inherente de un sistema, por tanto es deber de la arquitectura descubrirla y entenderla.
• La arquitectura de seguridad de la información deberá ser flexible y adaptable como la inseguridad de la información (Resilente).
• El arquitecto debe entender que la seguridad es una propiedad emergente de un sistema y por tanto, deberá generar la variedad requerida para enfrentar sus amenazas internas y del entorno.
• Cualquier diseño que se proponga para enfrentar la inseguridad de la información deberá privilegiar la autoregulación, la autoadaptación y el aprendizaje, como apalancadores de valor para la información, las estrategias y metas de negocio, los fundamentos de seguridad y la administración de los riesgos.

Si bien no será fácil materializar esta disciplina arquitectónica en los diseños actuales de seguridad de la información, será un reto tratar de hacerlos realidad en las nuevas iniciativas, que den paso a un entendimiento de la seguridad, más allá de un ejercicio de protección de información y aseguramiento del cumplimiento normativo, por otro donde los fundamentos de la seguridad sean parte de la construcción de modelos de negocio confiables y productivos y la información sea el eje fundamental de nuestra relación con los accionistas y grupos de interés.

Referencias
• WEIL, ROSS y ROBERTSON (2006) Enterprise Architecture as Strategy. Harvard Business School Press.
• KOVACICH, G. y HALIZBOZEK, E. (2006) Security metrics management. Butterworth Heinemann.
• SCHOU, C. y SHOEMAKER, D. (2007) Information assurance for the enterprise. A roadmap to information security. McGraw Hill.
• COHEN, F. (2005) Security Governance: Business Operations, Security Governance, Risk Management and Enterprise Security Architecture. ASP Press.
• CARALLI, R. (2004) Managing for enterprise security. Technical Note. CMU/SEI-2004-TN-046. Carnegie Mellon University.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Fuga de la información: Revelando la inseguridad de la información en el factor humano

Revisando la etimología de la palabra fuga, encontramos que viene de la palabra fugare (en latín espantar, hacer huir), deriva de fugere (huir), por esta razón en latín fuga significa las dos cosas: persecución y huída. (Tomado de: http://etimologias.dechile.net/?fugar)

Considerando el origen de la palabra en español y su origen latino, la fuga es un acto en el cual se da una huída y a la vez una persecución. Podría decirse que no existe la huída sin una persecución. Necesariamente el acto de huir, exige una causa que anima a una de las partes a desaparecer del escenario y tratar de evitar ser visto o identificado para hacer más exigente la persecución por la otra parte interesada.

Con los recientes acontecimientos relacionados con la fuga de información (en inglés infomation leakage) se revelan muchos de los secretos mejor guardados de las naciones y la agenda paralela que se mantienen entre los gobiernos para mantener los lazos diplomáticos y acuerdos estratégicos. Si revisamos con cuidado, lo que ha ocurrido, podemos tener diferentes lecturas y motivaciones para calificar los hechos, bien como la mayor brecha de seguridad que se haya realizado o un acto de real libertad de información.

En cualquiera de los dos casos tenemos una fuga de información, que necesariamente genera una persecución, bien por haber expuesto información clasificada como secreta o altamente secreta, o bien por publicar y mancillar la privacidad natural y propia de tanto de las personas naturales como jurídicas. En este contexto, todos tenemos cosas que sabemos son restringidas y propias de nuestra intimidad, que estamos dispuestos a preservar de la mirada de otros, no porque sean ilegales o prohibidas, sino porque hacen parte de nuestra realidad y personalidad muy propia. Por tanto, todas las acciones que emprendamos para defendernos ante esta situación estará justificada frente a la magnitud de los hechos, sabiendo que las consecuencias de estas acciones tendrán efectos a corto, mediano y largo plazo e impactos en la reputación y buen nombre de los involucrados.

Si nos remontamos a otras épocas (la famosa guerra fría) donde la inteligencia y el espionaje era la norma natural a través de la cual las naciones generaban su posición Info-estratégica, encontramos que todas las personas involucradas en estas actividades reconocían en la información una de las formas a través de la cual era posible anticiparse o tener una perspectiva ventajosa frente a situaciones inesperadas en el corto o mediano plazo. Estos ejercicios realizados en el contexto de la seguridad nacional daban mayores márgenes de maniobra o negociación ante situaciones críticas, mientras que en el escenario de la industria privada fue la manera de anticiparse a la crisis de los mercados, reconociendo el valor de los ejercicios prospectivos y de inteligencia competitiva como apalancadores de la visión y la administración de los riesgos de los negocios.

Cuando somos testigos de uno de los hechos más representativos de fuga de información de la última década, son múltiples las visiones y afirmaciones que se advierten, frente a un hecho que naturalmente ocurre, como bien dice una señora casada: “de las puertas hacia adentro, yo si sé como son las cosas”. Dicho de otra manera, de las puertas hacia adentro, cada nación, empresa y persona, tiene detalles de los asuntos y acciones que han emprendido para mejorar y tener una posición práctica y relevante frente a eventuales vulnerabilidades propias de sus procesos de negocio y su estatus frente a su competencia en el entorno.

Por mucho que las naciones, organizaciones y personas se esfuercen para evitar una fuga de información, se hace necesario contar con la esfera inabarcable de los seres humanos, que quieran o no, están expuestos constantemente a guardar o revelar secretos como parte natural de su relacionamiento con otros. Si el secreto que se guarda le implica sanciones o efectos negativos posteriores, la persona estará persuadida de no hacerlo, aunque muchos podemos ser lo suficientemente osados para desafiar lo que haya por venir. Así las cosas, nadie puede vivir sin relacionarse con otros, por tanto la revelación de la información propia de nuestras relaciones estará enmarcada en la confianza y protección que al menos dos puedan hacer de ella, siempre y cuando no exista la intimidación o presión que se pueda tener por ésta.

Con los avances tecnológicos y una alta interactividad de los usuarios finales a través de medios inalámbricos, la información fluye tan rápido como ella se produce. Es así que tenemos ahora ciudadanos digitales empoderados y exigentes, que demandan estar “informados”, para tener una posición al respecto y por qué no incidir en la toma de decisiones que implica la situación. En este contexto, al compartir cada vez más información a través de las redes, perdemos espacio en nuestra privacidad, ese principio fundamental propio de la esfera personalísima que nos define y realiza, más allá de nuestras acciones y labores diarias, pues allí está la esencia misma de nuestra personalidad y razón de ser.

