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lunes, 14 de febrero de 2011

Arquitectura de Seguridad de la Información: Una lección pendiente para los CISO's


¿Quiénes son los arquitectos?

Frecuentemente se habla de arquitecturas, de arquitectos, elementos y personalidades que poco a poco han tomado forma en medio de diferente temáticas como tecnología de información, seguridad de la información, talento humano, liderazgo entre otros campos. Cuando revisamos la etimología de la palabra arquitectura, encontramos que proviene del griego αρχ (arch, cuyo significado es ‘jefe’, ‘quien tiene el mando’), y τεκτων (tekton, es decir, ‘constructor’ o ‘carpintero’), que de manera combinada podría leerse como “jefe constructor”, esa persona que orienta, dirige y mantiene el rumbo para asegurar que cada pieza sea la requerida y mantenga la vista general y articulada de todo cuanto se tiene.

El arquitecto es quien de manera sistemática y sistémica define y mantienen las relaciones entre los elementos, le da forma a la estructura y define su propio funcionamiento. Ser un arquitecto es encontrarle el sentido a cada unión de los componentes, entendiendo su función en el conjunto de su obra, una forma de conjugar diferentes vistas de los participantes e interesados para ser luz en medio de las “turbas” de los diferentes entendimientos. Ser un “maestro constructor”, es traducir la complejidad y la visión de un diseño, en la sencillez de una expresión, en la cotidianidad de una explicación y en la contundencia de una declaración.

Avanzar en el diseño de una arquitectura, es decir, de una forma de articular y entender una realidad, es sumar en la reconstrucción de una verdad vista por múltiples actores, planteando una serie de patrones y parámetros para hacer de la visión de la estructura final, una ruta concreta y desafiante que permite a cada uno de sus participantes, sentirse orgulloso de un logro colectivo. El arquitecto no puede permitirse “errores de interpretación” o la tentación de “tener la verdad”, pues corre el riesgo de encontrarse con su propio reflejo, que no es otra cosa que su limitado entendimiento del enfoque final del proyecto.

En este sentido, tener la responsabilidad de ser un arquitecto de tecnología de información, de seguridad de la información, de la estrategia corporativa de una organización, requiere ir más allá del entendimiento de su propia área de conocimiento y forzarse a cruzar sus dominios y descubrir aquellas relaciones que antes no había visto, encontrarse con la esencia misma de la incertidumbre, para trazar un camino evolutivo que lo lleve de una vista particular, a una colectiva y enriquecida con las reflexiones de otros.

Un arquitecto que se niegue a vivir la realidad de su misión: ser facilitador de una visión colectiva de un equipo, sabrá que será responsable por las consecuencias de las inconsistencias que se planteen en el desarrollo de sus planes, pues el que debiendo ser luz, se vuelve tiniebla, corrompe la sal que “da sabor” a la fuente de la perspectiva y limita el desarrollo del potencial de la comunidad, de la cual es mentor.

Así las cosas, los arquitectos, esos jefes de construcciones técnicas, deben ir en profundidad de sus propias limitaciones, para que haciéndolas evidentes en cada una de sus actuaciones, puedan ser ocasión para descubrirse a sí mismos. Por tanto, avanzar en el reconocimiento de principios básicos de arquitectura, es recabar en la historia reciente de la humanidad que desafiante de la obra divina, es capaz de vivir la humildad de su propio conocimiento.

Finalmente y sabiendo que todos somos responsables para lograr la “maestría del constructor”, es necesario reconocernos finitos y limitados, para encontrar el camino que nos lleva la “veritas”, esa promesa divina y búsqueda humana, que se esconde en cada uno de nuestros pensamientos, en cada disciplina científica, en cada esfuerzo humano y técnico que hace de cada día, la experiencia más exigente y desafiante que podemos experimentar: vivir en plenitud y sin límites.

Reflexiones para los arquitectos de seguridad de la información

En este sentido, un arquitecto de seguridad de la información y todo su conocimiento deberá servir de “tapete” para que sea mancillado y puesto a prueba por las “huestes” de la inseguridad de la información y así, aprender de cada paso de sus maestros, la exigencia del reto de encontrar sentido y valor para ver más allá de lo evidente y escribir “derecho” con las letras “torcidas”.