En razón con lo anterior, cada vez más tenemos escenarios para materializar una fuga de información, más allá de un acceso físico a documentos, o generación de grabaciones analógicas o digitales de conversaciones, ahora en un mundo interconectado y con múltiples plagas informáticas, vulnerabilidades y fallas de seguridad, los cuales no avizoran un mejor escenario para las naciones, organizaciones y personas. En consecuencia, las acciones que se emprendan para mitigar la fuga, deberán articular los aspectos tecnológicos, jurídicos, procedimentales y culturales para establecer una red de estrategias, que reten las motivaciones propias de aquellos que “buscan revelar” lo que está oculto y generar los impactos que satisfagan sus “intenciones” primarias.

Establecer estrategias en este sentido, es reconocer al ser humano como el eslabón más débil de la cadena y el elemento táctico más efectivo para enfrentar al mismo hombre. Dicho de otra forma, nosotros somos la causa y el control de la fuga de la información, razón por la cual los teóricos y practicantes de la seguridad se encuentran en una encrucijada, para poder enfrentar con efectividad este riesgo. Cuando la protección de la información corporativa se hace como parte extensiva de la custodia misma de la información personal y sus impactos, se confronta el entendimiento colectivo de la cultura y se hace evidente que nuestros comportamientos deberán ser los esperados por la empresa, así como nosotros los esperamos con nuestros datos.

Es claro que, como reza la realidad de los hackers o “aquellos que van más allá del manual” (no hablo de aquellos que han usado lo que saben para afectar o dañar a otros), la información es la materia prima para hacer que las cosas avancen: un mundo informado es un mundo que tiene una posición crítica y acciones concretas frente a la situación, pero de igual forma hay registros que no deben estar a la luz pública, so pena de generar inestabilidades sociales o malos entendidos que no ayudan a la construcción de un mundo mejor y con oportunidades para todos.

Cualquiera sea su posición frente a los hechos revelados recientemente, es importante que se cuestione sobre “su derecho a estar informado”, al “derecho que tiene a cada persona a su privacidad”, a la revisión de los impactos propios de este tipo de hechos y sobre manera a la protección de su información, como elementos básicos para tomar una posición balanceada, firme y concreta frente a ese activo que representa o tiene un valor para alguien, quien generalmente conoce y sabe lo importante que es para esa persona u grupo de individuos: la información.

Finalmente y sabiendo que toda fuga lleva consigo una persecución, evalúe con cuidado de qué lado quiere estar: ser un “fugitivo o perseguido” con causa o sin causa, o ser el “fiscal acusador y perseguidor” que hará defender sus derechos bien por una causa o razón para salvaguardar una reputación, o por conveniencia, cuándo él mismo se encuentra involucrado. A final la decisión no admitirá puntos medios, sino la realidad propia de los intereses de las partes comprometidas.


Referencias
GORDON, P. Data leakage. Threats and mitigation (2007) GSEC Gold Certification. Disponible en: http://www.sans.org/reading_room/whitepapers/awareness/data-leakage-threats-mitigation_1931
BORTNIK, S. (2010) ¿Qué es la fuga de información? Parte II. Disponible en: http://blogs.eset-la.com/laboratorio/2010/04/22/%C2%BFque-es-la-fuga-de-informacion-parte-ii/. Blog - ESET.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Inseguridad de la información. Fuente de la innovación en seguridad de la información

Introducción
Parafraseando al Jesuíta González Vallés en su libro “El secreto de oriente. Respirar”, “(…) bastó un soplo para que el hombre tuviese vida. Un delicada y suave expiración de DIOS, para que fluyese la semejanza del Eterno en nuestra esencia”. Una frase que verifica con una decisión la transformación de la creación, la puesta en escena de una nueva criatura, un nuevo orden que somete bajo el mandato del hombre, todas las cosas como administrador de la tierra.

Esta misma condición y mandato natural, se quiebra por la desobediencia del hombre, lo cual trae como consecuencia todas las vicisitudes y limitaciones que experimentamos a diario. De igual forma en la seguridad de la información la desobediencia y la arrogancia de nosotros es causal de la innovación permanente de la inseguridad de la información. Al no tener claridad sobre el ejercicio de protección de la información, cualquier escenario que se plantee será válido y las respuestas ante los incidentes serán inesperadas, sin planeación y posiblemente erráticas.

En este escenario ahora natural y normal, no resulta muy sofisticado tratar de inferir las tendencias en la inseguridad de la información el próximo año o 10 años, pues de lo que se trata es de identificar “los nuevos juguetes tecnológicos” que están disponibles, su popularidad en el uso, advertir los nuevos desarrollos tecnológicos y malas prácticas aplicadas, que generan el escenario ideal para que la creatividad, esa ausencia de autorestricciones, fluya con sencillez entre las rendijas desatendidas de las relaciones entre la tecnología, las personas y los procesos.

Revelando las fuentes de la innovación
Trata de comprender la inseguridad de la información y un escenario plausible para su evolución, es tratar de comprender algunas variables generalmente aceptadas para comprender la innovación. De acuerdo con Peter Drucker, las fuentes básicas de la innovación se encuentran en: las ocurrencias inesperadas, las incongruencias, las necesidades de los procesos, la industria y cambios en los mercados, en los cambios demográficos, en los cambios de percepción y en el nuevo conocimiento.

Cada una de estas variables representa todo un reto de análisis y revisión que con el paso del tiempo, es posible ver un marcado liderazgo de una u otra. Las dos primeras están más relacionadas con el factor sorpresa, ese momento o reflexión que surge sin estar previsto, que desequilibra la comprensión actual y compromete el statu quo de lo que se conoce y sabe. Esta incertidumbre, se convierte en el insumo fundamental para que un nuevo paradigma surja y nuevas propuestas para aproximarse a la situación problemáticas se hagan presentes.

Las dos siguientes variables, las necesidades de los procesos, así como la industria y sus cambios en los mercados, están relacionadas con la manera como la empresa entiende lo que hace y en qué contexto lo materializa. El estar avocada a la constante renovación de los mercados y las reiterativas necesidades del negocio para obtener mejores resultados, genera una ambiente de alta presión, mucha responsabilidad y decisiones oportunas. En este contexto, la inestabilidad de la situación nos revela nuevamente la incertidumbre, como ese factor común que lanza al tomador de decisiones a advertir sus riesgos y evaluar su posición frente al reto que se le sugiere.

Cuando de cambios demográficos y cambios de percepción se trata, el ser humano es el protagonista principal. Los cambios en la composición de la sociedad, edades, perfiles de las personas, variaciones de sus percepciones, propensión al riesgo, nuevas necesidades y exigencias, hacen de estas variables elementos desafiantes, pues comprender este tipo de desviaciones, exige una permanente valoración de la comprensión del riesgo de las personas, sus gustos y tendencias de los mercados, permitiendo el surgimiento de nuevos entendimientos de la realidad o retos novedosos para la industria o su entorno de negocio.

Finalmente la creación de nuevo conocimiento, necesariamente pasa por la ruta de la incertidumbre y contradicción, pues sólo en este entorno se abre la posibilidad de correr el velo de la rutina y se cae el telón del “eso ya lo hemos probado”, para que los nuevos lentes tallados desde la mente individual y colectiva, muestren a la sociedad una sorpresa que mueva elementos dormidos o aún desconocidos para sus participantes.

La innovación y la inseguridad de la información
Revisando cada uno de estos elementos de la innovación, encontramos en la inseguridad toda una maestra que revela en cada variable analizada una lección propia que debemos reconocer e incorporar en nuestra práctica de seguridad como estrategia para anticiparnos a los posibles riesgos que son propios en cada una de ellas.

Cuando de hablamos de ocurrencias inesperadas, la inseguridad de la información se revela en la inevitabilidad de la falla, esa que está esperando el momento y la ocasión para materializarse. Cada trozo de código en cualquier programa cuenta con situaciones inesperadas que han quedado incluidas en su estructura y sólo esperan una combinación particular de la interacción con el usuario o proceso para revelarse. Una condición que denominamos inesperada es la que termina por descubrir la combinación exacta para materializar la falla de seguridad, falla que ha estado dormida en la ejecución del código y aguardando su turno para manifestarse.

Las presiones de los mercados y la exigencia de resultados exponen nuevamente a la seguridad a rendir concesiones, a generar excepciones que plantean escenarios para que la inseguridad de la información haga su aparición. Cada excepción es la respuesta a una condición de exigencia de negocio que requiere espacio para avanzar en la realización de valor de la firma o el cumplimiento de una exigencia directiva. Cuando la seguridad de la información no colabora, es estigmatizada frente al resultado, pero cuando se hace parte de la solución, es la respuesta que se espera de ella y sus responsables. La seguridad no debe ser parte del problema, sino facilitadora de la contestación al mismo.

Con el paso del tiempo se advierten cambios en la manera como percibimos el riesgo, como entendemos nuestras relaciones con los demás y sobremanera como nos aproximamos al mundo que nos rodea. No es equivalente comprender a los nacidos entre 1980 y 1990, que a los nacidos en 1970 y 1979. Cada uno de ellos tiene una manera de comprender su entorno y una realidad diferente. Mientras los nacidos en los 70’s encontraron un mundo con guerras y nacientes desarrollos tecnológicos, los cuales fueron apalancadores de grandes cambios y revoluciones, los nacidos en los 90’s son herederos de la tecnologías, del mundo de lo instantáneo y de soluciones automáticas.

Así las cosas, la distinción de la seguridad de la información para los herederos de los 70’s es una condición base para actuar, mientras para los nacidos en los 90’s es un reto para superar, una condición contradictoria frente al flujo natural de la información, pues consideran que ésta (la información) es parte natural de su entorno y realidad.

Todos estos elementos revisados previamente generan múltiples vistas de la realidad, diversos entendimientos y posiciones que terminan en explicaciones de los fenómenos estudiados, no para cuestionar el ambiente actual, sino para revelar una comprensión aún no estudiada, una vista complementaria de lo que ocurre, que nos permite construir nuevos “cómos” y desarrollar reglas novedosas para sorprendernos de lo que podemos hacer y renovar para evitar la zona de confort.

Reflexiones finales
La inseguridad de la información reconoce en la sabiduría del error, de la sorpresa, de lo inesperado, la fuente misma de conocimiento y renovación de su propia esencia. No es posible avanzar en el fortalecimiento de las tecnologías de seguridad sin la manifestación propia de la inseguridad. Es decir, que mientras más nos sumerjamos en la fuente misma de la inseguridad de la información mayor información tendremos para anticiparnos.

Cuando advertimos la aplicación de malas prácticas en la protección de la información; cuando somos capaces de destruir nuestras propias restricciones frente a las posibilidades de la interacción entre tecnología, personas y procesos, es posible generar escenarios prospectivos que nos permitan anticiparnos a ver posibilidades, antes que la inseguridad los haga reales.

Como sabemos que el riesgo cero no existe, esta reflexión busca manifestar una posibilidad para avanzar en la conquista de nuestras propias limitaciones, de nuestros inesperados comportamientos frente a las fallas, para encontrar en las condiciones base de la innovación, nuevos insumos para rastrear a la inseguridad de la información como una táctica más para continuar comprendiendo la “inevitabilidad de la falla”.

Reconocer en la inseguridad de la información una estrategia para validar las manifestaciones de la innovación sugeridas por Drucker, es caminar en un nuevo tejido de relaciones y propuestas para incorporar una función de inteligencia competitiva que nos permita una función de seguridad de la información proactiva, preventiva y retadora de la realidad: una búsqueda permanente con focos claros, esfuerzos dirigidos y trabajo dedicado.


Referencias
DRUCKER, P. (2002) The discipline of Innovation. The innovative enterprise. Harvard Business Review. August. Disponible en: http://www.engr.pitt.edu/mac/images-t/articles%20and%20docs/DisciplineofInnovation.pdf (Consultado: 6-12-2010)
GONZÁLEZ VALLÉS, C. (2006) El secreto de oriente. Respirar. Sal terrae.

domingo, 3 de octubre de 2010

El debido cuidado en seguridad de la información. Un ejercicio de virtudes para la función de seguridad de la información

Siguiendo los elementos conceptuales y formales establecidos en la tesis de maestría en Derecho de ETSEBETH (2009) detallar un estándar de debido cuidado para el gobierno de la seguridad de la información en una organización debe pasar al menos por los siguientes elementos:

* La obligación legal de las organizaciones de proteger la información
* Las responsabilidades frente a la materialización de las fallas de seguridad de la información
* El desarrollo efectivo de un programa de seguridad de la información
* Un modelo de seguimiento y control de la efectividad del gobierno de la seguridad de la información

Obligación legal de proteger a la información
La obligación legal de las organizaciones de proteger la información no solamente se encuentra articulada por las normatividades nacionales e internacionales que obligan a las empresas para establecer medidas de salvaguarda de la misma, sino en el entendimiento y aseguramiento de: (ETSEBETH 2009, Sección Resumen Ejecutivo)

* La forma en la cual la información es creada, procesada, almacenada, transmitida, usada y comunicada.
* ¿Quién tiene acceso a la información?
* ¿Qué pueden hacer las personas con la información?
* ¿Cuánto tiempo éstas tendrán acceso?
* ¿Quién tiene la autoridad para cambiar el acceso y cómo?