Todo aquel que en seguridad de la información acepte el reto de ser un arquitecto, deberá soltar la vista de la infraestructura tecnológica y sumergirse en el mar de las relaciones de los negocios, no para saber cómo alcanzar mayor reconocimiento corporativo, sino para descubrir en las esencia misma de cada estrategia corporativa, cómo apalancar la diferencia desequilibrante, en un mercado altamente competitivo y dinámico.

Los arquitectos de seguridad de la información deben encontrar en su organización, el mejor laboratorio conceptual y arquitectónico para poner a prueba su entendimiento de los negocios y las promesas de valor basadas en la confianza corporativa, con el fin de esbozar con mayores detalles las estructuras más adecuadas para anticiparse a los ataques propios de la inseguridad de la información replegada en la articulación de la tecnología, las personas y los procesos.

En consecuencia, avanzar en una vista empresarial de la arquitectura de seguridad de la información, es reconocer en las capacidades del negocio, fuerzas y mecanismos anticipatorios, que permitan proteger los flujos de información que alimentan la estrategia. Es buscar en la sabiduría de los incidentes de seguridad, el conocimiento requerido para blindar las respuestas de la organización frente a sus amenazas. Es comprender las expectativas de los interesados, como retos y sugerencias de transformación que hacen de las estrategias de seguridad de la información, un insumo real y evidente de cómo se logran las metas empresariales.

Cuando el gerente, director o ejecutivo de seguridad de la información, reconoce en la arquitectura empresarial, cómo se hace parte de la dinámica de la corporación misma, revela los disparadores escondidos del programa de seguridad de la información, amplía la visión del modelo de negocios y es consciente del impacto de sus decisiones frente a la protección de la información.

Si bien existen múltiples formas de aproximarse al diseño de una arquitectura de seguridad, cualquiera que se escoja deberá tener en cuenta al menos cuatro elementos fundamentales: la información, las estrategias y metas de negocio, los fundamentos de seguridad y la administración de los riesgos. Estos cuatro elementos, visto de manera sistémica, revelan las necesidades propias de una organización frente al reto de hacer de la información un activo valioso y de su protección, una práctica sistemática inmersa en cada elemento de ella.

Por tanto, los arquitectos de seguridad de la información deberán compartir y alinear la agenda interna de la alta gerencia, con la agenda interna del área de seguridad de la información, no para estar enterados de los retos y ajustes empresarial, sino para afinar y ajustar sus acciones frente a las amenazas empresariales del entorno y, cómo desde el entendimiento de los riesgos de la información, generar escenarios predictivos y preventivos que custodien la forma como la empresa genera valor para sus accionistas y empleados.

Para dar cumplimiento a esta promesa del arquitecto de seguridad, se deben considerar algunas declaraciones de diseño que no pueden ser negociables y menos hoy en un ambiente móvil, de sobrecarga de información y de servicios extendidos.

Las declaraciones sugeridas son:
• La inseguridad de la información en una propiedad inherente de un sistema, por tanto es deber de la arquitectura descubrirla y entenderla.
• La arquitectura de seguridad de la información deberá ser flexible y adaptable como la inseguridad de la información (Resilente).
• El arquitecto debe entender que la seguridad es una propiedad emergente de un sistema y por tanto, deberá generar la variedad requerida para enfrentar sus amenazas internas y del entorno.
• Cualquier diseño que se proponga para enfrentar la inseguridad de la información deberá privilegiar la autoregulación, la autoadaptación y el aprendizaje, como apalancadores de valor para la información, las estrategias y metas de negocio, los fundamentos de seguridad y la administración de los riesgos.

Si bien no será fácil materializar esta disciplina arquitectónica en los diseños actuales de seguridad de la información, será un reto tratar de hacerlos realidad en las nuevas iniciativas, que den paso a un entendimiento de la seguridad, más allá de un ejercicio de protección de información y aseguramiento del cumplimiento normativo, por otro donde los fundamentos de la seguridad sean parte de la construcción de modelos de negocio confiables y productivos y la información sea el eje fundamental de nuestra relación con los accionistas y grupos de interés.