Responsabilidades frente a las fallas de seguridad de la información
Teniendo claras las respuestas y acciones requeridas para enfrentar la obligación legal, se hace necesario revisar y comprender las responsabilidades que se tienen cuando la inseguridad de la información se materializa en el contexto organizacional. Las responsabilidades se articulan a nivel corporativo en diferentes niveles frente a los diferentes grupos de interés.

En este sentido, el primer responsable frente a la materialización de una falla de seguridad es la alta gerencia, quien al declarar a la información como un activo a proteger es el primer patrocinador del aseguramiento de la misma en los diferentes frentes de la organización. Si bien dicha responsabilidad, se materializa en el responsable corporativo de la seguridad de la información, es deber de los cuerpos de gobierno corporativo, establecer las respuestas concretas y efectivas para los interesados (mayoritarios y moniritarios) sobre lo ocurrido, sus impactos y las posibles disminuciones de valor que han tenido sus intereses en la empresa.

En un segundo nivel, se encuentra el director o responsable empresarial de la seguridad de la información o en inglés Chief Information Security Officer, quien deberá rendir cuentas de la efectividad del programa de seguridad de la información, la administración de los riesgos de seguridad y la efectividad de las medidas de seguridad tecnológicas que se tienen implantadas. Este reporte, deberá estar articulado con las promesas de valor que la organización tiene para sus grupos de interés de tal manera que se haga evidente como la inversión en la protección de los activos de información, se hace concreta en el nivel de confianza esperado por la organización y el nivel de riesgo aceptado por ésta frente a las amenazas identificados.

En un tercer nivel, se encuentran los analistas de seguridad de la información, especialistas en riesgos y controles de seguridad, así como los profesionales de seguridad informática que aseguran la infraestructura tecnológica: administradores de red, de servidores, de firewalls, antivirus, entre otros, que deberán rendir cuentas sobre las medidas de mitigación y control frente a las amenazas identificadas, así como el conocimiento del nivel de riesgo propio de cada uno de los mecanismo de protección. Este reporte, debe mostrar el seguimiento y alineación de acciones frente al programa de seguridad que tiene la empresa y cómo las fallas de seguridad deben ser atendidas en el modelo de atención de incidentes, con el fin de comprender mejor a la efectividad de las medidas tecnológicas implementadas y su permanente actualización frente a la dinámica del entorno empresarial y de la inseguridad de la información.

Diseño y desarrollo el programa de seguridad de la información
Como se puede ver, las responsabilidades frente a las falla de seguridad, exigen del responsable de la seguridad de la información, el diseño y desarrollo de un programa de seguridad de la información efectivo, entendiendo este como un conjunto de estrategias y actividades que articulen los mecanismos de integración organizacional, las estructuras de coordinación y las competencias técnicas requeridas que muestren claramente la integración de la seguridad con la estrategia empresarial (CANO 2010).

En este contexto, la implementación del programa de seguridad debe informar y comunicar a la alta gerencia sus alcances, retos y riesgos, con el fin de advertir con claridad y precisión qué hace parte de las acciones para mitigar las posibles fallas de seguridad y cuáles los riesgos residuales que acepta la empresa frente a las amenazas identificadas en los flujos de información en sus procesos de negocio.

Seguidamente, incorporar dentro del hacer natural de las actividades de negocio, el análisis de los riesgos de seguridad de la información, como parte inherente del actuar de las personas en sus actividades diarias. Esto es, reconocer que la información no es algo que está en los procesos, sino que es parte del negocio, pues basado en las prácticas de aseguramiento y protección, es que podemos comprender la efectividad y valor de la misma cuando el negocio mismo genera valor para los grupos de interés.

Roles y responsabilidades frente al tratamiento de la información
Fruto de lo anterior, se presenta de manera natural los roles y responsabilidades que los participantes de los procesos tienen frente a la información. Los dueños o propietarios de la información, como aquellos que crean la información y establecen las condiciones de uso y custodia del mismo, dado que reconocen y entienden sus riesgos, en el contexto de los flujos de información del proceso en el que participan.

Seguidamente, se establecen los usuarios, quienes atendiendo las condiciones y característica de uso establecidas por sus propietarios, sacan el mejor provecho de la misma en un ambiente controlado, sabiendo que cualquier uso no autorizado, promueve la materialización de un incidente de seguridad de la información con impacto corporativo importante.

Finalmente, se tienen los custodios, quienes observando las características establecidas por los propietarios y las necesidades de uso de los usuarios, definen los medios y mecanismos para mantener la disponibilidad de la información y la trazabilidad de los accesos requeridos, asegurando en tiempo, medio y formato que la organización minimizará los riesgo asociados con obsolescencia tecnológica, compatibilidad de formatos de datos e integridad de los medios de almacenamiento.

Seguimiento y control del gobierno de la seguridad de la información
Necesariamente lo anterior, debe responder no solamente a una apropiación de recursos técnicos, financieros y talentos humanos, sino toda una estrategia de concientización e interiorización de la distinción de seguridad, que apalancada desde la distinción de riesgos, es capaz de cuestionar el colectivo organizacional de supuestos frente a la protección de la información, para construir una nueva forma de comprender y valorar la información desde la esfera personal, hacia la realidad corporativa.

Como toda iniciativa, el programa de seguridad de la información, deberá mantener un seguimiento y mantenimiento por parte de la función de seguridad y su cuerpo directivo, de tal manera que asegure que el nivel de riesgo aceptado se mantiene o disminuye. Esto significa, que el reporte de avance del programa no se medirá exclusivamente en la materialización o no de incidentes de seguridad de la información, que se tengan en la organización, sino en los niveles de prevención y ahorro que situaciones infortunadas que se pudieron materializar y no se dieron.

Medir la efectividad de la seguridad la información es un reto permanente de los ejecutivos de la seguridad de la información, que lo que busca en últimas es “contar con un entendimiento interno y propio de la inseguridad de la información en el contexto del negocio y cómo esta se esconde y refugia en comportamientos inadecuados y limitaciones tecnológicas (…)” (CANO 2010b)

Reflexiones finales
En consecuencia, para hacer realidad la propuesta planteada para materializar el debido cuidado en seguridad de la información se hace necesaria una evolución acelerada de la función de seguridad hacia los temas de gobierno, riesgo y cumplimiento, que le permita estar en la agenda los miembros de la junta directiva a través de un comité ejecutivo de primer nivel, donde se rindan cuentas de la evolución del programa de seguridad, apalancado en los riesgos estratégicos de negocio y las regulaciones y acciones legales que implican la materialización de una falla de seguridad. (ETSEBETH 2009, capítulo 8)

Por tanto, la próxima vez que sea interrogado sobre el debido cuidado en seguridad de la información, recuerde éste es un ejercicio equivalente al desarrollo de virtudes humanas, donde cada persona da lo mejor de sí para alcanzar el justo medio, aún cuando en el camino sea tentado y sorprendido por situaciones inesperadas que ponen a prueba su propio entrenamiento y experiencia frente al siempre nuevo y dinámico arte de la inseguridad de la información.