Referencias
• WEIL, ROSS y ROBERTSON (2006) Enterprise Architecture as Strategy. Harvard Business School Press.
• KOVACICH, G. y HALIZBOZEK, E. (2006) Security metrics management. Butterworth Heinemann.
• SCHOU, C. y SHOEMAKER, D. (2007) Information assurance for the enterprise. A roadmap to information security. McGraw Hill.
• COHEN, F. (2005) Security Governance: Business Operations, Security Governance, Risk Management and Enterprise Security Architecture. ASP Press.
• CARALLI, R. (2004) Managing for enterprise security. Technical Note. CMU/SEI-2004-TN-046. Carnegie Mellon University.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Facilitando la madurez de la función de seguridad: Algunos arquetipos propuestos

Según un informe reciente de Forrester Research denominado “Use Organizational and Professional Archetypes to accelerate security organization maturity”, son las expectativas del negocio sobre la organización de la seguridad la que define el proceso de madurez de la función de seguridad de la información de una organización. Esto es, identificar el foco o interés particular de la alta gerencia sobre la protección de los activos de información y detallar las preocupaciones que estos altos ejecutivos tienen frente a sus grupos de interés.

En este sentido, el artículo establece cuatro arquetipos (modelos de referencia base) que permiten comprender focos de acción que los responsables de la seguridad de la información pueden tener, según los casos estudiados por la firma consultora. Los cuatro arquetipos de profesionales de la seguridad identificados son: security practitioner, security architect, security strategist y business partner. Los dos primeros hacen referencia a una vista eminentemente operacional y de cumplimiento, el siguiente se mueve por una vista de riesgos y el último como un facilitador del negocio.

Cuando se revisa el security practitioner, tenemos el especialista técnico de la seguridad, el cual se encuentra concentrado en las amenazas de seguridad y operación de controles tecnológicos, quien constantemente tiene como foco la realización de los análisis de vulnerabilidades, monitoreo de la infraestructura tecnológica de seguridad y el mantenimiento de su nivel de parches. Cuando encontramos este arquetipo en las organizaciones podemos advertir que la alta gerencia ve la función de seguridad como un componente técnico propio de la infraestructura y como guardián de la información en el nivel operacional de la misma.

De otra parte, cuando las regulaciones internacionales comienzan a ejercer presión sobre los objetivos de negocio, la reputación y el mantenimiento de un estatus en un entorno global, aparece el arquetipo del security architect, quien si dejar de mantener una vista operacional, traduce los requerimientos de seguridad en controles técnicos operativos, los cuales se incorporan de manera inmediata y algunas veces, sin mayores condiciones o estrategia de gestión del cambio, en la operación de la empresa. Esta distinción de la seguridad, que pasa de una vista de amenazas de seguridad a una de cumplimiento regulatorio, permite al responsable de la seguridad pensar un poco más allá del hacer y actuar en seguridad, para lanzarlo a comprender el verificar, como una función más de aseguramiento que de operación.

Muchas organizaciones se mantienen en estos dos arquetipos sin mayores cambios, dado que cumplen con las expectativas de la gerencia frente a sus preocupaciones con los activos de información. Sin embargo, cuando la función de seguridad de la información, sabe que hace parte del sistema de administración de riesgos de la empresa y que sus acciones están encaminadas a comprender y tratar los riesgos propios de la tecnología, hace su aparición el arquetipo denominado security strategist. Este modelo o desarrollo de la función de seguridad, es un momento en el que el responsable de la seguridad de la información comprende que su misión real, más allá de un hacer y un actuar en la infraestructura, es el planear y verificar que le permita conocer con mayor detalle las funciones de negocio y cómo a través de los flujos de información es capaz de ver su aporte a la ecuación de utilidad de la firma.

La distinción de riesgos sobre los activos de información es una forma concreta y real de advertir en el lenguaje de los ejecutivos de la firma, los niveles de exposición de la información y los impactos que se pueden tener por un inadecuado tratamiento de los mismos. El security strategist, sabe y comprende mejor su responsabilidad como asesor táctico del negocio, como función clave dentro de la manera como la empresa apalanca función generadora de valor en mediano y largo plazo.