Referencias
ETSEBETH, V. (2009) Legal implications of information security governance. Master of Law Thesis. Unpublished Document. Law Faculty. University of Johannesburg. Disponible en: http://ujdigispace.uj.ac.za:8080/dspace/handle/10210/1837. (Consultado: 3-10-2010)
CANO, J. (2010) Integrando la seguridad de la información en la estrategia empresarial: Una reflexión socio-técnica para enfrentar la inseguridad. Disponible en: http://insecurityit.blogspot.com/2010/09/integrando-la-seguridad-de-la.html (Consultado: 3-10-2010)
CANO, J. (2010b) Métricas en seguridad de la información. Un reto permanente. Disponible en: http://insecurityit.blogspot.com/2010/07/metricas-en-seguridad-de-la-informacion.html (Consultado: 3-10-2010)

domingo, 11 de julio de 2010

Métricas en Seguridad de la Información: Un reto permanente

Hablar sobre métricas en seguridad de la información, es actualizar una reflexión permanente que está en la agenda de los ejecutivos de seguridad. Las métricas, necesarias para evidenciar la gestión de los profesionales de seguridad frente a los temas de aseguramiento de infraestructura, pero no suficientes para dar respuesta al interrogante: ¿qué tanto hemos mejorado nuestra seguridad con respecto al año anterior?

El Dr. Hyden afirma en su libro que “medimos la seguridad para entender la seguridad”. Parece una afirmación algo simple, pero desafiante y exigente para llevarla a la práctica. En la medida que recolectamos datos sobre la seguridad, con un contexto, con un objetivo, sabiendo lo que queremos hacer con ellos, poco a poco se nos revelará aquello que queremos conocer y detallar. Podemos tener grandes reportes con datos y vulnerabilidades identificadas, los cuales carecerán de sentido si no sabemos qué es aquello que nos queremos responder y atender, para continuar nuestro viaje al corazón mismo de la inseguridad en las diferentes relaciones entre personas, tecnología y procesos.

Continúa comentando el académico mencionado previamente, que “el real beneficio de las métricas se revela cuando los datos que se representan llevan a actividades con sentido para la organización, acciones que soporta objetivos y apalancan retos en la empresa”. En este contexto, el valor de las métricas se percibe y se potencia, sólo cuando somos capaces de expresarlas en el lenguaje del negocio y la hacemos parte de la manera como la misma corporación genera valor en su entorno.

Así las cosas, las métricas en seguridad son valoraciones altamente riesgosas, pues al comprender mejor algo que previamente no se conocía, se genera un mayor conocimiento de la situación y su correspondiente responsabilidad y obligación para actuar en conformidad. En este escenario, recolectar información sobre las diferentes variables el programa de protección de la información es comprender por qué se recogen y las decisiones que se tomarán soportadas en ella.

Considerando lo anterior, el desarrollar un programa de métricas en seguridad exige declarar las limitaciones propias de este ejercicio y la comprensión de variables con cambios constantes, incertidumbre y riesgo, que en otras industrias como los seguros, la manufactura y los diseños se manifiestan con la misma intensidad. De acuerdo con lo que presenta el Prof. Hyden en su libro, se advierte al menos tres lecciones sobre las métricas de seguridad en estas industrias a saber: (HYDEN 2010, pág. 20, 21 y 22)

Lección No.1 Sus métricas de seguridad y las subsecuentes decisiones derivadas de la administración de riesgos, mejorarán su seguridad, tanto como su capacidad para recolectar, analizar y entender los datos relacionados con la operación de la seguridad. (Seguros)

Lección No.2 La seguridad es un proceso de negocio. Si usted no está midiendo ni controlando el proceso, usted no estará midiendo ni controlando la seguridad. (Manufactura)

Lección No.3 La seguridad es el resultado de una actividad humana. Un programa efectivo de métricas en seguridad tratará de entender las personas tanto como la tecnología. (Diseños)

Hyden define la medición como el acto de juicio o estimación de las calidades de algo, a través de la comparación con algo adicional. Mientras las métricas, como los estándares de medidas. En este sentido, no son las métricas las que son sensibles en sí mismas, pues responden a hecho concretos sobre aspectos de la seguridad de la información que requieren ser revisados, sino las mediciones que se derivan de ellas, es decir las valoraciones que se efectúan sobre las métricas las cuales son juicios de valor humanos frente a referentes que deberán ser los más adecuados con la realidad de la empresa y su entorno competitivo.

Considerando lo anterior, Jaquith (2007, pág.30) confirma que si bien se establece un sistema de métricas basado en estándares como el ISO 27001 es un reto interesante, no es lo más adecuado dado que las mediciones asociadas con éste, estarán focalizadas en aspectos que son auditables y requerimientos de control, más que en la incorporación de las prácticas mismas; estará muy sesgada por criterios subjetivos de valoración, dado que se requiere definir qués y cómos propios con la dinámica de la organización y sus estructuras de negocio, y finalmente, las métricas se enfrentarán al problema de la valoración, las cuales el mismo estándar no ofrece orientación al respecto.

De manera complementaria Brotby, establece en su publicación que “se mide para poder administrar”. Esto es, negociar un conjunto de recursos, acordar unos comportamientos requeridos y rendir cuentas. En consecuencia para determinar la información requerida para medir y monitorear un proceso de seguridad se requiere dar respuesta al menos a las siguientes preguntas: (BROTBY 2009, pág.73)
1. ¿Qué es lo que será administrado?
2. ¿Cuáles son sus objetivos?
3. ¿Qué decisiones se deben tomar?
4. ¿Qué información es requerida para tomar dichas decisiones?
5. ¿Qué procesos pueden proveer la información requerida?

Los tres autores coinciden en que las métricas en seguridad de la información son acuerdos propios de las organizaciones en los cuales las buenas prácticas y/o estándares nos permiten comprender la brecha que tenemos frente a los ideales y no representan un ejercicio mandatorio o imprescindible para alcanzar modelos certificables frente a nuestra gestión de riesgos relacionados con la información.