Es frecuente escuchar en las juntas directivas y comités de alto nivel que la seguridad no habla el lenguaje de los negocios y que los negocios hablan un lenguaje de seguridad, cifrado en las expectativas de valor y generación de confianza con sus grupos de interés. Cuando la función de seguridad puede quebrar el criptosistema que recubre las peticiones de los presidentes de las empresas o mejor aún, el responsable de seguridad es capaz de proponer elementos de negocio basados en una estrategia de protección de la información que maduren y desarrollen las perspectivas de la gerencia, visibles en el pérdidas y ganancias tangible o intangible de empresa estamos hablando del arquetipo del Business Partner.

Este arquetipo comprende el riesgo empresarial y sus impactos en cada proceso de negocio, lo que le posibilita un lenguaje de riesgo articulado en las impresiones de la gerencia, que sabiendo los desbalances de los mercados y las afectaciones de sus portafolios de inversiones, son capaces de incorporar en estas reflexiones los impactos de las estrategias de seguridad, medibles y visibles en términos de percepciones de aseguramiento de operaciones y manejo de información. Un business partner, exige un proceso de madurez organizacional y propia de la función de seguridad que ha sabido crecer con las corrientes y expectativas del negocio, aprovechando cada momento para apalancar la generación de valor con las acciones e impactos de las medidas de seguridad en los flujos de información de la empresa.

El informe concluye diciendo que en la medida que se evoluciona desde una seguridad basada en la tecnología, a una basada en la administración de riesgos de flujos de información hacia una propuesta colaborativa de apalancamiento del negocio, en términos tangibles o intangibles, deberán agotarse diferentes instancias y reflexiones al interior de la empresa. En este camino el Chief Information Security Officer – CISO, deberá desarrollar una gran capacidad de persistencia basada en resultados y logros que lo catapulten al siguiente nivel. Este implica que cada logro, debe asegurar la sostenibilidad del mismo, con el fin de que sea posible continuar abriendo camino en la evolución de la distinción de seguridad de la información.

Por otro lado, sabiendo que deberá llegar a ser parte de la agenda de los ejecutivos de la empresa en el contexto mismos de los planes de negocio, deberá mantener y asegurar el ambiente de control y eficiencia táctica y operacional que soporte un funcionamiento confiable de la infraestructura, como parte natural del gobierno de la seguridad de la información que debe ejercer frente las necesidades diarias de la corporación, donde los arquetipos security practitioner y security architect podrán ser útiles.

Finalmente y no menos importante, este informe si bien muestra la curva de madurez que debe seguir la función de seguridad de la información en una organización, nos debe recordar que todo este ejercicio deberá estar mediado por el factor impredecible y retador de la seguridad como lo son los individuos. Esto es, desarrollar de manera paralela en este proceso la construcción de una cultura de seguridad enraizada en los mismos objetivos de negocio y cómo la información es un activo estratégico y táctico de la empresa, que hace la diferencia al efectuar los balances y los análisis económicos, al sopesar las estrategias de continuidad de operaciones y al mirar las nuevas oportunidades para generar valor en la empresa y sus grupos de interés.

Referencias
KARK, K. (2010) Use organizational and professional archetypes to accelerate security organization maturity. Forrester Research

lunes, 5 de julio de 2010

Innovación, Cambio y Estrategia: Tres elementos claves para potenciar la función de seguridad de la información

Durante estos días de múltiples noticias sobre balances de mitad de año, de revelación de indicadores de gestión, surgen muchas inquietudes sobre qué deben hacer las organizaciones para lograr lo que se han propuesto para este periodo de 365 días. En este sentido, luego de revisar tres libros, uno sobre innovación, otro sobre el cambio y un tercero sobre estrategia, se advierte con claridad que son estas tres palabras las que deben marcar el paso de todos aquellos que se atreven a hacer sus sueños realidad y que han decidido dejar una huella profunda en el mundo.

En este contexto, los responsables de la seguridad deberán hacer lo propio, pues la magia de la inseguridad de la información, como maestra de aquellos, nos recuerda a cada instante que debemos caminar por la ruta del desaprender, como requisito de la estrategia, la base para el cambio y la fuente de la innovación. Cada vez que nos enfrentemos al reto de la inseguridad, son los tres elementos antes mencionados los que deben animar nuestra reflexión para avanzar y desafiar los movimientos de nuestra maestra.

La innovación en seguridad de la información supone una mente creativa, que constantemente se pregunta el porqué de las cosas, nunca está satisfecha con las explicaciones de los proveedores y demanda de ellos, formas diferentes de enfrentar los retos de la inseguridad. De igual forma, busca de manera constante combinar dominios y fuentes de análisis, como la incorporación de prácticas de otras disciplinas como el derecho, la seguridad física, las matemáticas, las ciencias sociales, entre otras, pues sabe que allí encontrará elementos que le permitirán ver mejor o replantear el reto mismo de las fallas de seguridad. (Adaptado de: PONTI 2010, pág. 72 y 73)

Cuando somos capaces de innovar, de retirar nuestras propias autorestricciones y lanzarnos a experimentar las consecuencias de este acto, es posible liberar la energía potencial de ideas y acciones que la seguridad requiere para enfrentar a la inseguridad. Esta connotación, exige de los diseños organizacionales de la función de seguridad espacios seguros para pensar diferente y traducir en la práctica, empoderamiento de los profesionales del área y sobre manera mucha alineación con los objetivos de negocio, para que el impacto de lo que se proponga maximice su competitividad y la fuerza de la función de seguridad.

De otro lado, el innovar supone un cambio. Un cambio que debe estar apalancado en una movilización de esfuerzos alrededor de una visión compartida, que permita a la creatividad, encontrar terreno fértil para que sus semillas germinen. Mientras el responsable de la seguridad no sea el abono natural para pensar de manera diferente la seguridad de la información, ésta no estará en la zona de impacto que la organización necesita para ser diferente y hacer de sus procesos de negocio una zona confiable para gerencia y sus grupos de interés.

Cambiar, deja de ser un proceso de las organizaciones, para convertirse en una necesidad permanente de las mismas. El cambio generalmente se indica cuando se desarrolla una crisis, un momento de verdad. En seguridad de la información el cambio es una crisis permanente, gracias a que la inseguridad todo el tiempo está generando nuevas formas de hacernos ver que tenemos mucho que aprender. Así las cosas, el cambio en la función de seguridad de la información es una exigencia permanente que evita a toda costa la zona de confort para los profesionales del área y la tentación de “la falsa sensación de seguridad”.

Consolidar a la seguridad de la información como una ventaja competitiva de la organización, como un activo negocio que hace la diferencia, exige hacer de la práctica de seguridad un referente interno en la forma como comprendemos los riesgos de la información en los flujos de negocio, del conocimiento propio de nuestras limitaciones y de la habilidad para hablar el lenguaje de la dirección. Si esta consideración se inscribe en los planes de desarrollo de las áreas de seguridad de las empresas, otro será el futuro de los Chief Information Security Officers, pues no estarán buscando razones para justificar la importancia de la seguridad en los negocios, sino haciendo parte de la búsqueda de nuevos horizontes y escenarios de crecimiento de las corporaciones.

Pensar de manera estratégica, requiere tener una visión intuitiva e irreverente de lo que vemos y queremos de nuestro futuro. Bien se dice que planear, es lanzarnos a experimentar las corrientes inesperadas y propias de los vientos en las alturas como lo hacen las aves, pues de la misma forma en seguridad se exige que busquemos fuera del statu quo opciones y alternativas para disparar las rentabilidades de los negocios. La seguridad de la información más allá de un servicio, debe transformarse en una realidad de las expresiones y declaraciones de las juntas directivas, que vean en esta función un proceso de madurez organizacional, que crea estándares de industria que diferencia y posicionan a la organización más allá de sus propuestas de negocio.

Hablar de innovación, cambio y estrategia en seguridad de la información es declarar que estamos dispuestos a dar la batalla permanente y efectiva a la inseguridad de la información, que estamos atentos y alertas para conocer y confrontar las consecuencias de lecciones de las fallas, errores y vulnerabilidades de la tecnología y sobremanera, que nuestra decisión para alcanzar la madurez y evolución en el gobierno de la seguridad de la información, estará soportada en la visión estratégica, sistémica y de futuro que la organización quiere alcanzar.