El contar con un entendimiento interno y propio de la inseguridad de la información en el contexto del negocio y cómo esta se esconde y refugia en comportamientos inadecuados y limitaciones tecnológicas, nos permite generar mayor visibilidad del programa de protección de activos de información, que el uso mismo de un estándar per se.

No queremos con esta reflexión insinuar o desvirtuar las grandes bondades de las prácticas de seguridad de la información disponibles a la fecha, sino más bien darles su debido lugar dentro de la exigente y constante manifestación de la inseguridad en cada uno de nuestros procesos organizacionales, como esos libros abiertos de sabiduría y consejo, que siempre están disponibles para continuar afinando nuestras acciones de tratamiento del riesgo y afinando nuestro olfato para enfrentar a la inseguridad de la información, haciendo de las mediciones una consecuencia de nuestro mejor entendimiento de esta realidad.

Referencias
HYDEN, L. (2010) IT Security metrics. A practical framework for measuring security & protecting data. McGraw Hill.
BROTBY, K. (2009) Information security management metrics. A definitive guide to effective security monitoring and measurement. CRC Press.
JAQUITH, A. (2007) Security metrics. Replacing fear, uncertainty, and doubt. Addison Wesley

domingo, 17 de enero de 2010

La seguridad de la información: Una estrategia de aprendizaje

Russell Ackoff y Daniel Greenberg en su libro “Turning learning right side up” publicado por Wharton School Publishing en 2008 hacen una serie de reflexiones alrededor de la educación tradicional que bien se pueden aplicar al desarrollo de la función de seguridad de la información en una organización.

1. La educación tradicional se concentra en la enseñanza y no en el aprendizaje.
2. El objetivo de la educación es el aprendizaje y no la enseñanza.
3. La inteligencia es la habilidad para aprender, no es una medida de cuánto has aprendido.

La función de seguridad de la información tradicional se concentra en la información y cómo esta deber ser protegida. Es decir, estudia los detalles de ésta y sus medios de difusión o almacenamiento para establecer las medidas tecnológicas (en su amplio sentido de la palabra y no solamente elementos computarizados) requeridas que permitan un acceso confiable y controlado. En este sentido, la seguridad hace énfasis en la forma como deben hacerse las cosas para obtener el comportamiento deseado y evitar sorpresas en el futuro que impacten el nivel de confianza del usuario en el acceso a los medios donde se encuentre registrada o almacenada la información.

En consecuencia con lo anterior, una función de seguridad de la información planteada de esta forma, trata de encontrar e impartir una manera de entender la protección de los activos de información orientada claramente por los controles conocidos y aplicados. En este sentido, las personas reconocerán la seguridad de la información como la atención a las medidas de restricción que le permiten conocer el nivel de confiabilidad del acceso y uso de los datos y su procesamiento, haciendo de éstas una rutina básica y propia que cada persona debe memorizar y aplicar.

Entender la función de seguridad de esta manera, es cerrarle la posibilidad a la organización para descubrir en su función de negocio, nuevas formas de construir confianza en el acceso y uso de la información; es negarle la posibilidad de reconocer nuevos valores y comportamientos que se pueden desarrollar para confirmar una estrategia de protección basada en las personas; es perder el potencial de acción y conocimiento de cada individuo en los procesos de negocio, para revelar las intenciones de los atacantes.

Si el objetivo de la educación es el aprendizaje, el de la seguridad son los riesgos y no los controles. Parece una herejía lo que se plantea en esta reflexión, pero no lo es; es realmente el resultado de comprender que la seguridad es una propiedad emergente de un sistema, que no imparte clases sobre cómo fluye y se asegura la información, sino más bien busca constantemente respuestas en los inesperados comportamientos que él mismo presenta, fruto de la interacción de éste y sus componentes.

Si no existieran los riesgos o pudiésemos tener situaciones sin riesgos, la seguridad sobraría, no sería elemento sensible a considerar. Pero como no existe tal condición y la constante es que estamos expuestos a los riesgos, se hace necesario aprender de la incertidumbre y de las “fallas de control” para comprender que en la sabiduría del error esta la fuente del aseguramiento permanente de la información de las empresas.

Si el secreto de la educación es el aprendizaje, entonces la inteligencia de la función de la seguridad estará en su capacidad de aprender de la dinámica de los flujos de la información en los negocios, comprender las condiciones inseguras a las cuales está expuesta la información, detallar y moderar las expectativas de los responsables de la información, con el fin de actuar como asociado y consultor interno, que permita acompañarlos en la valoración permanente del nivel de seguridad requerido; no para hacer invulnerable el tratamiento de la información, sino para encontrar nuevas formas para responder ante la inevitabilidad de la falla.

En este sentido, el encargado o responsable de la seguridad, en inglés el Chief Information Security Officer – CISO deberá entender su función como una estrategia de aprendizaje permanente y no de enseñanza, que le permita descubrir y afinar en la práctica que no se trata de transmitir, instruir, enseñar o usar la seguridad, sino más bien construir una comprensión conjunta, tangible y concreta de los riesgos de la información desde la dinámica del negocio que de manera natural sugiera sus estrategias de aseguramiento.

domingo, 4 de octubre de 2009

Reflexiones sobre las métricas en seguridad de la información

Revisando las ideas desarrolladas por Bruce Schneier en su libro “Beyond fear” publicado en 2003, sobre la seguridad de la información encontramos que muchas de ellas nos sirven de escenario base para adelantar una reflexión sobre lo que pueden ser las métricas en seguridad de la información.


Dice Schneier:

  • La seguridad es subjetiva y será diferente para diferentes personas, pues cada una de ellas determina su nivel de riesgo y evalúa sus estrategias compensatorias (trade-off) frente a los controles.
  • La seguridad es un sistema. Un sistema de contramedidas (controles) individuales y sus interacciones.
  • El sistema de seguridad es en sí mismo una colección de activos mas funcionalidad.
  • Las interacciones entre sistemas son inevitables. Éstas producen o generan propiedades emergentes de los sistemas. En este sentido, de alguna manera las brechas de seguridad son resultado de las propiedades emergentes.
  • La seguridad no es una función que pueda ser verificada, como una reacción química o un proceso de manufactura. Por el contrario, solamente es efectivamente verificada cuando algo no sale bien.
  • El atacante debe ser parte del diseño de un sistema de seguridad, por tanto, el sistema debe tomar en cuenta el atacante para mantenerse seguro.
  • Los diseñadores de sistemas informáticos que quieren hacer sus sistemas más seguros deben construirlo tan simple como sea posible: elimine opciones, reduzca interacción con otros sistemas, corte funcionalidad que no sea necesaria.
  • Usted no podrá tomar buenas decisiones sobre qué tanta seguridad necesita hasta que no conozca los mecanismos de detección y respuesta que necesita implementar.
  • “Invulnerable”, “impenetrable” son palabras que no tienen sentido cuando se habla acerca de la seguridad.
  • Cuando ocurre un evento de seguridad, regularmente las personas se vuelven más experimentadas y saben que hacer.