Referencias
PONTI, F. (2010) Los siete movimientos de la innovación. Editorial Norma
HARVARD BUSINESS (2009) Surviving Change. A manager’s guide. Harvard Business Press.
HAX, A. (2010) The Delta model. Reinventing your business strategy. Springer Verlag

domingo, 16 de agosto de 2009

Lo estratégico de la inseguridad informática

Afirma James E. Lukaszewski, “Ser un estratega significa tener un compromiso con una aproximación mental que piensa más allá de la competencia, la oposición o la crítica y produce un modelo distintivo o único, una serie de pasos, opciones de solución u opciones de dirección”. Así mismo, continúa, “la estrategia es el atrayente o la motivación que convoca a la gente y la ayuda a tener foco para moverse en la misma dirección”.


En este contexto desarrollar un pensamiento estratégico, exige un ejercicio mental permanente para descubrir en los patrones del negocio y en los movimientos de cambio en los mercados, oportunidades para modelar riesgos positivos, lanzarnos en aventuras desequilibrantes y propuestas no convencionales, que le permitan a la organización ver materializado su futuro.


La inseguridad informática en sí misma provee al estratega de la seguridad un modelo mental siempre nuevo y único, que le permite explorar y aventurarse en posibilidades y hechos que son parte inherente de la realidad. La inseguridad, por tanto, es un fenómeno que genera entropía permanente, reflexión activa u observación dinámica por parte del responsable de seguridad, con el fin de establecer de manera pragmática elementos de acción acordes con los hechos, la verdad y la información basada en la realidad.


El estratega de la seguridad permanentemente busca en la inseguridad, un motivo y razón más para desarrollar intencionalmente una aproximación o modelo diferente de comprensión de la realidad. El estratega busca en la inseguridad lo inusual y los resultados inesperados, como insumo fundamental para formular, utilizando los elementos de la situación original, una propuesta distinta y una solución única, que luce muy poco diferente del problema inicial.


Al estratega de la seguridad en general, se le pide que mire al futuro. En esencia la labor de un estratega es visualizar el futuro, caminar por el camino, “haciéndolo al andar”, administrar sus riesgos y decidir sobre lo que puede ver. Peter Drucker, en este sentido, comenta de manera acertada, sobre esta exigente función: “Yo no hago predicciones. Yo simplemente miro afuera por la ventana y miro que es visible, pero que aún no se ha visto”. En este sentido, el estratega de la seguridad, requiere un análisis permanente de patrones y variaciones que le permitan ver lo que aún “no se ha visto”.


Por tanto, el estratega de la seguridad, debe reconocer las señales en su entorno de operación y reflexión, para conducir su gestión hacia, para proyectarla como, sin quedarse en la contemplación de las mismas. El pensamiento estratégico que se requiere en la función de seguridad, no es una doctrina o un manual que se sigue según las buenas prácticas o documentos de estándares, es el resultado de una mente abierta a la incertidumbre, el desarrollo y promoción de un objetivo útil y positivo que motive a otros para lograr su cumplimiento.


El paso más importante para convertirse en un estratega de la seguridad, en un elemento fundamental de la gerencia, es su compromiso personal para convertirse en uno. Cuando declaramos nuestra lista personal de deseos y obligaciones y, la seguridad se convierte en ese motor de energía e ideas, todo a tu alrededor conspira para que te transformes en lo que quieres ser. En este sentido, para mantener la mente en una perspectiva estratégica de la seguridad, recuerde:

  1. Comprender qué piensan los líderes y actúe focalizado en soluciones.
  2. Reconocer y anticiparse a lo que esperan los líderes
  3. Estudiar los patrones de pensamiento, estilos de decisión y acciones que toman los líderes
  4. Construir relaciones de confianza con los que toman decisiones
  5. Mostrar a los líderes cómo utilizar tus ideas y sugerencias.


El pensamiento estratégico en seguridad, es un ejercicio de posibilidades y no de probabilidades; una lección de la cotidianidad y la esencia misma de la novedad. En consecuencia, no es posible alcanzar un pensamiento estratégico real, si no abandonamos la ruta de lo conocido y nos lanzamos al recorrido incierto de la inseguridad.


LUKASZEWSKI, J. (2008) Why should your boss listen to you? Jossey-Bass.