Todas estas reflexiones nos hablan de un concepto de seguridad de la información basada en la inseguridad, en ese elemento tangible y medible como lo es la falla en sí misma. En este sentido, las métricas de seguridad de la información deben responder a la capacidad de la organización de responder a las brechas de seguridad, a la cultura de reporte de incidentes de seguridad y al nivel de confianza que quiere tener la alta gerencia respecto de la seguridad de los activos de información.


En este contexto, medir en seguridad de la información no debe estar atado a los estándares de seguridad como el ISO 27000, sino a las relaciones emergentes y propias de cómo se ejecutan las prácticas diarias de seguridad de la información en la organización, en los detalles de cómo se asumen y manejan los escenarios de falla y sobremanera, en la forma como la gerencia quiere administrar los riesgos propios de la protección de la información.


Así las cosas, medir en seguridad de la información exige el reconocimiento de la cultura de seguridad de la información, ese núcleo de supuestos, prácticas expuestas y en uso, así como los artefactos tecnológicos que hacen parte de la estrategia corporativa de seguridad de la información para desestimar posibles conductas que atenten contra la confianza emergente de la gerencia en la protección de los activos.


La gerencia valora más la manera como la organización se enfrenta y reacciona cuando se tiene una brecha de seguridad, que cuando no la tiene. Pues puede ver allí que tan preparada está para que, a pesar de los hechos, pueda procesar el incidente y seguir operando. Así mismo, reconoce el valor de un enfoque preventivo y de aseguramiento, más que uno reactivo y postmortem, porque sabe que mientras más pueda avanzar en una administración de riesgos de seguridad de la información, mejor podrá posicionar su confianza y la de sus clientes para fortalecer sus alianzas estratégicas.


Si bien esta reflexión no pretender agotar el tema de las métricas en seguridad de la información u ofrecer un conjunto de ellas, si busca repensar las ya existentes basadas en operaciones o números, que si bien son muy útiles para mirar la efectividad de las tecnologías de seguridad, no son suficientes para dar respuesta a la pregunta que se hace la gerencia: ¿Cuál es el nivel de confianza que tiene la organización en la seguridad de la información?


Medir en seguridad de la información, no es un tema exclusivamente de números, cantidades o volúmenes. Es una estrategia y la mejor excusa para dar respuesta a una pregunta, a una realidad que se hace evidente en la cultura de seguridad de la información. Medir es reconocer que somos tan seguros como la atención y gestión de los incidentes que hemos tenido, como el nivel fallas que experimentamos en las tecnologías de seguridad y la percepción de protección y amparo que cada una de las personas de la organización presenta.


Cuando nos arriesgamos a medir la gestión de la seguridad de la información, es decir, la generación de valor basada en la protección de los activos de información, nos lanzamos a ver con los ojos de la gerencia su entendimiento de los riesgos frente a los procesos de negocio.

sábado, 12 de septiembre de 2009

12 Recomendaciones para configurar su estrategia de seguridad de la información

Una vez más comentamos un informe de Forrester Research, que establece 12 recomendaciones para considerar dentro de la estrategia de seguridad de la información en 2009. Bien podemos o no estar de acuerdo con este documento, sin embargo desarrollaremos algunos comentarios alrededor del mismo, como una excusa académica y prácticas para validar lo que ha ocurrido hasta el momento en el desarrollo de la inseguridad de la información durante este año.


De acuerdo con el estudio referenciado existen posibilitadotes de negocios (Business Drivers), cambios tecnológicos y aspectos económicos que definen la estrategia de seguridad de la información en 2009. A continuación detallaremos algunos de ellos y sus impactos en la estrategia de seguridad de la información.


Dentro de posibilitadotes de negocio (PN) tenemos:

  • Enfréntese con la conectividad y los requerimientos de un ambiente móvil.
  • Láncese a conocer y desarrollar nuevos modelos de negocio, pero considere sus riesgos.
  • Asuma su papel como enlace con los negocios.
  • Haga la seguridad invisible a los negocios y valor para sus clientes


Como cambios tecnológicos (CT) el documento enumera:

  • Combatir del cibercrimen con personas, procesos y tecnología
  • Separar los hechos de la ficción con respecto a la virtualización
  • Acoja el Web 2.0 pero mantenga la privacidad
  • Tome la aproximación del ciclo de vida de la información para proteger los datos


Detalla los aspectos económicos (AE) como:

  • Invierta su presupuesto para impactar la línea base
  • Sea flexible con los proyectos de grandes inversiones
  • Adopte la estrategia de servicios manejados por terceros
  • Evite los “ajustes” relacionados con el apetito al riesgo


Si revisamos cada uno de los elementos propuestos por Forrester, podemos ver que para los habilitadores de negocio, el factor riesgo es la variable más importante que el gerente de seguridad de la información debe tener en cuenta. No se trata de tomar todos los riesgos para lograr la estrategia de negocio, sino incluir dentro del diseño de la estrategia de negocio, la valoración de los riesgos de la información y su flujo en el nuevo modelo propuesto. Con ello no sólo alcanzará su papel como enlace con las metas de negocio, sino que hará evidente el nivel de exposición de la información cuando se haga realidad la nueva estrategia para la empresa.


Cuando tomamos lo relativo a los cambios tecnológicos se advierte con claridad que el enfoque está hacia la tercerización y las nuevas tecnologías de desarrollo, los cuales establecen grandes oportunidades para las organizaciones, pero de igual forma, grandes riesgos si sólo se toman y se ponen en funcionamiento. En este sentido, es deber del gerente de seguridad de la información hace evidente los posibles riesgos que ambas estrategias sugieren para la información de la organización, no como un ente que limite el cambio o vaya en contra de la estrategia corporativa, sino como un animador de la reflexión que permita establecer los acuerdos tácticos requeridos para hacer realidad la estrategia corporativa con el nivel de riesgo que acepta la organización frente a la información y los datos, tanto propios como los de sus clientes.


Finalmente los aspectos económicos, confirman las dos tendencias identificadas tanto en los cambios tecnológicos como en los habilitadores de negocio. La advertencia en este punto es modere sus riesgos frente a las grandes inversiones en seguridad de la información y avance con firmeza en el fortalecimiento de la línea base de las prácticas de seguridad de la información. Si bien, es necesario mantener un balance entre las necesidades de negocio y los riesgos de la seguridad de la información, es clave soportar dicho balance en una fuerte cultura de cuidado de los activos de información, que no es otra cosa, que reconocer en la información la misión misma del área de seguridad de la información.


En razón a lo anterior, la gerencia de seguridad de la información deberá mantener una mentalidad de servicio, que no busque protagonismos en las funciones de negocio, sino la perfecta sinergia que agrega valor al proceso y a sus clientes. Así mismo, deberá promover una cultura de apoyo y educación, que promueva desde su propio ejemplo, las prácticas que desea desarrollar en la organización. Finalmente y no menos importante, la gerencia de la seguridad, deberá entender y traducir las prioridades del negocio, como su insumo base para hacer de la experiencia de la seguridad de la información una práctica natural de los procesos organizacionales y no una restricción que sólo busca entender de manera individual los riesgos de la información.

domingo, 23 de agosto de 2009

Cultura de Seguridad de la Información: Entendiendo una percepción

Revisando el editorial de la Revista de ACIS, "Entendiendo la inseguridad de la información" (http://www.acis.org.co/fileadmin/Revista_105/editorial.pdf) y las anotaciones del autor del libro "Managing the Human factor in Information Security", David Lacey, (http://www.amazon.com/Managing-Human-Factor-Information-Security/dp/0470721995/ref=sr_1_1?ie=UTF8&s=books&qid=1251001834&sr=1-1) comprender los comportamientos de las personas frente a los temas de seguridad es un tema de percepción, de valoración personal de acuerdo a múltiples variables que sólo cada persona conoce y sabe.

La psicología de la seguridad de la información pasa por un reconocimiento del riesgo, por una percepción del mismo, que mantiene o no alerta a la persona frente a situaciones que pueden vulnerar su espacio individual o comunitario cuando de manejo de información u otra situación se trate. Mientras unos somos más proclives a tomar riesgos, otros no lo somos tanto. La exposición a los riesgos depende de nuestras experiencias previas y situaciones que nos han llevado a tomar decisiones para avanzar o ser más prevenidos ante los eventos inesperados.

Cuando nos sentimos más confiados y confortables en nuestro entorno, se percibe una sensación de protección, que nos anima a tomar mayores riesgos y acciones, pues elementos en el contexto de nuestra decisión nos dicen que es posible actuar con tranquilidad y sin miedos. En este sentido, nuestra prevención y posición de alerta se disminuye y se abre la posibilidad para la materialización de un hecho no previsto.

Cuando advertimos un ambiente hostil, poco confiable y lleno de incertidumbre, nuestras acciones podrán ser conservadoras y prudentes, o lanzadas y temerarias, dependerá de nuestro apetito al riesgo y de nuestra historia frente a decisiones similares. Podríamos decir que en entornos agrestes y desconocidos, nuestra memoria de riesgos se activa y percibe los niveles de incertidumbre que podemos manejar y nos cuestiona cuando dichos límites se vulneran o sobrepasan.

En este contexto, una cultura de seguridad de la información se basa en que tan bien una organización es capaz de gobernar y administrar los incidentes que se presentan. Cómo se enfrenta la incertidumbre de la falla y a sus efectos inesperados. Una cultura de seguridad de la información que encuentra en la inevitabilidad de la falla la fuente de sus supuestos, es capaz de modificar las prácticas expuestas y en uso, en una realidad concreta que se materializa en comportamientos confiables de las personas.

Es decir, una cultura de seguridad que reconoce en los incidentes o materialización de los riesgos, una forma de actuar y conocer que tan inseguros son, es capaz de construir un lenguaje de seguridad, de percepción, no basado en una visión de invulnerabilidad tecnológica, sino en la confiabilidad de su reacción humana frente a la vulnerabilidad propia de los sistemas. Construir una cultura de seguridad alrededor de los incidentes, es destruir la falsa sensación de seguridad y diseñar un sistemas preventivo que cree en las buenas prácticas y en el ser humano contingente.

David Lacey define un incidente como la aplicación sistemática de malas prácticas de seguridad, una definición que nos dice que somos responsables por fortalecer nuestras acciones frente a la inseguridad, una búsqueda constante para descifrar los supuestos básicos de la seguridad de la información en un contexto real. Esto es, comprender nuestro entendimiento de los riesgos en el diario hacer, actuar conforme a ese entendimiento y hacer visible nuestra acción en los procesos de negocio.

Si no entramos a descubrir cómo psicológicamente entendemos la inseguridad y sus efectos de percepción en nosotros, no podemos tener una clara visión de nuestras acciones frente a situaciones de riesgo. Si no valoramos la información como lo que ella es, un activo de la organización, si no reconocemos en los procesos de negocio la importancia de la información, estamos advirtiendo una dinámica organizacional dispersa y animada por una informalidad en la administración de sus riesgos de información.

Por lo anterior, la sensación de seguridad, particularmente en temas de gestión de información, consiste en dimensionar las actividades de los procesos de negocio, los riesgos que se derivan del manejo de la información y la valoración y estimación que de ella efectúa la alta gerencia. Cuando las expectativas del nivel directivo establecen que la información es un bien crítico y sensible para la permanencia de la organización, cada uno de los colaboradores activa el programa de prevención y control de los riesgos de seguridad. Si el nivel directivo no muestra interés legítimo con sus actuaciones sobre la protección de los recursos de información, la organización sabrá que la pérdida de información, la inconsistencia de archivos y eliminación de éstos, son eventos que deben asumir el área de tecnología y no cada uno de ellos.

Así las cosas, una cultura de seguridad de la información no sólo requiere especialistas técnicos en tecnologías de seguridad de la información, sino especialistas organizacionales en administración del riesgo, que canalicen los planes de seguridad y control acordes con la percepción y apetito al riesgo de sus participantes. No sin antes acotar, que la seguridad supone la exposición a situaciones riesgosas, como una manera de conocer los impactos de las medidas y la efectividad de sus controles.

La cultura de seguridad de la información es un control suave que reconoce en el ser humano su inteligencia emocional y espiritual, así como sus aciertos y fallas. De igual forma, estima sus valoraciones e inclinaciones, sus impulsos y restricciones, todo ello para decirle a su entorno que lo conoce y que aprende él, no para controlarlo o desafiarlo, sino para advertirle que a pesar de que pronto nos volverá a sorprender, habrá una posición vigilante y animada para ir más allá de la confianza de nuestras predicciones.

Una cultura de seguridad de la información fuerte y consistente, no habla de una empresa sin incidentes de seguridad, ni fraudes, sino de una que destruye sus propias autorestricciones para conocer y atender nuevas formas de equivocarse.